Con el sonido de las sirenas comienza la batalla para los vecinos de El Paraíso

Cuando hay amenazas externas, los vecinos del Conjunto Residencial El Paraíso (Crep) se preparan. No se consideran un frente paramilitar, ni mucho menos una zona de guerra, dicen que solo son personas que cuidan de sus familias, así como los bienes que tanto les ha costado obtener.

El Paraíso, parroquia ubicada al suroeste de Caracas, ha sido noticia en las últimas semanas por la represión de cuerpos de seguridad del Estado cuando hay protestas en contra del gobierno de Nicolás Maduro. La mayoría de los incidentes han sido reportados en la avenida Páez, donde dos apartamentos fueron incendiados por bombas lacrimógenas y donde se han reportado saqueos y daños a edificios comerciales.

Este lunes, 15 de mayo, el conflicto se extendió hacia Las Fuentes, zona conocida por la iglesia de la Virgen de Coromoto, la heladería Crema Paraíso y “Los Verdes”, como se conoce también al Crep. No fue la primera vez que se presentaron ataques por parte de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y grupos civiles armados, pero sí una de las jornadas más intensas.

Todo comenzó muy temprano. Cerca de las 5 de la mañana los residentes se despertaron con el sonido de una sirena que indicaba peligro. Según varios propietarios, su sistema de vigilancia captó cómo un grupo de personas, a bordo de una camioneta blanca y un vehículo, disparaba contra los edificios.

La forma de protegerse que allí se utiliza no tiene nada que ver con cámaras sofisticadas ni miras telescópicas, es un sistema de organización en la que la vigilancia y la acción viene de los mismos habitantes de las cuatro etapas que conforman el complejo habitacional.

Una residente que tiene más de 30 años en el lugar, y quien prefirió resguardar su identidad, explicó que existe todo un mecanismo que implementaron algunos propietarios militares durante el Caracazo y que ha sido adoptado y mejorado por las nuevas generaciones.

Detalló que algunas personas vigilan los accesos cercanos al puente 9 de Diciembre, otros activan las alarmas; los más jóvenes se encapuchan y salen en defensa de la zona, mientras que un grupo de madres brinda comida a los que hacen guardia toda la noche. Desmintió la información que se ha dado en programas de opinión del canal del Estado, en la que se asegura que se tienen secuestrados a cientos de habitantes.

“Aquí (en las residencias) no hay guerrilleros ni infiltrados, todos son hijos de propietarios. Eso que dicen que en las juntas de condominio guardan cosas es mentira, que aquí hay francotiradores, es mentira. Aquí no ha habido ningún secuestro, cerramos las puertas por seguridad. Aquí nos tienen secuestrados son ellos (GNB y civiles armados) que ya ni nos dejan marchar”, expresó.

Recordó que en 2014 los llamados colectivos tumbaron el portón de uno de los estacionamientos y el pasado 20 de abril, intentaron derribar la reja del paso peatonal.

Las Fuentes llenas de gases

Tiempo después del sonido de las sirenas comenzó la batalla campal entre la GNB y los manifestantes. Los gases lacrimógenos fueron arrojados dentro de Los Verdes y dentro de las Residencias Las Fuentes. Un señor que se gana la vida cuidando vehículos en las calles cercanas, afirmó que las bombas lacrimógenas fueron lanzadas al mismo tiempo por dos francos: la avenida Washington y cerca de la agencia del banco Banesco.

En horas de la tarde se presentaron civiles armados quienes, con su cara descubierta, dispararon hacia los edificios. Mientras, el Comando Nacional Antiextorsión y Secuestro (Conas) disponía de dos tanquetas en el puente 9 de diciembre.

No se reportaron heridos, pero sí se evidenciaron impactos de bala en locales comerciales de la planta baja.

Preocupación y resguardo

Este martes, 16 de mayo, algunas juntas de condominio se reunieron para establecer nuevas acciones ante la llegada de grupos de hombres armados, quienes intentaron ingresar a la cuarta etapa, cerca del Colegio San Agustín, en horas de la madrugada.

La mayoría de los vecinos manifiestan miedo. Dicen que su mejor opción es encerrarse en sus casas para no ser alcanzados por los gases lacrimógenos ni las balas. Aún así, confían en la organización de la comunidad, aunque reconocen que la unión no es la de antes gracias a las diferencias políticas.

“A mi lo que me da miedo es que a esos muchachos les caigan las OLP, que los procesen en tribunales militares. Ellos son estudiantes”, declaró una de las vecinas fundadoras de los edificios quien no dio su nombre. Ante este temor, una de las habitantes de la segunda etapa sentenció: “aquí nadie se mete”.

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