Un mes después del doble terremoto: Venezuela sigue contando escombros, sin cifras oficiales de desaparecidos
Resumimos en este texto lo que se ha vivido 30 días después del 24 de junio
Han pasado exactamente 30 días desde aquella tarde del 24 de junio en que la tierra se sacudió con furia en Venezuela. Dos terremotos consecutivos, de magnitudes 7.2 y 7.5, separados apenas por 39 segundos, convirtieron edificaciones enteras en montañas de concreto y acero retorcido. Hoy, la herida no solo permanece abierta: parece que nadie ha decidido cómo empezar a cerrarla.
A un mes de la tragedia, el gobierno no ha entregado aún cifras oficiales actualizadas y confiables sobre el número de desaparecidos. Familias enteras siguen pegando fotos en paredes agrietadas, publicando en redes o recorriendo morgues improvisadas con la esperanza de encontrar a sus seres queridos.
Organizaciones independientes y sitios ciudadanos hablan de miles de desaparecidos —algunos reportes extraoficiales superan las 40.000 personas no localizadas en los primeros días—, pero la opacidad oficial alimenta la incertidumbre y la rabia.
Seguimos sumando muertes
El balance de víctimas mortales confirmadas supera las 5.398 personas, según datos del gobierno interino al 22 de julio (el jueves 23 de julio no fue publicado el balance), con más de 16.740 heridos.
Cientos de estructuras colapsaron, especialmente en La Guaira, Carabobo, Aragua y sectores de Caracas. Edificios de viviendas, casas y locales comerciales quedaron hechos escombros. El daño económico directo se estima en más de 20.000 millones de dólares, y la reconstrucción completa podría superar los 65.000 millones, según proyecciones de organismos como la ONU.
En estas cuatro semanas
- Las réplicas —más de 1.500 registradas por Funvisis— no han dado tregua. Muchas familias aún duermen en carpas o en las calles, aterrorizadas ante la posibilidad de que lo poco que queda se venga abajo.
- Miles de personas permanecen desplazadas. En La Guaira, una de las zonas más golpeadas, urbanismos completos parecen zonas de guerra: edificios inclinados, calles bloqueadas por escombros y el olor a polvo y a cuerpos descompuestos que no se va.
- La ayuda internacional ha llegado de forma ilimitada. Organizaciones como la Cruz Roja, Médicos Sin Fronteras, el Programa Mundial de Alimentos y World Vision han distribuido comida, agua, medicinas y kits de higiene a más de 120.000 personas.

A diferencia de otros desastres en la región, en Venezuela la fase de reconstrucción se percibe lejana. Aún no hay un plan nacional visible de remoción masiva de escombros, ni un cronograma para la reparación de infraestructura crítica.
Muchas de las máquinas pesadas necesarias siguen sin aparecer, y la escasez crónica de combustible y materiales complica cualquier esfuerzo local.
Expertos señalan que la mala calidad de construcción en los últimos años —sumada a la falta de mantenimiento— multiplicó la tragedia. Edificios relativamente nuevos se derrumbaron como si fueran de cartón.
Mientras tanto, la gente hace lo que puede: vecinos organizados remueven escombros con palas y tobos, iglesias reparten comida y jóvenes voluntarios atienden a los heridos en clínicas improvisadas. La solidaridad venezolana, una vez más, es lo único que funciona cuando las instituciones fallan.

Una nación esperando respuestas
Un mes después, Venezuela no solo enfrenta escombros físicos. Enfrenta el dolor de no saber, la frustración de la lentitud y el miedo de que esta tragedia se sume a la larga lista de crisis que han marcado al país en las últimas décadas.
Los sobrevivientes no piden milagros. Piden cifras claras, maquinaria para remover los restos, un techo seguro y, sobre todo, que no se les olvide. Porque bajo esos montones de concreto no solo hay cuerpos: hay vidas, historias y el derecho a cerrar el duelo.