De la curul a las colas: ni los diputados se salvan de la escasez
La escasez de medicinas y de alimentos ha obligado a los diputados a dividirse entre el trabajo parlamentario y las necesidades familiares
Aunque legislar es un trabajo de tiempo completo, la escasez de medicinas y de alimentos ha obligado a los diputados a dividirse entre el trabajo parlamentario y las necesidades familiares.
Las redes sociales y los grupos de WhatsApp se han convertido por ejemplo en fuentes de búsqueda importantes para ubicar las medicinas que necesitan. Los que son del interior viajan a la capital tres veces a la semana y aprovechan los días que están de vuelta en su tierra para recorrer abastos o farmacias.
“Mi padre de 92 años de edad fue operado de corazón abierto el año pasado y toma 8 medicamentos distintos al día. En ocasiones, hemos tenido que traerlos de Colombia”, comentó el diputado opositor, Biaggio Pilieri.
Mientras ocupa su curul en Caracas, su familia se turna para hacer cola. “Hacer mercado se ha convertido en un viacrusis, mis dos hijos y mi esposa hacen colas y cuando yo estoy en Yaracuy también me sumo a la penuria de buscar las medicinas y los productos” dijo el parlamentario, que aseguró no estar exento de la realidad del país ni tener privilegios.
Con 53 años, la profesora y diputada Milagros Eulate se las ingenia para comprar comida. “A mí me toca comprar los viernes y se me hace imposible, pero las veces que me he escapado, me he conseguido con la desesperación del pueblo y uno termina llorando con ellos porque es parte de lo que uno es”, manifestó la varguense.
En su casa ya no comen las mismas raciones de comida. “Nosotros pasamos las mismas dificultades que todo el mundo. Por ejemplo, antes comíamos cuadril y muslo de pollo, ahora comemos una sola pieza cuando se consigue. Los niveles de nutrición de las familias cada día son menores”, afirmó.
El año pasado los venezolanos comieron menos y peor según la última Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi). El estudio arrojó que más de tres millones de personas comen dos veces al día o menos.
Conseguir los medicamentos para la quimioterapia de su cuñada también se le ha hecho cuesta arriba a la familia de la diputada. “Tengo mi cuñada con cáncer, mi mamá acaba de fallecer por esa enfermedad, y una de mis hermanas también tiene riesgo de padecerlo. Muchas veces nos ha tocado buscar el tratamiento por las redes sociales, buscar en los hospitales o en las farmacias y a veces uno tiene que dejar solo al familiar para poder hacer el trabajo legislativo. Mi papá tiene 95 años y tiene una fractura en la cadera y su recuperación ha sido difícil y costosa”, manifestó.
La bancada del oficialismo tampoco la tiene fácil. Ricardo Sanguino desmintió que goce de beneficios especiales y admitió que ha tenido que pagar productos con sobreprecio. “Dicen que soy millonario, que llegan camiones de Mercal a mi casa, que tengo guardaespaldas y les puedo decir que en 15 años de trabajo parlamentario no he tenido privilegios de ningún tipo. Mi familia hace cola y a mí me tocan los precios más elevados porque no tengo tiempo para hacerlas”, dijo.
Condenó el bachaqueo y aseguró que se están desarrollando acciones para contrarrestarlo. “El bachaquerismo es una realidad. En donde yo vivo, en los siete u ocho centros de distribución de alimentos, hacen la cola cientos de personas que no viven ahí y que se nota que son bachaqueros”.
Sanguino es uno de los diputados con más edad, a sus 73 años toma medicamentos para controlar la tensión y le ha costado encontrar una de las pastillas que necesita.
Nora Delgado también integra la bancada chavista y dice que en ocasiones ha sido “atracada por el privado especulador”. El único día que puede hacer sus compras es el domingo. Temprano, en la mañana, su hija adolescente la despierta e inician el recorrido por los abastos y supermercados cercanos.
En ocasiones los consejos comunales le apartan bolsas de comida de los operativos que hacen en los mercados a cielo abierto. “Los diputados y diputadas somos seres humanos y ciudadanos igual que el resto del país, con el proceso revolucionario logramos esa integración con el resto de la población para alejarnos de la condición elitista (…) Mi pueblo me ayuda y me apartan bolsitas con algunos productos que yo después pago y mis hermanos que viven en Guatire hacen cola por mí”, declaró.
La diputada Mariela Magallanes, de la bancada de la MUD, ha tenido que buscar Benicar, la pastilla que toma su esposo para la tensión, hasta en los grupos de WhatsApp. “Cada vez que se le va a terminar la pastilla a mi esposo es un dolor de cabeza. Mi hija tuvo otitis hace dos semanas y la doctora me dijo que si conseguía el tratamiento se lo aplicara y si no, tendría que aguantar el dolor. Eso te lo dice un médico venezolano con toda la frustración. Cuando llego a una farmacia nadie sabe que soy diputada y cuando el farmaceuta te dice que es posible que no llegue el medicamento porque el laboratorio cerró, es un desespero muy grande”, expresó.
Mamá de tres hijos –una de 5 años- confiesa que no tiene tiempo para hacer cola y que sus hijos mayores y su esposo la ayudan. “Ahorita nos estamos bañando con jabón de lavar porque no hay de baño. A veces no hemos tenido otra opción que conseguir los alimentos por los caminos verdes”, manifestó.
El diputado chavista Amado Heredia aseguró que aprovecha los días que retorna a Bolívar para ayudar a su familia. “Nosotros nos tenemos que adaptar, no tenemos facilidades por ser diputados. Yo estoy en la capital tres días a la semana y el resto estoy en la región y me organizo con mi familia. Hay asistencia directa del alimento a través de los consejos comunales y los medicamentos para la diabetes los hemos conseguido por el servicio telefónico que brinda el sistema nacional”, aseguró el parlamentario.
Foto: AN
