María Gracia Batista, una astrofísica venezolana que quiere saber el origen de las estrellas

CIENCIA · 22 ENERO, 2021 06:30

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Efecto Cocuyo | @efectococuyo


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Cuando usamos los telescopios, de los más pequeños a los más potentes para observar objetos en el espacio, en realidad estamos mirando al pasado. Pero, ¿cómo eso es posible?

Pues, sí. La luz viaja a una velocidad de 300.000 kilómetros por segundo. Parece que se mueve muy rápido, pero los cuerpos del espacio están tan lejos que su luz tarda mucho en llegar hasta nosotros.

Cuanto más distante está el objeto, más tiempo tarda en llegar la luz y, por lo tanto, lo que vemos está aún más lejos en el pasado.

Esta es una de las interrogantes que, con mucha emoción, responde María Gracia Batista, una astrofísica venezolana que en la actualidad es la coordinadora del Observatorio Astronómico de la Universidad Nacional de Colombia.

Sí, leyó bien. Batista es de Valencia, estado Carabobo, y, al igual que la luz, viaja muy rápido en el fascinante estudio del universo, pero sus logros están cerca y no tardan en llegar hasta nosotros.

Astronomía en Venezuela paso a paso

Batista logró ejercer la astronomía en Venezuela. Pero, al igual que muchos profesionales en el país, tuvo que pasar por decisiones académicas para poder vislumbrar el rumbo de su carrera.

En 2011 se graduó como Licenciada en Física en la Universidad de Carabobo y, cuando estaba en proceso de su pregrado, debió decidir la especialidad. Desde la materia condensada o la física de partículas, ella decidió la óptica.

“Yo decidí irme por la parte de instrumentación, de la óptica. Básicamente, aprendí cosas relacionadas con deposiciones de películas delgadas para hacer los espejos, manejo de láser, óptica computacional, (…) Entonces, cuando termino mi tesis, es como ‘Ok, María sabe hacer instrumentos, muy bien, pero aplicados a qué’. De allí fue que con la maestría elegía el rumbo que iba a tomar en la parte de instrumentación. Ya tenía compañeros que estaban en el CIDA [Centro de Investigaciones de Astronomía], me dije ‘¿por qué no hacer instrumentación astronómica?’”, cuenta Batista a Efecto Cocuyo vía Meet.

Entre risas, cuenta que, cuando llegó al Centro de Investigaciones de Astronomía (CIDA) en Mérida, se sentía que estaba en un estado “híbrido” porque “no sabían si yo iba a apretar tornillos o si iba de verdad a hacer investigación. ‘No entendemos’, me decían, estás como en un rol de ingeniera, pero al mismo tiempo como científica”.

Para ese entonces, la política académica del CIDA era formar a los estudiantes como investigadores. Y allí, estaba María Gracia Batista, creando –para su tesis de Maestría- un sistema correctivo a uno de los telescopios robotizados del Centro.

No, al final no estaba apretando tornillos.

“Para uno de los cuatro telescopios, el que está robotizado y cuya cúpula se mueve junto con el telescopio para que no se bloquee y que tiene metro y medio de diámetro, diseñé un sistema correctivo con el cual podíamos quitar los espejos y funcionaría con el sistema correctivo como un nuevo telescopio con un ancho más amplio”, explica.

Es algo así como cambiar unas gafas o unos binoculares.

“Con el sistema original, veías un pedazo chiquito de cielo y con los nuevos lentes ya veías un campo más amplio del cielo con la misma calidad con la que veías el campo chiquito”, confirma.

Un proyecto ambicioso, pero, tras las reducciones de presupuesto por las que ha pasado el CIDA, no pudo materializarse completamente y “quedó el modelo hecho”.

De Venezuela a Panamá y Colombia

A pesar de la situación presupuestaria en la institución de astronomía, Batista logró obtener conocimientos suficientes para ejercer su vocación en su país.

Sin embargo, un evento inesperado marcó un antes y después en su vida y se convirtió en uno de los motivos para migrar: el secuestro de su padre.

Ya como Magister en Física, terminó sus estudios en el CIDA en 2014, pero siguió asistiendo como observadora hasta 2015.

“De allí vino todo el tema de las guarimbas, el bloqueo en Mérida… En lo que tuve la oportunidad me regresé a Valencia, de donde soy, estuve un tiempo con mis papás (…) El día que me devolví a Mérida, intentamos salir a las 6:00 am al terminal de buses; en esa salida, cuando mi papá sacó la camioneta, yo me bajé para buscar a mi mamá que siempre se retrasa, pero en ese trayecto lo abordaron y lo secuestraron”, cuenta.

A Batista le tocó lidiar y resolver esa situación: “Fui la última llamada del celular de mi papá, se trataba de un secuestro exprés, por lo cual tienes 24 horas para bien o para mal. Fue todo un tema, pero finalmente lo rescatamos bien”.

“Como estuve dentro de todo el proceso, sabían todo de mí, así que cuando lo recuperamos, una semana después me fui a Mérida a buscar lo que pude”.

Por prevención, era hora de emigrar.

El 7 de octubre de 2015 ya estaba en Panamá, donde reside uno de sus hermanos.

“Yo llegué como turista, no llegué con visa para trabajar en Panamá. Recuerdo que mi hermano me dijo ‘bienvenida a Panamá, estoy bien, pero tampoco puedo asumir la totalidad de tu estadía’. Le respondí ‘en lo que me toque trabajar, con gusto’”, rememora.

Dos días después, su hermano le informó de una vacante laboral: sacando copias en un concesionario Mazda.

“Mi hermano me lo dijo como con pena, por todo lo de mi carrera y el posgrado, pero yo dije ‘bueno, está súper’. Estaba anonadada, cuánta gente no llega aquí y pasan meses y todavía no encuentran trabajo”, relata.

Ya en el concesionario, donde había una María Gracia Batista decidida a “sacar las mejores copias, porque donde llegues tienes que hacerlo bien”, recibió un correo electrónico donde le informaban que la Universidad Nacional de Colombia estaba considerándola para el puesto que tiene actualmente.

Resulta que antes de emigrar a Panamá, una investigadora del CIDA envió un correo con esa vacante y Batista lo respondió con su currículum.

“Yo no había escuchado nunca de esa universidad. Envié mi CV y me postulé. Pensé ‘en Colombia y Venezuela hay un montón de gente que puede hacer esto’, pero por qué no, vamos a intentarlo”, dice.

A partir de allí, vinieron las entrevistas y unas cinco etapas de prueba.

“Fueron muy empáticos, les hice saber desde el principio que no estaba en Venezuela. Pero luego de pasar las cinco etapas me dijeron que sí, que el nuevo semestre comenzaba en febrero y debía ir antes para lo del contrato, la visa (…) Fue demasiado impresionante para mí”, narra, todavía, con una voz de sorpresa.

Aunque hizo sus maletas pensando en el clima tropical de Panamá, le tocó cambiar de equipaje a uno para el clima frío en Colombia, donde está ubicada la Universidad Nacional y su observatorio astronómico, su nuevo sitio de trabajo.

“No soy delincuente”

Como astrofísica, María Gracia Batista ha labrado una carrera exitosa en Colombia. Por casualidad, en sus palabras, se dieron cuenta de que es la primera mujer docente del Observatorio Astronómico de la Universidad Nacional de Colombia y así la nombraron.

Pero, su reconocimiento tuvo un vuelco mayor cuando tuiteó con la etiqueta #NoSoyDelincuente, que salió minutos después de que la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, comentó en una alocución que “hay venezolanos inmigrantes metidos en criminalidad que nos están haciendo la vida de cuadritos”.

Aunque Batista confirma que el comentario de López no fue la razón para escribir con la etiqueta, su tuit tuvo más de 13.000 favoritos y casi 4.000 retuits, acompañados por miles de respuestas de otros connacionales que rechazaban las declaraciones de la alcaldesa.

“Simplemente, vi la tendencia. Había varios venezolanos diciendo ‘hey, no generalicen, soy venezolano y estoy aquí y no soy delincuente’. De ahí fue que se me ocurrió poner el mío como uno más. Realmente surgió como una catarsis por lo que vi en las tendencias, pero miento si te digo que fue en respuesta a Claudia López. No estaba buscando ponerme en guerra con ningún dirigente político de Colombia, no me conviene. Pero sí fue en respuesta a las tendencias”, explica.

 

 

A partir de ese momento, Batista se convirtió en un ejemplo no solo para sus paisanos migrantes, sino para toda una generación de niños, niñas y adolescentes que al igual que ella, desean fascinarse por la pasión del universo.

De la óptica al estudio de las estrellas

Cuando estaba en primer grado de primaria, María Gracia Batista lloraba porque “me sentía bruta para las matemáticas; era tapadísima para los números”. Quién diría que su futuro estaba centrado en los números.

“De tanta práctica, le agarré cariño a las matemáticas. Cuando estaba en sexto grado, me metí en las Olimpiadas de Matemática y llegué incluso al tercer puesto en Carabobo”, relata.

Para ella, fue “la vuelta a la tortilla” pasar de odiar las matemáticas a que le gustaran. Incluso, primero quiso ser astronauta, pero luego quiso ser maestra de preescolar.

Aunque no se convirtió en maestra o astronauta, su pasión la lleva a viajar por todo el universo desde la Tierra.

Actualmente, estudia los objetos T Tauri, en la formación de estrellas, para lo cual le ha servido su experiencia en óptica.

“El tema de instrumentación te da esa noción de cuáles cosas son factibles y cuáles no son factibles de ver. Muchas veces uno lee y se pregunta ‘cómo lo vemos’, eso requiere unos niveles de precisión y resolución”.

La conexión entre la óptica y los objetos T Tauri fue Jesús Hernández, quien era profesor del CIDA y que “curiosamente” no le dio clases a Batista. Pero Hernández terminó por mostrarle dos opciones de temas a Batista para su tesis de doctorado.

“Yo nunca vi clases con él, ni siquiera [materias] electivas, pero era súper amigable y accesible, de esas personas que tienen buena relación con la investigación y con la instrumentación. Él viajó a Colombia y tuve el honor de que me mostrara dos propuestas”, dice Batista.

La física no tuvo dudas al elegir estudiar los objetos T Tauri, porque era su oportunidad para tener evidencia observacional de estos objetos cuasi invisibles.

“Para poner una perspectiva: una estrella como el Sol, en su primera fase, puede pasar 9.000 millones de años, y los objetos T Tauri tienen 2.000.000 millones de años, son muy jóvenes [en términos de astronomía]”, explica.

Justamente, sigue explicando Batista, el telescopio ALMA, que trabaja el nivel de radio y submilimétrico del espectro, “está logrando ver la formación de esos objetos T Tauri, todo el tema de los discos protoplanetarios y está empezando a resolver todos estos problemas que solamente estaban planteados en artículos”.

 

“Ahorita tengo la oportunidad de manejar casi 10.000 objetos. Si no es la más grande, es una de las muestras más grandes que se van a reportar, unos 9.700 confirmados como T Tauri”, adelanta Batista, con entusiasmo, a Efecto Cocuyo.

Los sueños sí se cumplen

Según Batista, la astronomía “nunca ha sido una carrera que uno la piense por dinero, por fama, ni por múltiples opciones de trabajo. Es de esas carreras donde uno lo hace porque sientes que es lo que quieres hacer; es algo que comienza como un hobby, una duda o una curiosidad general del espacio y porque sientes que ser científico es un rol en el que sueñas y te visualizas estando ahí”.

“Todas las carreras son necesarias. Contrario a lo que puedas pensar, no soy una evangelizadora de la ciencia o de la astronomía, sino que soy una fanática que creo que la gente tiene que hacer lo que le apasione porque eso es lo que la va a hacer buena”, resalta la física venezolana.

Batista reitera que no basta con hacer las cosas bien, sino con pasión, entrega y ganas. Además, considera que los jóvenes deben tomarse el tiempo de ver todas las opciones, “las carreras que dan y las que no dan dinero”.

Para ella, desde su experiencia como astrónoma y luego como migrante, “toda carrera tiene un sacrificio tremendo, incluyendo la astronomía. En mi caso, lo que me hace levantarme todos los días es saber que voy a hacer mi trabajo, saber que estoy haciendo lo que me apasiona. Ningún trabajo va a ser fácil o va a ser menos importante”.

“Se necesitan todos: albañiles, científicos, heladeros, meseros, investigadores, todo para que la sociedad funcione y eso lo recordé cuando llegué a Panamá y me tocó sacar esas copias. Yo dije, ‘si voy a sacar copias, van a quedar centraditas, legibles, hermosas, preciosas, porque es mi trabajo y lo voy a hacer lo mejor que pueda’”, detalla.

“Mi consejo para las personas es que sean las mejores personas y los mejores profesionales que puedan ser en el área que les apasione y si su área es la ciencia, no sientan miedo porque su pasión y su entrega por la ciencia –o por lo que elijan- es lo que le va a abrir las puertas para que encuentren el espacio para trabajar”, concluye.