“Cuando no matan los malandros, mata la policía”, manifiesto de #AcciónPorLaVida

La seguridad ciudadana fue otra de las peticiones de Acción por la Vida

Con un manifiesto exigiendo una drástica reducción en la producción e importación de armas y municiones que matan a miles de venezolanos, culminó la actividad Acción por la Vida, Reacción Contra la Violencia, realizada este sábado 18 en Caracas.

Este movimiento realizó una intervención de calle en la urbanización Palo Verde, al este de Caracas, con la asistencia de decenas de personas, para llamar la atención a las autoridades y sensibilizar a los ciudadanos sobre las consecuencias de la violencia.

En la actividad participaron músicos y artistas, así como personas de la sociedad civil, profesores universitarios, psicólogos y sociólogos.

Entre los organizadores se encontraban José Carvajal, periodista y activista urbano, Verónica Zubillaga, socióloga y directora de la Red de Activismo e Investigación por la Convivencia; Roberto Patiño con Caracas Mi Convive y Aracelis Sánchez con la Organización de Familiares de Víctimas de Violaciones de Derechos Humanos (Orfavideh).

 

A continuación transcribimos el manifiesto:

La vida es para vivirla, y es tan natural vivir como morir. Lo que no es natural, mucho menos normal, es que alguien violentamente nos arrebate la vida, como sucede de manera extrema aquí, en Venezuela. No es normal que un país que no está en guerra, tenga tantas muertes violentas, tantos “abatidos”. Y los venezolanos debemos saber que la enorme mayoría de esas muertes (90%) ocurren por la acción de armas de fuego.

Vivimos asediados por las armas, y el Estado, a través de sus instituciones y sus servidores públicos, debe asumir su obligación de controlarlas para garantizar la vida y la seguridad de todos los ciudadanos, en vez de promover su presencia. Cuando no matan los “malandros”, matan los policías. ¿El resultado?: miles y miles de muertes de jóvenes, adultos y niños con nombres y apellidos, que de tanto repetirse parecen convertirse en un simple número, un dato estadístico.

Miles de historias borradas (de hermanos, hijos, esposos, amigos, padres, madres) que producen un enorme dolor y rabia cuando “cae” alguien cercano, pero que por la frecuencia se vuelven un asunto “normal”, una rutina que se diluye en el paisaje. Como si asumiéramos estas muertes como un saldo inevitable, como si estuviésemos obligados a formar parte de esta lotería fatal.

Cada vez que asesinan a alguien, muere una parte de nosotros. Y si quienes asesinan, bajo las órdenes o la mirada complaciente de funcionarios públicos,  forman parte de algún cuerpo policial, firmamos nuestra sentencia de muerte como sociedad. Al final todos somos víctimas, aunque la violencia no haya tocado directamente nuestra puerta.

La peor parte de este horror se la llevan las personas que habitan los sectores populares, sobre todo los más jóvenes. Vivimos en una suerte de guerra y el Estado no nos protege, no nos da garantías. Por el contrario: suma muertos, suma violencia. Demasiadas balas y demasiada impunidad. ¿Dónde están los responsables, por acción y omisión, de esta masacre continuada?

Llevamos varias décadas acostumbrándonos a estas muertes. Somos uno de los países con la tasa de homicidios más alta del mundo. ¿Cómo hemos respondido los ciudadanos ante este horror? Con miedo y con encierro. Pensando que cada quien puede defenderse por su cuenta. Una batalla atomizada por mantenernos vivos. ¿Cómo responden los gobiernos, incluyendo el de turno? Con operativos cíclicos de represión que no producen más seguridad sino todo lo contrario.  

Ante este panorama, nosotros —un grupo de todas las tendencias, y diversidad de profesiones y ocupaciones: artistas, diseñadores, comunidades, académicos, periodistas, deportistas, activistas, estudiantes—, que tenemos en común una preocupación vital ante tanta violencia y tanta muerte: hemos decidido organizarnos y movilizarnos de manera sistemática, para exigir y proponer políticas públicas, a todos los niveles de gobierno, para que cese la hegemonía de las armas en nuestro país, para que se abra espacio para la vida y la convivencia en nuestras ciudades.

Por eso convocamos a todos, incluyendo a dolientes directos y familiares de víctimas, a compartir su voz, a expresar su deseo de que cese esta matanza y a señalar responsabilidades institucionales.

Al final, nos guste o no, todos somos víctimas. Por eso los venezolanos exigimos nuestro derecho a vivir en paz y sin miedo. El Estado está obligado a garantizarnos el derecho a la vida.

Decidimos encontrarnos para actuar:

  • Exigimos que la Compañía Anónima de Industria Militares (CAVIM) reduzca drásticamente la producción de balas con las que finalmente morimos los venezolanos.
  • Exigimos que la importación de pistolas y revólveres por parte del Estado se reduzca al mínimo y que se suspenda la venta de las mismas a particulares.
  • Exigimos que todas las armas estén bajo control. Tanto las de los policías como las de los particulares, tanto las que reposan en los parques policiales como las que son incautadas, tanto las que reposan en las casas como las que andan en la calle. Exigimos que absolutamente todas estén bajo control y que dejen de formar parte de este negocio sangriento.
  • Exigimos que se haga el marcaje de municiones para establecer responsabilidades en su uso.
  • Exigimos que los ciudadanos, los civiles, hagamos efectivo nuestro derecho a la contraloría social de armas y municiones, así como de la destrucción de armas incautadas.
  • Exigimos que se generen más oportunidades de estudio, laborales, deportivas, recreativas, no esporádicas, sino sostenidas en el tiempo, enfocadas sobre todo en los más jóvenes, para que la violencia no se convierta en una opción.
  • Exigimos, a todos los niveles de gobierno, más seguridad y menos represión. Y entendemos más seguridad no necesariamente como “más policías”, sino más espacios para la educación, el trabajo, la recreación, la convivencia.
  • Exigimos que se activen instancias efectivas de resolución de conflicto entre las personas que posibiliten procesar de formas no violentas las diferencias, que garanticen la reparación de daños de las víctimas.
  • Exigimos que se promuevan activamente formas de relación no violenta que rijan la convivencia ciudadana.

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