“Chaveiros” y “pranes”, paralelismos de las cárceles en Brasil y Venezuela #InstintoDeVida

La ausencia de control del Estado potencia el autogobierno dentro de las cárceles. Esta verdad se vive en el sistema penitenciario de Brasil y también en el de Venezuela . Las dos experiencias fueron relatadas este jueves 10 de mayo por el sociólogo brasileño José Luiz Ratton y su homólogo venezolano, Andrés Antillano.

Ratton explicó que Brasil es el segundo país de América del Sur con la mayor tasa de encarcelamiento, por debajo de Uruguay. Allí existen 700 mil presos, de los cuales 40% no ha sido condenado. La proporción para 2017 era de 306 presos cada 100 mil habitantes, cuando la media mundial es de 144, según el Departamento Penitenciario Nacional (Depen).

“Las cárceles de Brasil son horribles. Hay directores de centros penitenciarios que permiten que los presos salgan a delinquir los fines de semana y les cobran un porcentaje de lo obtenido”, aseveró el experto,, quien estuvo una semana en Caracas para conversar sobre los resultados del plan Pacto por la Vida, el cual ayudó a elaborar en la ciudad de Pernambuco  y con el que logró reducir los homicidios en 40%.

Uno de los mayores problemas del sistema penitenciario de su país es el dominio de las cárceles por los privados de libertad. Desde los años ’90 existe una organización llamada Primer Comando de la Capital (PCC) integrada por detenidos que buscaban mejoras carcelarias. Actualmente son considerados la mayor organización criminal de Brasil y cuenta con 11.000 asociados.

El PCC tiene a sus dos principales líderes apresados en Sao Paulo, entidad que tiene 40% de la población penitenciaria de Brasil.

“Son como las mafias. Pueden pagar abogados, comprar policías y guardias de prisión, y adquirir drogas y armas. Controlan todo el mercado criminal en las cárceles, principalmente en la federal de Sao Paulo”, manifestó Ratton.

Paradójicamente, una década después de la instauración del poderío del PCC disminuyó la violencia carcelaria. El sociólogo brasileño expuso que esto podría deberse a la legitimidad que le dieron los privados de libertad y la ley implícita de “hermano no mata a hermano en prisión”.

Para 2018, los conflictos carcelarios en Brasil se siguen viviendo en el interior del país, donde el PCC intenta penetrar y obtener el monopolio del mercado criminal.

Los “chaveiros”

Pernambuco, ciudad natal de Ratton, concentra 1% de los homicidios que ocurren en el mundo, y sin embargo, allí ocurren más asesinatos en un año que en todo el continente europeo. Cuenta con una cárcel con capacidad instalada de 2 mil 250 privados de libertad, pero que para este año alberga a 7 mil detenidos.

En esta instalación y también en las de otros estados, surgió la figura de los “chaveiros” o llaveros. Según Ratton, estos son líderes de pabellones que son seleccionados por el director de la cárcel, pero que deben contar con la confianza de los aprehendidos.

“Éste controla entonces el mercado dentro: sexo, armas, droga, comida, habitación. Pero al mismo tiempo es el que ayuda a las autoridades penitenciarias“, indicó.

“El carro”, la autorregulación en Venezuela

Después de cinco años de trabajo de campo en una penitenciaría del país, Andrés Antillano, sociólogo y profesor de la Universidad Central de Venezuela (UCV), determinó que el aumento de la población carcelaria promueve el surgimiento de autogobiernos.

El especialista indicó que para 1990, en las cárceles existían bandas que controlaban parte de los recintos y estaban enfrentadas entre sí. Después de esta década, apuntó que hubo un crecimiento de la cantidad de privados de libertad: de 12 mil presos llegó a 50 mil en 2017 (sin contar los aprehendidos en comisarías policiales).

“Esto rompe la gobernabilidad del Estado sobre los centros de reclusión, debido a que hay más presos que guardias. Permite que se legitime el ‘uno contra el otro’ si se garantiza el control de la violencia”, manifestó Antillano, quien aseguró que existe una demanda de autocontrol permanente en las cárceles.

Otro factor que ayuda al surgimiento de autogobiernos es que tomar el poder de un centro penitenciario es una oportunidad económica para los detenidos que logren convertirse en “El Carro” (grupo dominante). “El aumento de la población no es una respuesta a la sociedad, podría entenderse más bien como una manera de hacer una nueva economía. A mayor población penal, mayor es la extorsión“, dijo Antillano.

El estudio etnográfico permitió determinar que el autogobierno carcelario establece normativas internas que van desde controlar la manera de vestir del reo hasta su comportamiento. Precisó que incluso existen especies de tribunales y sanciones determinadas a quien transgreda esas reglas, a lo que Antillano llamó la organización social.

En cuanto a la organización política, mostró cómo la jerarquización de los privados de libertad es similar a la del Estado. Existe el principal, quien dirige el grupo dominante, los “luceros“, que son los hombres de confianza (emulando a los ministros), y la población.

“No hay espacio para la violencia privada. La violencia es controlada por ‘El Carro‘, que también garantiza a los privados de libertad la protección interna y externa; así como el suministro de bienes y servicios“, explicó el sociólogo venezolano.

Los autogobiernos carcelarios también tienen una organización económica a través de la extorsión, cobro por la existencia de comercios dentro del recinto y una dinámica de trabajo forzado para los trangresores de las normas.

Ambos especialistas invitaron a reflexionar en cómo el Estado puede retomar el control de las cárceles y no dejarlo en manos de los detenidos.

El conversatorio fue la actividad de cierre de la jornada organizada por la Red de Activismo e Investigación por la Convivencia (Reacin) como parte de la iniciativa internacional de Instinto de Vida, que busca la reducción de homicidios en siete países de América Latina.

El programa “Pacto por la Vida” logró reducir los homicidios en Pernambuco #InstintoDeVida

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