Lo que hay en el lago de Maracaibo, un ecosistema resiliente

SOLAZ · 10 SEPTIEMBRE, 2021 06:00

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Rosmina Suárez Piña


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Uno de los símbolos más representativos de Maracaibo, que llegó a sus 492 años de fundación, es su lago. Y no es para menos: además de estar conectado al mar, es el lago más grande de Sudamérica y uno de los 20 más grandes del mundo.

Sin embargo, tras el paso de años –y de explotación petrolera-, las emergencias ambientales han sido recurrentes y perjudiciales, desde derrames petroleros por falta de mantenimiento a las torres de extracción en el lago hasta basura arrastrada por cañadas y ríos.

Pero ¿sabías que en el lago de Maracaibo podemos conseguirnos a un delfín o, en algunas ocasiones, a un tiburón?

¡Sí! Y también a más de 100 especies de peces descritos, además de otros invertebrados que, juntos, son capaces de mantener vivo el gran “saco” de agua de Venezuela.

Sin escapar del peligro, claro está.

En Efecto Cocuyo conversamos con Yurasi Briceño, bióloga y directora de Proyecto Sotalia, una organización que reúne a un equipo multidisciplinario para investigar y conservar las especies de mamíferos acuáticos en Venezuela, más enfáticamente en el ecosistema del Lago de Maracaibo.

De los invertebrados más pequeños a los mamíferos más grandes

“Es uno de los ecosistemas más ricos que hay. Tiene por lo menos 145 especies descritas de peces, algunas de mucho interés comercial como el bocachico. De esas 145 especies, por lo menos 30 son endémicas, es decir, que solo se encuentran en el lago de Maracaibo, como almejas y mejilloncillos, que son propios de la cuenca [del lago]”, describe Briceño.

Además de los peces, “tenemos especies de camarones y presencia de cangrejos, entre ellos, el cangrejo azul, que es uno de los que más se explota comercialmente para la venta para comercio internacional aquí en Venezuela; prácticamente, esas latas de atún de cangrejo no se ven”, añade.

El lago de Maracaibo también es hogar de grandes mamíferos, como la conocida Tonina del lago, que en realidad es un delfín; y manatíes, que son herbívoros.

 
 
 
 
 
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Los delfines tienen una función depredadora de peces y camarones para mantener más sana la población, devorando los peces más débiles o pequeños; mientras que los manatíes se alimentan de plantas acuáticas (más de 40 kilogramos al día, cuando es un manatí adulto) y, con ello, mantienen despejada la superficie del lago para la entrada de luz solar y el proceso de fotosíntesis.

La bióloga venezolana explica que esto “contribuye a que la población de peces que se mantienen en el lago sea la más sana y la más alta incluso para el consumo humano”.

“Por eso es tan importante la relación que hay entre la presencia del delfín y la estabilidad de todo un ecosistema. Cuando los pescadores van y lanzan su red, y capturan peces, tienen la garantía de que están capturando de los mejores peces que hay en el sistema [del lago], porque ya los delfines se han encargado de controlar la población y mantenerla saludable”.

De hecho, cada vez que los manatíes nadan con su gran cola aplanada y redondeada, van removiendo el fondo del lago y eso ayuda a que todos los sedimentos se muevan en toda la columna de agua.

Igualmente, “cada vez que un manatí defeca u orina también aporta bastante nitrógeno que es un elemento muy esencial para la alimentación de la parte de las plantas en el agua de Maracaibo”, destaca Briceño.

 

 
 
 
 
 
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Básicamente, es una relación 50-50, ya que los delfines y manatíes conviven en el lago y los pescadores pueden navegar con más tranquilidad en aguas libres de plantas que puedan dañar su embarcación y, adicional a eso, pueden atrapar peces de la mejor calidad.

En el lago también podemos encontrar algún tiburón, ya que este animal es capaz de ingresar al lago y tolerar agua dulce. Pero al desplazarse por el agua corren el riesgo de ser capturados. Para la zona del golfo, hay presencia de cuanto de las especies de tortugas marinas del mundo.

“Son datos que debemos conocer porque los tiburones también hacen lo mismo que los delfines y también están siendo afectados por el petróleo, porque todo el petróleo que se derrama dentro del saco del lago contamina todo el golfo y también afecta a las tortugas marinas que están en la zona donde tienen más especies”, resume la directora de Proyecto Sotalia.

 
 
 
 
 
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Al borde del peligro

El lago de Maracaibo –y todas las especies que allí viven- se enfrenta a los derrames petroleros, descargas no controladas de aguas servidas y la caza de especies como la Tonina del lago. Y si esos peligros no se atienden, el lago podría pasar a la historia, pero por perdido.

Afortunadamente, “el lago tiene muy buena dinámica y muchas corrientes muy fuertes que ayudan a acomodar la vitalidad, pero ya se está sobrepasando su capacidad de esta de esta autodepuración porque ahora es tantísima la contaminación y menos las acciones para prevenirla, que podría llegar un momento en el que se puede colapsar”, explica Briceño.

Si bien no hay cifras actualizadas o exactas de cuántos peces se están extrayendo, para la investigadora, el lago es un ecosistema resiliente, porque “aunque tienen mucha afectación todavía hay mecanismos por los que se puede mantener”.

Las cifras solo pueden mirarse a través de los pescadores: más peces invasivos y menos peces autóctonos o más pequeños y contaminados.

“Cuando conversamos con los pescadores, como lo hacemos nosotros [Proyecto Sotalia], ellos coinciden en algo: cada vez hay más peces invasivos como la tilapia y el pavón, que no son del lago y están destruyendo a los peces autóctonos. También te dicen que no hay peces grandes. Hablaban de lisas de hasta 8 kilogramos y ahora son de 2 kilogramos. Su esfuerzo por pescar es mayor, porque hoy están utilizando los orificios más pequeños de las redes, pues si utilizan el más grande los pocos peces pequeños se saldrían”, relata.

Igualmente, ya se pueden apreciar los peces contaminados con petróleo a través del sabor. Eso no solo enferma a los animales sino también a los humanos que consumen, por los altos niveles de mercurio.

Siguiendo con los riesgos, la caza de manatíes puede medirse con un cambio temporal y reportes de que por lo menos 80 % de la población de esos herbívoros ha colapsado.

“El problema es que hay que constatarlo y verificar que es más real, pero tú ruedas por toda la cuenca del lago y casi nadie te dice que ha visto un manatí, generaciones de entre 20 y 40 años que no conocen a los manatíes. En cambio, [pescadores] entre 50 y 60 o 70 años sí los vieron, entonces ahí ves los dos cambios temporales: aunque tú no tengas un dato que yo te pueda decir sabes que, definitivamente, el lago está siendo altamente impactado”, apunta.

Sí se podría salvar

Así como podríamos perder el lago de Maracaibo, podríamos recuperarlo de tantas emergencias ambientales. Eso sí, con medidas inmediatas y contundentes, como detener los derrames de petróleo, activar plantas de tratamiento de aguas servidas y mejorar el sistema de recolección y disposición de residuos.

“Si quitas las aguas servidas, quitas residuos industriales y quitas todo lo que tiene que ver con derrames petroleros, con esas tres cosas, te aseguro que la visión que se tiene sobre el lago será diferente”, enfatiza Briceño.

Para disminuir y evitar la caza de mamíferos, Briceño, desde Proyecto Sotalia, sugiere el patrullaje, que antes se hacía de manera cotidiana, pero hoy en día no cuenta con personal.

“Antes había vigilancia y control en el lado de las embarcaciones, eso al reactivarlo evitaría que hubiese cacería dirigida porque habría una regulación. Si lo analizamos, no son acciones que requieren de algo muy inventado o extraordinario, antes se hacían de manera cotidiana. Si esto empezara hoy, probablemente en cinco años tendríamos un lago con muchísima más vida, con más presencia de fauna, con el retorno de peces grandes y con mayor presencia de manatíes, porque es posible.”

-Recuerdo cuando empezaron a decir que “el lago está muerto” …

– Cuando te digan algo así, hay que recordar que es el lago más grande de América, o sea, tiene 13.000 kilómetros cuadrados incluyendo el Golfo; es un cuerpo de agua gigante en el que también hay que forzar bastante para matarlo, que lo están haciendo, pero tienen que hacer todavía mucho más. Siempre se le da ese término de “muerto” mientras haya presencia de este tipo de fábula.

Tenemos esperanzas hasta el día que eso termine de colapsar. Ahí podríamos hablar de que [el lago] está muerto.

 

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