Unos 7.000 venezolanos han ingresado a Panamá por el Tapón de Darién en 2022

VENEZUELA MIGRANTE · 26 MAYO, 2022 08:17

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Reymar Reyes Moncayo | @MoncayoReymar


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Según estadísticas del Servicio Nacional de Migración de Panamá, entre enero y abril de 2022, al menos 6.951 venezolanos cruzaron por el paso irregular del Tapón de Darién para entrar a Panamá.

Esta cifra representa casi el triple de los 2.819 venezolanos que cruzaron por esta zona selvática, considerada como una de las rutas más peligrosas del mundo para personas refugiadas y migrantes, en todo 2021.

El flujo de connacionales por este tramo migratorio varió entre 1.153 y 1.760 personas mensuales entre enero y marzo de 2022. Sin embargo, en abril se registró un pico de migrantes cuando entraron 2.694 venezolanos por esta vía.

Aumento de cruces por el Darién

La Organización de Nacionales Unidas (ONU) ya ha alertado sobre el aumento de connacionales en esta ruta, pues la nacionalidad venezolana ahora posiciona como la que más se repite en este registro, mientras que en el mismo periodo del 2021 solo se había contabilizado el tránsito de 15 venezolanos durante el mismo periodo.

Mientras tanto, por el Tapón de Darién también transitan haitianos (2.195 en lo que va de año), cubanos (1,579 en lo que va de año), nacionales de Senegal (1,355 en lo que va de año), Angola (934 en lo que va de año) y otros países de África, Antillas, Asia, Europa, Oceanía, Eurasia, América Central y América del Norte, según los datos oficiales.

En total, durante 2022, al menos, 19.092 personas de diferentes nacionales han entrado a Panamá por la selva del Tapón de Dairén. De esta población, 3.078 son niños y los otros 16.014 son adultos.

Por su parte, el año pasado 133.726 migrantes de diversas nacionalidades, incluyendo 29.000 niños, cruzaron el Tapón de Darién, según estadísticas oficiales. Los meses con más flujo de migrantes fueron julio (18.813), agosto (25.332), septiembre (25.505) y octubre (25.904). El resto de los meses el flujo migratorio varió entre 1.071 y 10.267 personas.

Estadísticas del Servicio Nacional de Migración de Panamá

En el caso venezolano, la ONU ya advirtió que este comportamiento es muestra del  «impacto socioeconómico que ha provocado la pandemia de COVID-19 en los refugiados y migrantes de Venezuela en distintos países de acogida en América Latina y el Caribe, quienes cada vez más se dirigen hacia el norte del continente (…) en situación de movilidad humana».

¿Por qué es tan alarmante el tránsito por el Darién?

Según explica la ONU, el Tapón del Darién, «que marca la frontera entre Colombia y Panamá, se extiende sobre 5.000 kilómetros cuadrados de junglas, ríos y montañas escarpadas, una topografía que la convierte en una de las rutas más peligrosas del mundo para personas refugiadas y migrantes».

«Las travesías que cruzan esta región pueden tomar hasta diez días para las personas en mayor situación de vulnerabilidad, quienes se exponen tanto a amenazas naturales y como a grupos criminales violentos que pueden llegar a cometer abusos sexuales o robos», señala el organismo.

Por ejemplo, Médicos Sin Fronteras (MSF), ha atendido a 89 víctimas de violencia sexual en los puntos de recepción de migrantes en la provincia del Darién en lo que va de 2022. Además, durante el año pasado se reportó la muerte o la desaparición de, al menos, 51 personas.

Qué dice HRW

Aunado a estos peligros, MFS ya denunció que las condiciones de recepción de migrantes en la provincia del Darién, en Panamá, se están deteriorando y que los recursos asignados para su atención no son acordes a los estándares internacionales.

El trayecto y las condiciones a las que se enfrentan

Luego de realizar un viaje a la selva del Tapón de Darién, el investigador de Human Rights Watch (HRW), Juan Pappier, describió la ruta actual que transitan los migrantes que emprenden la travesía a través de esta frontera entre Colombia y Panamá.

Según explicó en un hilo de Twitter, hasta el año pasado, los migrantes llegaban a la comunidad de Bajo Chiquito, a través de Capurganá y Acandí. Sin embargo, ahora llegan a Canaán.

«El cambio de ruta ocurrió luego de que, al parecer las AGC, asesinaran al líder Fredy Pestana Herrera, quien había promovido la ruta por Acandí», aseguró.

Agregó que para llegar a Canaán muchos pagan una lancha (hasta 300$/pasajero) desde Capurganá (Colombia) a Carreto (Panamá), de los cuales el camino de Carreto a Canaán más corto y seguro. «Pero quienes no tienen el dinero deben caminar desde Capurganá y tienen riesgos mayores de sufrir abusos», advierte.

Por esto, decenas de migrantes que transitaron a pie el camino de Carpurganá relataron a investigadores de HRW que fueron asaltados por grupos criminales y que fueron víctimas de violencia sexual.

El investigador agregar que la mayoría de los asaltos armados y abusos sexuales parecen ocurrir en una zona conocida costera conocida como Armila y después de cruzar una loma, que los migrantes identifican como «loma de la muerte».

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Así, luego de caminar entre 2 y 10 días, los migrantes llegan, normalmente aterrados y hambreados, a un rancho indígena conocido como «El Abuelo». De ahí, deben tomar una lancha de 3 horas hacía Canaán Membrillo, donde las autoridades fronterizas y de migración toman sus datos.

Canaán Membrillo, según explica Pappier, es una comunidad indígena Embera de apenas 300 personas. Allí, a pesar de que cuenta con un puesto de salud, que ha sido recientemente refaccionado, no hay médicos ni insumos de salud para atender a la comunidad o a los migrantes.

Luego de pasar la noche en Canaán Membrillo, los migrantes deben pagar 25 dólares para ir en piragua, una embarcación larga y estrecha, hasta Puerto Limón, donde un camión del gobierno los lleva hasta el puesto migratorio San Vicente.

Atención limitada

Sin embargo, en San Vicente la atención a los migrantes también es muy limitada. «No vimos médicos del estado ni fiscales allí. La defensoría del pueblo, agencias humanitarias, como UNICEF, y ONGs, en especial MSF y Cruz Roja, cumplen un rol crucial, aunque no dan abasto», denuncio Papper. 

Por esto, los funcionarios públicos en San Vicente, que son agentes migratorios o de seguridad, ante la falta de protocolos, terminan a cargo de tomar decisiones sobre casos para los que muchas veces no están capacitados. “Por ejemplo, atender a niños separados o víctimas de violencia sexual”, explica Pappier.

Posteriormente, desde San Vicente, los migrantes deben tomar un autobús, con un costo de 40 dólares por persona, hasta la estación migratoria Planes de Gualaca en Chiriquí, en la frontera de Panamá con Costa Rica. “Allí la atención también es precaria. No vimos ni fiscales, ni médicos, ni funcionarios de agencias de refugio o de protección de menores”, añade Pappier.

“A los migrantes y solicitantes de asilo les queda mucho viaje por delante para llegar a EEUU, pero muchos ya han sufrido abusos aberrantes y han recibido poca protección y acceso a la justicia”, concluye el investigador.

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