"No mató a nadie, no robó a nadie", familia de detenido en alzamiento militar denuncia maltratos - Efecto Cocuyo

SUCESOS · 14 MAYO, 2019 13:19

“No mató a nadie, no robó a nadie”, familia de detenido en alzamiento militar denuncia maltratos

Texto por Vanessa Moreno Losada | @MoreLosada24

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En sede de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) de Boleita, mantienen herido de perdigón a un hombre de 29 años. Jonathan Batatima Noria fue arrestado el 30 de abril a las 2:30 pm. Pasó por el distribuidor Altamira, escenario desde el que se proclamó un alzamiento militar que volvió subir el termómetro del conflicto político. Ahora él es un preso político, uno de los 859 que hay en el país y su familia sortea el retraso procesal.

Jonathan es albañil de corazón y mototaxista cuando lo primero no da para comer. Nunca participó en protestas por sus derechos. Tampoco seguía de cerca la lucha que la oposición al Gobierno de Nicolás Maduro. Mucho menos estaba al tanto de que a minutos antes del amanecer, ese martes, Juan Guaidó, presidente encargado, iniciaba el “cese de la usurpación”. Detrás, cerca de 20 militares lo acompañaban.

El pronunciamiento desencadenó represión. Funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) y de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) atacaron a todo aquel que se mostró a favor de Guaidó. Perdigones, bombas lacrimógenas y hasta disparos. También detuvieron al menos cinco personas, registradas por Foro Penal.

Entre esas estaba Jonathan y su pasajero.

Una carrera, un desvío

A kilómetros del conflicto, Jonathan aceptó llevar a un joven hacia La Bandera. En la línea San Miguel Arcángel de Petare, el resto de los compañeros no quisieron aceptar el servicio.

“Se fue por la Francisco de Miranda y quiso tomar la autopista por Altamira. Ahí se dio cuenta de que no podía pasar, porque había un piquete de la GNB. Cuando se regresaba, los militares le cortaron el paso. Lo acusaron de guarimbero y sin mediar palabras lo golpearon. A él y al pasajero”, dijo Juan Carlos Batatima Noria, hermano del detenido.

El relato de la detención arbitraria continúa. Según sus parientes, mototaxista y cliente fueron encapuchados. A ambos les dispararon a quema ropa con la carabina de perdigones. Esa noche, durmieron en las celdas de la PNB en La Yaguara con heridas en la espalda y en las piernas.

“A una vecina le avisaron que mi nieto estaba preso en La Yaguara. Pero el mensaje le llegó a las 10:00 pm y ella me avisó fue la mañana siguiente”, indicó Emeregilda Serrades, abuela de Jonathan.

Primera vez

El Ministerio Público imputó a Jonathan y otros seis hombres más por delitos de terrorismo. La prueba que usó el fiscal fue un chaleco antibala, un pasamontañas y armas que le habrían incautado. “Eso es mentira. A Jonathan lo sembraron. Si él tenía un chaleco antibalas ¿por qué tiene esa herida de perdigón en la espalda?”, argumentó su hermano.

El Tribunal 5° de Control del Área Metropolitana de Caracas impuso una medida cautelar de dos fiadores y cuatro testigos. A dos semanas de la aprehensión, todavía la familia continúa con el papeleo. “Es que pidieron muchas cosas, RIF, carta de buena conducta, carta del consejo comunal. Ya tenemos a la gente, pero esto ha sido lento”, lamentó Emeregilda.

Mientras pasan los días, la familia Batatima se organiza para visitar a Joanthan. En la sede de la PNB de Boleita, conocida como Zona 7, lo tienen recluido en la celda “El Inframundo”. Pese a que tiene una herida abierta, permanece hacinado con más de 20 hombres en un espacio tan pequeño que debe dormir de pie.

Diariamente, los parientes deben reservar al menos 10 mil bolívares para ir a verlo. La comida es una necesidad que el cuerpo policial no cubre a sus aprehendidos. Por eso, papá, hermano, cuñada, hermana y abuela deben hacer hasta cinco horas de cola. Un esfuerzo cuya única recompensa es saber que Jonathan aún sigue vivo.

“Sí. Un médico le vio la herida. Pero no tenemos dinero para comprarle las medicinas. Solo pudimos llevarle el antibiótico. Y allí no le están haciendo la cura”, manifestó Emeregilda.

Jonathan no es un delincuente. Esa es la esperanza de la familia Batatima. Antes del 30 de abril, ninguna conducta de sus integrantes los acercaba a una detención. “Él no robó a nadie, no mató a nadie. Esto es una dictadura, pero él no tiene que estar preso. Esa es nuestra fe”, exclamó Juan Carlos, el hermano.

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