Diferentes pero iguales - Efecto Cocuyo

Diferentes pero iguales

Leoncio Barrios | @Leonciobarrios

Leoncio Barrios, psicólogo y analista social. Escribidor de crónicas, memorias, mini ensayos, historias de sufrimiento e infantiles. Cinéfilo y bailarín aficionado. Reside en Caracas.

Los 16 de noviembre se celebra el día mundial de la tolerancia según decreto de las Naciones Unidas.  Los días de la madre, el árbol, el niño, la mujer, el sida, entre otros muchos, son para especialmente recordar ese motivo y de alguna manera rendir homenaje al aludido o concientizar sobre el problema.  

El día de la tolerancia es, por un lado,  para celebrar lo que se ha logrado avanzar en el acercamiento de personas, grupos, países que se asumían contrarios y desdeñaban uno del otro pero también es un día para combatir su contraparte, la intolerancia.

Combatir la intolerancia quiere decir tratar de abolir el fanatismo religioso, el extremismo político, la xenofobia, el racismo, el sexismo, el clasismo, muchos más “ismos” y fobias que producen discriminación, ofensa, violencia hacia quienes no son, o piensan, o se comportan como uno.

Sociedad o persona que esté libre de todos esos ismos o fobias es muy difícil de encontrar. No digo que “tire la primera piedra” porque sería incentivar una forma de violencia y la violencia es la consecuencia más expresiva y dolorosa de la intolerancia.

Difícil librarse de la intolerancia

La intolerancia es un problema tan profundo y extendido en el mundo que así como no hay sociedad que se pueda librar de los efectos del cambio climático, la economía global, el desarrollo de la tecnología y el control social, tampoco la hay libre de intolerancia, por más democrática que aparente ser.

Y es que la intolerancia, como actitud, como predisposición a actuar, está en las personas que unidas en grupo, clase o secta, hacen a una sociedad.   Es algo  tan fuerte  que puede exigir siglos de esfuerzos, fundamentalmente educativos, pero no solo en las escuelas, sino en cualquier otra institución social y, sobre todo, en la familia y la comunidad.

Es en los entornos íntimos donde se aprenden los valores básicos hacia el otro.  Allí se aprende a amar, comenzando por la mamá, pero también a mal querer, comenzado por el que es “distinto”,  aún dentro de la misma familia o comunidad.  El mal querer se puede convertir en odio. El odio es malsano, intoxica.  El amor puede empalagar, verdad; pero es preferible vivir empegostado que vomitando ira.

Algunos cuestionamos el término tolerancia porque parece la forma políticamente correcta de decir: sopórtalo, admítelo, dale un voto de fe. Tolerar es ejercer poder, tolera quien lo tiene. El poder es desde arriba pero de lo que se trata es de igualdad.

Tolerancia para superar los estereotipos

Tolerar puede comprenderse como admitir que el otro, al que nos cuesta admitir en todas sus dimensiones, pudiera ser negro pero no ladrón,  árabe pero no terrorista, mujer pero no bruta, marico pero no pederasta, pobre pero honrado y –en Venezuela-  chavista pero no corrupto, de oposición pero no fascista.

Si a usted le ha puesto pensar algunas de las afirmaciones anteriores o le ha producido piquiña o náuseas, debería revisarse.  Usted no es tan tolerante como cree, así se considere “políticamente correcto”, hombre o mujer libre de prejuicios, estereotipos o incapaz de discriminar.

Y, ojo, lo dicho no es un test como los que aparecen en las revistas de variedades, la intención es hacer ver las profundas y variadas causas y manifestaciones de las intolerancias. Ellas forman parte de nosotros y nosotros de nuestra sociedad.

En el fondo de los conflictos personales y sociales suele haber dosis de intolerancia que va desde resistirnos a aceptar aspectos  de nosotros mismos hasta no admitir las diferencias ni disidencias de los demás.  Cada quien se asume como el “tipo ideal”, la referencia de lo que debe ser. O estás conmigo o eres mi enemigo.  O eres como yo o no eres nadie. Los radicalismos son así, ven solo en blanco y negro, sin matices.

Tolerar es respetar

No reconocer, no admitir esos matices, la diversidad social, religiosa, sexual, política, las diferencias en cualquier plano, tiene jodido al mundo, a muchas personas.  Lo peor, el sufrimiento que produce esa intolerancia.  Si es hacia partes de uno mismo, nadie es feliz estando insatisfecho consigo mismo y si es a lo externo,  nadie es feliz sintiendo odio y menos, expresándolo.

Tolerancia  tiene que ver con respeto, esa acepción me gusta más.  Respetar no es soportar al distinto, es reconocerlo, admitir que a pesar de lo diferente que sea es igual que yo y que los míos en deberes y derechos.  Entre otros, el de participar y amar.  Tolerar genuinamente, no desde lo políticamente correcto, parecería simple pero es difícil.

Falta mucho para un mundo donde reine el respeto a la disidencia, al que es y piensa distinto.

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Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

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