De la ¿educación pública? a docentes que no tiran la toalla en La Isabelica (Valencia)

Efecto Cocuyo recorrió escuelas de La Isabelica, en la parroquia Rafael Urdaneta del municipio Valencia

Milda Borges, educadora para el trabajo, tiene 34 años enseñando puntadas a mano, costura con máquinas y patronaje a niños. Abandonó una licenciatura en bioanálisis, que cambió por la educación, cuando descubrió que su verdadera pasión estaba en las aulas del Centro Taller Nuestra Señora de Guadalupe, en La Isabelica, estado Carabobo.

Para la profesora, su taller de corte y costura es un espacio donde las carencias de los niños se superan con cariño. En el contexto actual, 44% de los estudiantes inscritos en el sistema educativo asiste irregularmente a clases, según la Encovi 2025; consciente de esto, Borges hace un abordaje integral para que los jóvenes aprendan habilidades útiles para su desarrollo profesional, a pesar de los problemas alimentarios que identifica.

Entre máquinas, alfileres y recortes de tela, Milda sonríe al recordar las historias de reencuentro con sus alumnos. Algunos le cuentan que ya montaron sus propios talleres de costura; otros, que gracias a lo aprendido en sus clases consiguieron su primer empleo.

“Una chica que estuvo cuatro años en el taller empezó a trabajar como costurera y, con lo que aprendió aquí, pudo salir adelante en Maracaibo. También hay chicos que consiguen trabajo en tapicería porque ya tienen la experiencia y el dominio de las máquinas”, dijo.

El Centro Taller Nuestra Señora de Guadalupe es una institución educativa adscrita a la APEP (Asociación de Promoción de la Educación Popular). Dictan talleres de costura, cocina, madera, comercio y dibujo técnico a estudiantes de diez escuelas públicas en La Isabelica. La institución atiende a 522 estudiantes de sexto grado y educación media, distribuidos en diferentes secciones durante los turnos de la mañana y de la tarde.

Un niño sostiene una cruz durante el taller de madera. Foto: Patricia Ochoa

¿La educación sobrevive por la autogestión?

Efecto Cocuyo recorrió escuelas de La Isabelica, en la parroquia Rafael Urdaneta del municipio Valencia, donde los estudiantes se forman en el centro taller. En la Unidad Educativa Antonio Alberto Pérez Romero, que cuenta con una matrícula de 383 niños de educación inicial a primaria, los docentes se encargan de limpiar las áreas, comprar el agua potable y, mediante colectas con los representantes, del mantenimiento de la pintura de cada salón. 

Algunas sillas y pupitres rotos son el área de trabajo de los pequeños, de acuerdo con  docentes de la institución, que destacan que no están en las condiciones para trabajar. “Incentivamos transformar el área para nuestros niños”.

Unidad Educativa Antonio Alberto Pérez Romero. Foto: Patricia Ochoa

En la Unidad Educativa Guacara, el agua solo llega los lunes y los jueves. La escuela atiende a más de 500 niños en etapa inicial, primaria y media general. Al momento de la visita, un área de la institución estaba a oscuras por una falla en el cableado que no había sido reparada. Mientras que la Unidad Educativa José Antonio Páez, con más de 600 estudiantes, varía con el horario mosaico (esquema de asistencia escolar) según la sección y disponibilidad del profesor. La Unidad Educativa Eleazar Beracierto, con 270 niños de inicial a primaria, trasladó el preescolar a otra área, tras caerse parte de su estructura. Docentes comentaron que el frente está pintado, pero el interior de la escuela está deteriorado.

La Encovi de 2025 coincide con los factores locales que afectan la cotidianidad de la vida escolar: fallas del servicio de agua, servicio eléctrico y la falta de comida en el hogar. Todos los docentes y padres consultados coincidieron en que el servicio de agua y electricidad es intermitente. Los cortes del servicio eléctrico son diarios, con una duración de 5 horas, sin una estructura fija.

Unidad Educativa José Antonio Páez y la Unidad Educativa Guacara. Fotos: Patricia Ochoa

El emprendimiento como motor de la sostenibilidad

Ramón López, coordinador del centro taller, explicó que la institución no escapa de la realidad del país o de las escuelas en las adyacencias. A diferencia de otras instituciones en la zona, que dependen de donaciones de los representantes para costear materiales, servicios o mantenimiento, los docentes de Nuestra Señora de Guadalupe costean gastos y sortean las dificultades a través del emprendimiento.

Aunque el Estado financia los salarios, que oscilan entre los $10 y $20 mensuales, depende de los maestros encontrar los materiales para cada taller. A través de la venta de figuras de madera y creaciones de costura, vendidos a la comunidad y en exposiciones, costean los servicios de la institución. “Pueden pedir por encargo, todo es fabricado con ayuda de los niños; el acabado lo hacen los profesores”, detalló.

Las piezas de madera van desde portarretratos, casas de pájaros, robots que sirven de portavasos, tablas de comida, rodillos y otros utensilios de cocina hasta cruces o figuras religiosas como Nuestra Señora de Guadalupe. De tela están disponibles gorros, guantes de cocina, delantales, cojines y muñecos, a precios solidarios que cubren la mano de obra y materiales.

Figuras de madera fabricadas por los niños y profesores. Foto: Patricia Ochoa

El objetivo principal: No dejar que la escuela caiga. “Nosotros no recibimos ayuda de ninguna institución. El subsidio del Estado y Apep son las nóminas; a todos los que quieran colaborar estamos abiertos. Aunque hay escuelas que trabajan dos o tres días, nosotros no podemos pararnos porque le fallamos a los niños. Decidimos que íbamos a trabajar completo con la ayuda de Dios y la Virgen”.

Ramón admite que con vocación no se lleva comida a la casa, pero destaca que su motivación nace de la fuerza y voluntad de trabajo. “Nuestra filosofía es descubrir en los niños la prevocación . De aquí no van a salir carpinteros o costureros, pero van a tener un conocimiento previo que van a desarrollar y, cuando sean grandes, decidir qué quieren hacer”.

Ramón López, coordinador del centro taller. Foto: Patricia Ochoa

Desarrollar capacidades para el futuro

Lilian Perdomo, docente del taller de comercio, enseña a los niños finanzas personales, contabilidad y marketing orientado a la promoción de productos. Junto a sus alumnos impulsó la elaboración y comercialización de pulseras; los guía en cada etapa del proceso, desde la producción hasta la venta.

Para Edison Ruiz, profesor del taller de madera, acercar a los jóvenes a los oficios a través del manejo de herramientas es el objetivo principal. “El éxito lo vemos siempre; cuando ellos son capaces de tomar una herramienta y usarla con destreza, uno ve que la idea funcionó. Que no se vuelva un carpintero o un gran emprendedor, pero que sí tenga capacidades que antes no tenía”.

En una rutina escolar marcada por los apagones, fallas en el suministro del agua y falta de recursos, la educación carabobeña se mantiene por un esfuerzo colectivo. La comunidad sostiene, día tras día, el derecho de cientos de niños y jóvenes a aprender, emplearse y desarrollarse.

Edison Ruiz, profesor del taller de madera. Foto: Patricia Ochoa