El viacrucis de Maracaibo pasa por la falta de luz, agua y gasolina - Efecto Cocuyo

El viacrucis de Maracaibo pasa por la falta de luz, agua y gasolina

Por: José Manuel Flores

Maracaibo.- No importa si es de día o de noche, si está en la casa, la calle o el trabajo, el peso de la falta de electricidad golpea donde quiera que esté el residente de Maracaibo. En las principales calles y avenidas de la ciudad se pueden observar a personas que caminan soñolientas, otras sin noción del tiempo sin saber en qué día están, pues para muchos todos los días  “parecen domingo”.

En una ciudad donde la temperatura diaria ronda los 32 grados centígrados,  y con sensación térmica de 38, es natural que el calor sea la principal queja. La otra es la falta de agua fría que se volvió prácticamente un lujo, pues hay lugares donde una botella de dos litros puede costar hasta dos dólares.

Según Luis Motta Domínguez, exministro de Electricidad, los 400 circuitos distribuidos en los 21 municipios consumen, en condiciones pico, dos mil megavatios.

El pasado 4 de abril Omar Prieto, gobernador del estado Zulia, informó que los zulianos tendrían de cuatro a seis horas de energía eléctrica durante el día. Una semana después cambió el esquema de racionamiento a bloques de 12 horas diarias distribuidas en dos bloques de seis. Pero aún hay sectores donde las comunidades pasan 18 y hasta 20 horas sin luz y otras zonas no aplica ningún horario como en el Soler, en el municipio San Francisco, o la urbanización Mara Norte, en el norte de Maracaibo.

Sobrevivimos

Antes de los megaapagones, Verónica Zambrano, de 18 años de edad, lidiaba contra cortes de luz de horas. Pero desde el 7 de marzo, cuando ocurrió la primera caída del Sistema Eléctrico Nacional,  en Maracaibo solo “sobrevivimos”, confiesa la estudiante de publicidad y mercadeo a su hermano y a su madre, quienes se encuentran en Chile. Eso cuando hay comunicación, una de las primeras bajas de los apagones.

Su madre, una mujer diabética, emigró al cono sur por razones de salud y ella no pudo ir porque espera el pasaporte desde hace cuatro años. Vive con su padre  y juntos hacen velas caseras para las largas horas de racionamiento eléctrico, que comenzó primero con 18 y luego fue disminuido a seis horas.

Carga la batería del teléfono tan pronto llega la electricidad y siempre está pendiente de tener “señal” , pero la conexión se toma su tiempo. “Cuando hay luz lo primero que hago es prender el aire acondicionado para que el cuarto se mantenga fresco; pero cuando se va  la luz, la frescura es muy poco lo que dura, además tengo que lidiar con la plaga”, añade.

Sale todos los días a buscar lo poco de carne o pollo que puede comprar porque no tiene cómo conservarlos en la nevera, mientras el presupuesto del padre merma porque los precios aumentan. La semana pasada fue al Saime a averiguar el estatus de su pasaporte, pero la oficina no tenía sistema y el personal solo cumple horario.

No tiene clases y las reuniones con sus amigos son cuando hay luz del día. Antes de caer el sol, debe estar en su casa por la oscuridad de las calles. Ir al cine es una actividad prohibida, igual ver su serie favorita This is Us.

Verónica nació hace 18 años, pero vive como si hubiera nacido en el siglo XIX.

Noches eternas

Lida Reyes de Quintero, de 54 años, es educadora y la matriarca de una familia de siete personas: su esposo Tibaldo Quintero (59); la hija de ambos, Mariángela (29); el yerno, José Daniel (29); sus sobrinas Laura (26) y Rosa (17), además sus sobrinos Sebastián (15) y Moisés (3).

Todos viven en un apartamento de los bloques de Punto Criollo, en la urbanización Urdaneta, ubicada en el suroeste de la urbe zuliana. Son edificios construidos durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, que fueron ampliados por sus habitantes en épocas mejores y gracias a eso son algo más frescos, pero la temperatura de Maracaibo no ayuda mucho.

“Estos apagones son bastante horrible. El calor, no tomar agua fría, no poder usar la lavadora por la falta de agua”, enumera Reyes las “estaciones” de su calvario diario.

Las noches son un suplicio para esta familia en esta ciudad de un millón 500 habitantes, según el censo de 2011. “Todos tenemos el colchón y las hamacas en el porche por el calor agobiante” de Maracaibo, donde además hay que batallar contra los “zancudos y  avispas que “tenemos por acá cerca también”.

Las noches sin electricidad se hacen “demasiado largas” en la casa de los Quintero. La incomodidad no permite dormir a Reyes, quien revisa la hora todo el tiempo. Hacia las 4:00 de la madrugada se levanta y se sienta para pensar o esperar que algo de “fresquito” le llegue.

Acomodar a cada uno de los miembros de la familia es un rompecabezas ya memorizado. “Sacamos un colchón matrimonial, otro individual, junto a dos chinchorros y ahí nos acomodamos todos. En el matrimonial dormimos dos personas con el bebé. En el individual se acuestan dos más y una persona para cada hamaca”.

Pero a veces uno queda por fuera y es Tibaldo, quien duerme en una silla como los “wachimanes”, como se conocen en la ciudad a los vigilantes nocturnos.

Al otro día

Sebastián tiene que ir a clases tres días a la semana. Cumple el ciclo diversificado de bachillerato. Pero para él levantarse es un proceso más lento de lo normal por el mal dormir. A las 6:00 de la mañana no tiene energía para levantarse porque es una tarea difícil conciliar el sueño para recuperar fuerzas.

Rosa es aprendiz Inces y hay días en los que no puede ir al trabajo por falta de efectivo.  En Maracaibo los billetes de dos, cinco 10, 20 y 50 bolívares no son aceptados por los comerciantes informales, quienes ahora satisfacen las necesidades de los marabinos. Los choferes de transporte público tampoco los quieren.

“Antes prendía la lavadora y lavaba, pero ahora tengo que hacerlo a mano. Exprimir la ropa maltrata las manos y uno pierde tiempo”, detalla la adolescente.

Para ir a su trabajo debe tomar dos transportes. A veces tiene efectivo solo para pagar una buseta; esos días debe caminar unos cinco kilómetros para luego abordar la segunda unidad. Es la rutina de muchas personas en esta ciudad, donde se calcula que los usuarios de transporte público caminan entre tres y 11 kilómetros, bien sea por la falta de efectivo, busetas o por problemas en la distribución de gasolina sobrevenidos de las fallas eléctricas o racionamiento.

Inseguridad sanitaria

En la casa de los Quintero está “prohibido enfermarse” por la escasez de medicinas y la precariedad de los centros asistenciales. El día del segundo megaapagón tuvieron que llevar al niño Moisés David al Hospital de Niños De Veritas “y vimos cómo atendían las estrictas emergencias e incluso enviaban a los niños malitos a sus casas porque no tenían cómo atenderlos”, recordó la educadora Lida.

Profesión: ayudante

Para José Ocando, ingeniero industrial, en su familia no hay descanso: el día que tienen  unas horas de agua, no hay luz; sino es al revés o las dos cosas a la vez.

“Eso es un día, la dinámica para el otro día es surtir gasolina. Los vehículos son usados para buscar comida; entonces al otro día si llega la electricidad, ese día es para lavar. Entonces la dinámica diaria se ha vuelto un reto, porque los que ahorita no estamos trabajando nos dedicamos a superar estos retos que no generan ninguna ganancia en nuestra actividad económica”, cuenta.

“Lo que antes una tarea normal llevaba horas, ahora lleva días”.

La empresa donde trabaja, cuyo nombre prefirió omitir por razones de seguridad, fue saqueada en sus distintas sedes y por los momentos él está en una suspensión laboral activa. “Bueno me he convertido en un ayudante de las cosas que son cotidianas, que básicamente representan un reto. Si no tienes agua, toca trancar o trabajas; no tienes gasolina, toca buscar o trabajas, porque ahora las tareas del hogar se han intensificado”.

Solo surtir 30 litros de gasolina al carro representa invertir entre siete y ocho horas;  las colas en las estaciones de servicio se extienden hasta cuatro y siete cuadras. Él como muchos llega a la bomba antes de que salga el sol, aunque eso ya no reporta ninguna ventaja, mucho menos en una ciudad donde hay colas VIP o exclusivas para funcionarios.

Despacito

El mandatario regional dijo este viernes que el “Zulia tiene ahorita 51 por ciento de energía”. Añadió que junto con empresas del Estado iniciará la recuperación de varias máquinas de la Termozulia, además el encendido de 70 megavatios en Ramón Laguna, el cual necesitaba el agua de Hidrolago.

“Serán reparadas varias máquinas de Termozulia para la generación de 400 mevagativos más el ensamblaje de una nueva termo de 500 megavatios, su instalación durará nueve meses para poder cubrir 100 por ciento la demanda del Zulia”, informó.

Detalló que luego de las reparaciones en Tulé se levantó el caudal de tres mil litros por segundo. “Hemos mejorado la distribución del agua potable”, dijo.

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