Después de la oscurana - Efecto Cocuyo

Después de la oscurana

La oscurana
Leoncio Barrios | @Leonciobarrios

Leoncio Barrios, psicólogo y analista social. Escribidor de crónicas, memorias, mini ensayos, historias de sufrimiento e infantiles. Cinéfilo y bailarín aficionado. Reside en Caracas.

La segunda semana de marzo del 2019, en Venezuela, vivimos lo que podría ser visto como el apocalipsis.  Verse sumido en las tinieblas a la ida de la luz solar y pensar que mañana podría ser peor, que en tus manos no estaba hacer la luz, es una experiencia atemorizante, que puede devastar aún a las personas más valientes.

A la falta de energía eléctrica durante cinco días en gran parte del país, por más tiempo en otras partes, se sumó la falta de agua, de seguridad pública, de comunicaciones, transporte subterráneo y aéreo, de aseo urbano, entre otros.

Se sintió, más que nunca, la crisis hospitalaria, la carencia y carestía de alimentos que se vive en el país, la falta de internet y paro de mencionar. Solo pensar en todo lo que depende de la energía eléctrica en la vida moderna y se comprenderá la alteración de la cotidianidad que hemos vivido, el descarrilamiento psíquico ocurrido.

Los costos para la economía nacional con este siniestro deben ser altísimos y aún falta por ver.  ¿Cómo quebrará lo que ya está quebrado? Lo que es imposible contabilizar, a pesar de las estimaciones, son los costos en las economías familiares y más difícil aún, las consecuencias psíquicas, emocionales de una calamidad que se agudiza en sus consecuencias.

A una semana del comienzo de la oscurana, a pesar de haber electricidad estable en  parte de Caracas, otras partes de la ciudad y el país continúan en tinieblas con sus consecuencias.  El suministro de agua es irregular y pasó a ser lo más crítico junto al transporte público.  Con los días, la desesperación de la gente aumenta. Mucha está casi paralizada psíquica y físicamente.

En la oscurana la psique se alteró. Difícil, casi imposible, que quienes vivimos en Venezuela o tienen familiares aquí, pudiéramos mantener el equilibrio emocional en esos días o después. La incertidumbre, el desconocimiento desestabiliza, atemoriza. Lo que sería preocupante es que alguien no se desequilibrara en esas condiciones. Por el contrario, esa reacción sería un indicador de desequilibrio personal.

Quienes volvimos a ver la luz eléctrica y a disfrutar de sus beneficios, quedamos traumatizados con la oscurana.  Estamos viviendo lo que los psicólogos llaman stress post traumático o las consecuencias psíquicas/emocionales de una experiencia calamitosa o una pérdida significativa para la persona.

El stress post traumático se expresa en sentimientos de desestabilización (de la rutina, el sueño, el apetito, los deseos).  Se puede sentir ansiedad, miedo, tristeza. aburrimiento, desolación  Uno puede hallarse agotado, desgastado, extraño a si mismo.  Son síntomas también de depresión.  Es humano, natural sentirlo después de un gran susto. 

Durante la oscurana la cotidianidad se alteró dramáticamente. A pesar del cambio de circunstancias con los días, el drama continúa.  La amenaza de que se repita el apagón con sus consecuencias, atemoriza.  La crisis de agua es un peligro vital.  Es lógico sentirse alterado, preocupado, asustado.  Inclusive, expresar eso con males físicos.  Somatizar, lo llaman.

Una amiga hizo una buena síntesis de lo visto en estos días en zonas del país: “Las dinámicas familiares son del paleolítico inferior. Hay gente cocinando con leña, alumbrándose con velas, cargando agua”.  No es posible sentirse bien, ni fuerte, ni entusiasmado así.  Sientes que todo se vino, sigue viniéndose abajo.  Uno se siente impotente.  La impotencia es un sentimiento humano.

Los de Caracas hemos experimentado, por unos días, lo que sucede, desde hace años, cotidianamente, en la provincia. Pensamos en la familia y amigos que allá viven y el primer sentimiento es dolor.  La rabia que aparezca en algunos vendrá después.  El abatimiento no permite mucha variedad.

La oscurana va por dentro

Ahora se trata de comprender a quien se exprese abatido. Es humano sentirse así, es parte de la libertad individual expresarlo, de la tolerancia y el respeto hacia sí mismo y el otro, aceptarlo.

Como ante toda pérdida, catástrofe o accidente, se viven etapas, hay altas probabilidades de superación. Algunos de estos acontecimiento se vencen, se olvidan, otros dejan secuelas.  

Los procesos psíquicos y emocionales ante estos eventos dependen de cada quien.  Queda la psique colectiva como memoria pero, a nivel individual, lo importante, en una primera fase, es el reconocimiento de lo que se esté sintiendo.   Después, siempre, será otro sentir.

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