El asesinato de David José Vallenilla aún sin juez, aún sin juicio #LosQueYaNoEstán

David tenía 14 años de edad cuando descubrió su pasión por sanar a otros. Quizá Wansa tuvo que ver con eso, una perrita que rescataron él y su papá de la calle. Estaba enferma y al llevarla al veterinario, le indicaron varios cuidados. Su tío Giancarlo, médico anestesiólogo, explicó al adolescente cómo hidratarla, tarea que lo mantuvo en vela y aún así lo reconfortó.

La afinidad por la salud se asomó viendo series de TV sobre emergencias médicas. Luego se afianzó cuando, antes de graduarse de bachiller, David quiso hacer un curso de auxiliar de enfermería. Entonces lo inscribieron en el Instituto Técnico de Capacitación Integral en los Valles del Tuy y después realizó pasantías en el Centro Diagnóstico Integral Mama Pancha en Charallave, incluso más tiempo de lo previsto.

Cuando comenzó a estudiar enfermería en el Instituto Universitario de Tecnología y Administración Industrial regresó a vivir con su mamá, Milagros Luis, en Caracas, pero visitaba con frecuencia a su papá en los Valles del Tuy. En marzo de este año presentó su tesis con éxito y se planteó iniciar una especialidad en quirófano.

En junio, para celebrar el Día del Padre, invitó al suyo a comer en casa de su mamá. Pese al divorcio, ambos se llevaban bien.

En esa oportunidad David José Vallenilla padre realizaba trazos imaginarios en el aire y sobre la mesa mientras le explicaba a su hijo rutas alternas para que llegara a casa sin contratiempos desde su trabajo en la Clínica Bello Campo. Para esa fecha el país sumaba tres meses de protestas ciudadanas contra el Gobierno, manifestaciones que convulsionaban las calles. “Si el Metro no funciona puedes irte por aquí, si esta calle está trancada puedes agarrar por este otro lado”, le decía al muchacho.

Para sorpresa de esta familia, una semana después de ese discurso, el 22 de junio, su hijo fue asesinado mientras participaba en una protesta en la autopista Francisco Fajardo frente a la Base Aérea Generalísimo Francisco de Miranda (La Carlota). A través de las rejas de la instalación militar, el sargento primero de la Aviación Militar Arli Cleiwi Méndez Terán disparó contra el enfermero un arma que debía estar cargada de perdigones de plástico, pero en su lugar contenía esferas metálicas.

Cuatro de esas esferas fueron extraídas del cuerpo de David en la Medicatura Forense de Bello Monte. “Una le perforó su corazón, otra el hígado, otra el pulmón y la otra le fracturó la columna vertebral”, enumera su padre al recordar los hechos. Asegura que el joven no estaba armado, solo llevaba en su bolso el recipiente vacío en el que había llevado su almuerzo de ese día.

El ministro de Interior, Justicia y Paz, Néstor Reverol, dijo entonces: “Recurrente asedio a base militar La Carlota produjo hoy lamentable deceso de uno de los participantes en el hecho”. El Defensor del Pueblo, Tarek William Saab, calificó el hecho de “vil asesinato”.

El calendario marca que han pasado cinco meses desde el asesinato de su único hijo y David José Vallenilla continúa preguntándose que si querían neutralizar la protesta, por qué el militar no le disparó en la pierna. Aguarda unos minutos y con un nudo en la garganta se responde a sí mismo: “Lo que querían era matarlo”.

El camino desde entonces ha sido duro, a Vallenilla le cuesta explicarlo. En agosto tuvo que retirar el título que su hijo no pudo. “Yo le preguntaba ‘¿Cómo te fue?, ¿pasaste las materias?’ y él me decía que todo bien. Me sorprendí al ver sus notas, sacó muchos veintes”.

Su duelo lo ha vivido a la par de una lucha por hacer justicia, y cada tanto se enfrenta a la sensación de que no le va a alcanzar el tiempo, siente frustración. Admite que incluso ha descuidado su trabajo como abogado independiente: todos sus esfuerzos están concentrados en el caso de David.

“Hacer justicia en este país no es nada fácil… y aunque uno quiera decir que no es un caso político, lo es”, expresa e insiste en que su hijo no era un joven peligroso. Entre las pocas certezas que tiene en este momento, está convencido de que quiere agotar todos los espacios. “Desde ese punto de vista voy a dónde tenga que ir, y como lo he dicho siempre, si aparezco en una foto con alguien eso para mí es secundario”, señala.

Aunque el caso de David ya pasó a tribunales, luego de que el Ministerio Público emitió en octubre el acto conclusivo de las investigaciones y acusó al autor material de la ejecución extrajudicial, han sido múltiples los obstáculos durante el proceso. Al inicio de la investigación la Fiscalía solicitó en la Base Aérea de La Carlota acceso al Rol de Guardia y la Cadena de mando, pero le fue negado. El encargado de la comandancia para ese momento, General Arturo José Táriba Guillén, aseguró que “por órdenes del ministro de la Defensa no podía suministrar esa información”.

No ha habido juicio porque luego de la acusación del Ministerio Público y de la acusación privada que hizo el señor Vallenilla, el caso fue asignado al Tribunal 21 de Control del Área Metropolitana de Caracas, que tiene un año acéfalo. Su último despacho fue hace casi un año: el 20 de diciembre de 2016.

Por esta razón, el avance del caso está sujeto a que algún otro tribunal se encargue. De hecho, así fue como se logró la privativa de libertad de Méndez Terán el pasado 2 de septiembre, pero hasta ahí llegaron. Vallenilla hizo una denuncia en la Inspectoría General de Tribunales solicitando que asignen un juez, pero no ha obtenido respuesta.

“Pareciera que por estar privado de libertad el autor material está resuelto el caso. No es así. Primero que nada, ese sargento estaba dentro de unas instalaciones militares, tiene que haber actuado bajo órdenes de superiores; por lo tanto no existe una responsabilidad única”, destaca Vallenilla. “Le doy la responsabilidad a toda la cadena de mando, que pasa por el ministro de la Defensa hasta el propio Presidente de la República”.

Al Presidente Maduro, Vallenilla lo llama, con propiedad, por su primer nombre. Lo conoce de cuando ambos trabajaban en el Metro de Caracas. “Yo era su jefe, él conoció a David José cuando estaba pequeño”, rememora.

Durante el funeral de su hijo, un excompañero del Metro le dijo a Vallenilla que Maduro quería comunicarse con él y minutos después le pasó su teléfono. Del otro lado, el abogado reconoció la voz del vicepresidente de la República, Tareck El Aissami, quien le ofreció sus condolencias y le aseguró que desde el Gobierno harían todo lo posible para castigar a los responsables. Le insistió en que el primer mandatario lo llamaría, pero esto aún no ha sucedido.

Vallenilla extraña cada momento que compartía con su hijo: “Me ayudaba con mis aves. Comíamos chocolate juntos, era nuestra pasión”. Siempre le aconsejó ser responsable y no traer al mundo a un niño si no tenía consolidada una familia. Quiso que su hijo hiciera lo que le gustaba, sin forzarlo. Y David fue polifacético, practicó fútbol, natación, polo, también hizo un tiempo teatro, fue bombero voluntario de la Universidad Central de Venezuela y hasta cursó modelaje.

David José padre sabía a su muchacho enamoradizo y reconoce que fueron varias las jóvenes que llegaron a despedirlo por última vez, se presentaron como “la novia” y le dejaron notas de amor. Su tío paterno, Giancarlo, suelta que David “rumbeaba con los viejos” porque se la pasaba con ellos, no rechazaba una invitación.

“Quisiera que lo recuerden como un joven con valores, con gran sensibilidad, que luchó por la libertad de un país”, pide su padre.

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