“Me niego a montarme en una perrera”, varguenses sin transporte #VenezuelaAPie

A las 8:15 am del martes 2 de mayo, en la parada de transporte público frente al hospital José María Vargas, en La Guaira (estado Vargas), había al menos 70 personas que esperaban una unidad colectiva. Sentado, bajo la sombra de la parada, se encontraba Héctor Rodríguez, de 52 años, un radiólogo que a las 6:00 am había terminado su turno de guardia en el centro médico y contaba más de dos horas esperando un autobús para ir a su casa. Pero lo que ve acercarse solo son “perreras”.

Son los camiones ideales para cargas pesadas, como trasladar ganado o sacos de verduras y en los que desde hace más de cuatro meses se movilizan las personas por la falta de autobuses en Vargas. La mayoría son de marca Ford, modelo 350 y solo unas barandas de madera funcionan como protección para que los pasajeros no caigan de la tolva. Algunos de los choferes les adaptaron asientos; otros, colgaron mecates

Efecto Cocuyo realizó un recorrido por la entidad, desde la parada de autobuses de La Soublette hasta la parada de Punta de Mulatos, iniciado a las 6:15 am y culminado a las 9:30 de la mañana. Durante ese trayecto solo se observaron ocho unidades de transporte público pertenecientes a las líneas que cubren esas rutas, mientras que se vio un autobús habilitado por la alcaldía de Vargas.

Héctor ha visto pasar en muchas ocasiones las “perreras”, pero se niega a montarse en una porque “me da miedo, ya que siempre estoy amanecido y puedo caer fácilmente por el cansancio”. 

En la parada del sector La Soublette de Catia la Mar, junto a su hijo de 10 meses de nacido, estaba Yorgett Cedeño, de 37 años, quien tenía dos horas aguardando por un autobús. Contó que más de una vez le tocó caminar 17 kilómetros para dirigirse a su antiguo empleo. “Trabajaba como personal de limpieza y tuve que renunciar por la falta de transporte. Ahora me ayudo vendiendo cualquier cosa en una bodega que monté en mi casa, porque estaba agotada de tanto caminar”.

Una “perrera” cobra entre Bs. 2 mil y 3 mil bolívares

El problema del transporte ha sido de gran preocupación para la joven enfermera de 22 años Alexandra Ávila, quien tiene que llegar todos los días a las 7:00 am al hospital Rafael Medina Jiménez, conocido como el Periférico de Pariata.

“En mi caso, las llegadas tarde al trabajo afectan al paciente, porque no se le coloca el tratamiento a la hora. Tardo alrededor de una hora para montarme en un autobús de Las Tunitas a La Soublette; luego tardo hasta tres horas en encontrar uno que me lleve al hospital”. Apenada, contó que tuvo que montarse una vez en una “perrera” para evitar cubrir a pie los casi nueve kilómetros que separan el centro de salud de la parada de La Soublette.

En septiembre de 2017, el 87% de las unidades de transporte público en Vargas estaba paralizado. Siete meses después, la situación ha empeorado. Del 100% de la flota de transporte urbano en el estado -equivalente a 800 unidades- solo trabajan 94 autobuses, según afirmó el presidente del Bloque Unido de Transporte Caracas-La Guaira, Sergio Cárdenas. “Si esta semana no dotan a estas unidades de lubricantes, podríamos estar hablando de la paralización del servicio para finales de mayo”.

Explicó que los transportistas se han visto obligado a comprar lubricantescallejeros“, para no tener que esperar los prometidos por Gobierno, pero que estos aceites reutilizados han hecho que se les dañen al menos 84 unidades.

Las perreras ganan terreno

Juan Duarte, de 22 años, es auxiliar de plataforma del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía. Dice que “perdió la cuenta” de las veces que se subió a una “perrera” para llegar a su trabajo y aunque le causa indignación, lo prefiere antes que caminar ocho kilómetros hasta el terminal aéreo. “Llegaba cansado y tarde; afortunadamente, mis jefes entienden la situación (del escaso transporte)”.

Las “perreras” no están organizadas como líneas de transporte, pero cubren las rutas de un autobús cualquiera. Uno de sus choferes, quien no quiso ser identificado, comentó que trabaja desde plaza El Cónsul, en la parroquia Maiquetía hasta El Hospitalito (Catia La Mar). A pesar que el pasaje mínimo está en 2 mil bolívares, ellos cobran Bs. 3 mil por persona.

En las tolvas estos camiones 350 llegan a subir hasta 30 personas, entre estudiantes, trabajadores de la aduana de Maiquetía, profesores y personas de la tercera edad, en su mayoría son hombres, aunque se llegó a ver una o dos mujeres también en algunos casos, siendo ellas quienes generalmente prefieren esperar por un autobús, por lo peligroso que resulta trasladarse en estos vehículos.

Los estudiantes de bachilleratos se trasladan en las “perreras” para llegar a sus liceos

Riesgo “autorizado” por la Alcaldía

Otras “perreras” que habilitó la alcaldía de Vargas para el traslado de los usuarios son conocidas como “Las Terán”, tal como las identifican al asociarlas con el apellido del gerente muncipal, José Terán. Se diferencian por ser de color blanco, con tolvas alargadas, similares a las que usa la policía para trasladar a los detenidos. Estos vehículos no cobran pasaje y trabajan desde Macuto hasta Catia La Mar; en ocasiones llegan al sector Caribe de la parroquia Caraballeda.

En el recorrido realizado por Efecto Cocuyo, se contaron más unidades de este tipo haciendo las veces de transporte público que de autobuses de las líneas cubriendo sus respectivas rutas.

Romelia Freites, habitante del sector San Termo, cuenta que se ha visto obligada a usarlas a sus 75 años de edad para llegar a una oficina del Consejo Legislativo, donde está empleada. A pesar de sentirse “fuerte y con ganas de trabajar”, dice que con la escasez de transporte público “creo que dejaré de trabajar, tengo una pierna enferma y si sigo montándome en esos camiones, posiblemente pueda empeorar”, lamenta.

Estos vehículos son conocidos como “Las Terán” y la alcaldía de Vargas habilitó 10 para trasladar a los pasajeros

Eduardo Crespo, con 25 años, es profesor de biología en dos colegios de la entidad. Vive en Pariata, parroquia Carlos Soublette y también ha tenido que movilizarse en las “perreras” para ir a dar clases. Debe pagar cuatro pasajes por día y mensualmente cobra Bs. 2 millones 600 mil de sueldo. “Eso me alcanza para comprar un kilo de queso y quizás un paquete de arroz, sin incluir los pasajes y el efectivo que debo comprar, porque en los cajeros no hay dinero”, expresó.

Las personas hacen largas colas para movilizarse a sus destinos

“Nos toca caminar”

Maribel Ferrer, residente de la parroquia Carlos Soublette, tiene que caminar con sus hijos -de 8, 9 y 12 años- todos los días para llevarlos a la escuela. Son cinco kilómetros de ida y vuelta. “Nos toca caminar. Se ha convertido en nuestra  rutina desde hace más de cuatro meses. Esperar por una unidad era llegar tarde y los niños se fatigaban de estar parados. El colegio no queda tan lejos, pero los niños llegan cansados”.

Muchos habitantes de Carlos Soublette y Catia La Mar no quieren perder tiempo y se trasladan a pie hasta la parroquia Maiquetía, La Guaira e incluso algunos han llegado a Macuto, a 10 kilómetros de distanciaOtros aceptan “la cola” que ofrecen algunos conductoressolidarios” o simplemente la piden. “Espero que no me pase nada malo en este país tan peligroso, pero no tengo otra opción que pedir la cola”, dijo Edilet Hernández, de 62 años.  

Las perreras trabajan sin estar organizadas y aparecen en las horas pico

Fotos: Iván Reyes @ivanereyes

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