Mantenimiento de tuberías es prioritario para garantizar la calidad del agua, coinciden expertos

Se escucha el crujir del agua. Las tuberías de las casas empiezan a sonar cada vez que llega el líquido, luego de horas, días e incluso meses sin aparecer. Esos primeros litros que salen del grifo suelen salir de color marrón, amarillo o blanco, casi como si fuera efervescente. Esa el agua, que por fin aparece, tuvo que recorrer una distancia considerablemente larga para finalmente llegar hasta allí.

Cada una de las paradas que hace el agua hasta llegar a los hogares de Caracas necesita “un cariñito”. Expertos coincidieron en que los distintos puntos que forman parte del sistema de distribución de agua potable de la ciudad, especialmente las tuberías, necesitan mantenimiento para garantizar la calidad del líquido.

El limnólogo y profesor del Instituto de Biología Experimental de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Ernesto González, explicó que los problemas en el sistema se presentan en distintas etapas: en la fuente de agua, que luego se trata en la planta de potabilización, en las tuberías del sistema de distribución y en el lugar en el que se almacena el líquido en los hogares.

“Las tuberías de Caracas tienen al menos 50 años. Se rompen a cada rato y generan presiones positivas y negativas por los racionamientos. En lo que cortas el suministro de agua generas un vacío negativo, cuando bombeas, viene con todo”, detalló el profesor, quien agregó que lo anterior se suma al hecho de que los embalses que surten de agua a Caracas están muy lejos de la ciudad.

Sobre los embalses, punto del sistema en el que se especializa González, comentó que algunos atraviesan por un proceso natural de envejecimiento que se conoce como eutrofización, que se genera por la presencia de materia orgánica -proveniente de aguas negras no tratadas o desechos agrícolas- en los cuerpos de agua. Una señal de su desarrollo es, por ejemplo, la lemna o la rápida generación de algas en la superficie.

En algunas ocasiones, continuó, las condiciones producto de la presencia de algas hacen que estas generen cianobacterias, que son bacterias que producen toxinas de difícil degradación. Las hidrológicas hacen monitoreos constantes y extreman los cuidados de las aguas que presentan grandes cantidades de estos microorganismos.

La evolución del proceso de eutrofización puede acelerarse a través de la contaminación o ralentizarse por medio de medidas definidas previo estudio. “Cada embalse tiene su personalidad, no todo sirve con todo”, dijo González. Ayuda a la conservación de los embalses la regulación de las actividades -como agricultura o asentamiento- en la cuenca del río surtidor del embalse, así como la reforestación y el apoyo de las comunidades aledañas.

El expresidente de Hidrocapital y profesor de la Universidad Católica Andrés Bello, José María de Viana, señaló que los casos de contaminación de las aguas de los embalses fueron causadas por las autoridades del Estado, quienes trasvasaron el líquido de un embalse a otro, como es el caso de Camatagua. Las aguas llegaron a éste desde el Lago de Valencia mediante una tubería hasta el embalse de Pao-Cachinche que usa el río Guárico, el cual se desborda naturalmente.

De las plantas de potabilización a los grifos

A la calidad también se le hace monitoreo a la salida de la planta de potabilización. Al respecto, González calificó como “muy buena” el agua que sale de  los distintos puntos, que además siguen los patrones de la Organización Panamericana de la Salud.

Explicó De Viana, que el flujo continuo de las máquinas de las plantas de tratamiento, hace necesario que se mantengan y reparen todos los días.

González y De Viana coinciden en que el factor más importante que incide en la calidad del agua que llega a los hogares es el estado de las tuberías del sistema de transporte desde el acueducto a la ciudad, que además está trabajando al 50% de su capacidad.

Un documento de la Red Interamericana de Academias de Ciencia publicado en el 2018, bajo el titulo  Desafíos del agua urbana en las Américas, señala que gran parte de la red de distribución del Área Metropolitana de Caracas tiene más de 50 años de construida, “por lo cual su vida útil feneció, requiriéndose su completa sustitución. Las pérdidas por fugas en la distribución alcanzan 5,4 metros cúbicos por segundo”.

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