El caso de los hermanos Faddoul, el crimen que dejó sin palabras a la más experimentada reportera de sucesos - Efecto Cocuyo

SOLAZ · 26 FEBRERO, 2021 06:30

El caso de los hermanos Faddoul, el crimen que dejó sin palabras a la más experimentada reportera de sucesos

Texto por Reynaldo Mozo Zambrano | @reymozo

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La mañana del 23 de febrero de 2006 comenzó como un día común para la veterana del periodismo de sucesos, Sandra Guerrero.

A primera hora, Sandra estaba en la oficina de prensa del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalística, en busca de casos de homicidios de un país en el que la violencia crecía velozmente. Mientras escudriñaba, como de costumbre, en los departamentos de investigación, un funcionario se le acercó para informarse sobre el secuestro de tres niños en la urbanización Vista Alegre de Caracas.

Los hermanos John Bryan Faddoul, de 17 años, Kevin José Faddoul, de 13 años y Jason Faddoul, de 12 años de edad, fueron secuestrados cuando iban a sus clases en el colegio Nuestra Señora del Valle, en Caracas, durante el amanecer.

Los secuestradores instalaron una alcabala fantasma, a la salida de la urbanización Vista Alegre, al oeste de la ciudad. Los hombres, armados y encapuchados, se hicieron pasar por funcionarios de la extinta Policía Metropolitana. Miguel Rivas, chofer de los hermanos, estaba con los jóvenes. Le hicieron una señal de alto, que obedeció sin dudar al ver la vestimenta de los supuestos funcionarios.

Sandra, no tenía todos los detalles del caso en ese momento, pero salió de las oficinas del Cicpc junto a su equipo y otros reporteros de sucesos hasta la urbanización para hacer lo acostumbrado: buscar a los familiares, vecinos de la zona y reconstruir el hecho paso por paso.

En ese momento, no se imaginaron el trágico desenlace, ni la magnitud de la noticia. Era importante, sí, no había duda de ello. Fue un suceso que posteriormente dejaría una huella en el país y en Sandra Guerrero.

“Fue uno de los casos más fuerte que he vivido, lamentablemente. Eran unos niños inocentes. Claro que deja una huella porque uno como ser humano, como madre ve esas cosas y te afecta mucho, te marca”, dice en entrevista para Solaz.

El secuestro

Pasada las 10 de la mañana, Sandra y su equipo de trabajo llegaron al sitio, pero no encontraron a la familia Faddoul. Eran pocos los vecinos que pudieron dar detalles del suceso, así como los funcionarios del Cicpc.

“Fue bastante difícil localizar a la familia. Entonces nos dan el nombre de una persona que trabajaba en una tienda en Antímano, fuimos hasta allá, pero esa persona sabía muy poco”, dice Guerrero.

Pese a la poca información que tenían del caso, Sandra y los demás periodistas, que fueron al sitio del suceso, lograron escribir lo que había pasado.

“El titulo fue: Secuestraron a tres hermanos en una alcabala en Vista Alegre”, le viene a la memoria a Guerrero.

Los Faddoul eran hijos de un empresario canadiense de origen libanés que tenía algunos negocios en Caracas. La familia Faddoul era muy reservada, por lo que, para el momento del secuestro, ni Guerrero ni los demás periodistas pudieron establecer contacto directo con ellos.

Un día después, los secuestradores hicieron contacto con la familia Faddoul. Exigieron la cantidad de 4.5 millones dólares para liberar a los niños.

“Como había contacto continuo con los funcionarios del Cicpc, conseguimos más o menos la historia al día siguiente. Los detalles de sus edades, quiénes eran, quiénes eran sus padres y esas cosas”, recuerda Guerrero.

Días en cautiverio

Los días transcurrían. Era poco lo que se sabía de los Faddoul. La periodista Guerrero se propuso a que no se engavetara el caso. Todos los días se dirigía hacia la sede del Cicpc y con sus fuentes se informaba los detalles del caso.

“Nosotros tratábamos, todos los días, de que el caso no se detuviera y lo manteníamos en primera plana. ¡Claro!, la policía estaba trabajando. Algunas veces se conseguía información de esos trabajos que realizaban los policías, pero había que esperar ¿qué había pasado con los niños? Si estaban vivos, si los secuestradores estaban pidiendo rescate”, relató.

Mientras los Faddoul estaban en cautiverio, los medios venezolanos nunca dejaron de publicar novedades sobre el secuestro. Los periodistas y las líneas editoriales de los principales periódicos del país mantuvieron el caso vivo.

“Se publicaba a diario. No podíamos permitir que cayera en el olvido. La policía seguía trabajando y nosotros todos los días teníamos que conseguir algo para mantener el caso en la opinión pública”, cuenta Guerrero.

Era difícil establecer comunicación con los familiares, por lo que Sandra optó por establecer una relación de fuente-periodista con allegados a la familia que, aunque no brindaban mucha información, pudieron corroborar muchos detalles.

“Los familiares tenían temor y creían que si declaraban algo les podría pasar algo a los niños”, dice la periodista.

Los Faddoul estuvieron 38 días en cautiverio, su familia, el país y la prensa tenían la esperanza de encontrarlos con vida.

El caso se mantenía a la espera del resultado de la investigación policial. Se presumía que los niños estaban vivos. “Generalmente cuando hay un secuestro hay que tener cuidado con lo que se escribe para preservar la vida de las personas que están secuestradas”, advierte Guerrero.

Durante aquellos días que los Faddoul se encontraban cautivos, nunca se asumió que estuvieran muertos. “Por la familia, por la ética; teníamos que mantener la noticia en primer plano, pero sin especulaciones”, explica Sandra, años después del hecho.

La muerte

Sandra Guerrero no tiene que recurrir a su agenda para recordar que a primeras horas de la mañana del 2 de abril de 2006, le informaron que asesinaron a los hermanos Faddoul.

Una de sus fuentes le confirmó la noticia a través de una llamada telefónica. La policía había encontrado uno cadáveres que presumían eran el de los hermanos Faddoul y su chófer.

Al escuchar la noticia, colgó el teléfono y se fue directo a la sede del Cicpc, no dio tiempo de pasar por la redacción de El Nacional. Debían conseguir la dirección dónde se encontraban los cadáveres.

“Nos dieron información de que habrían trasladados los restos y fueron llevados a la morgue para hacerle la autopsia y los estudios forenses; se determinó que efectivamente eran los niños Faddoul”, expresa Guerrero.

Confirmar la muerte de los hermanos y dar la noticia no fue fácil para Guerrero. Quienes conocen a Sandra saben de primera mano que es una persona estoica y calmada. Ella es empática, sí, pero sabe que las emociones pueden alterar su juicio. Informar la muerte de una persona no es fácil, mucho menos la de tres niños. “Hay que trabajar y seguir adelante”, reafirma.

Los Faddoul fueron encontrados en una zona boscosa a casi 80 kilómetros de su casa. Los cadáveres de los hermanos John, Kevin y Jason y Miguel, su chófer, estaban en una zona boscosa e inhóspita de San Francisco de Yare, el pago por el rescate salió mal y sus secuestradores no tuvieron clemencia para asesinarlos con un tiro cerca de la cabeza.

“Oye, yo me negaba a creerlo— recuerda Guerrero—Imagínate cuando hay que dar una noticia tan triste como esta, uno inicialmente se niega a creerlo y uno se pregunta ¿cómo puede ser que haya seres humanos que hayan cometido esa atrocidad con esas criaturas? Ellos no tenían culpa de nada, no habían cometido algún delito, no habían hecho nada”.

La policía venezolana logró capturar a los implicados en el secuestro y cuádruple asesinato que conmocionó a todo un país; Julia Charte, encargada de alimentar a los jóvenes hermanos durante su cautiverio fue quien ayudó a dar con el paradero de los demás criminales.

Por el delito fueron sentenciadas 13 personas con penas máxima de 30 años, de ellos, cuatro pertenecían a la Policía Metropolitana.

El último en ser atrapado fue Lennon Gandica, conocido como “El Gordo Lennon”; fue detenido en su residencia en el poblado de Guanayen, al sur del estado Aragua y acusado de ser el autor materia del asesinato de los tres hermanos y su chófer.

Poco después de estar detenido Lennon fue asesinado en la cárcel de Alayón.

Detrás de la noticia

Siempre se mantuvo la esperanza de que los niños aparecieran con vida, pero había sospechas que tenían los funcionarios policiales que en ese momento los periodistas no publicaron por ética.

“Pensábamos que la familia estaba negociando y estaban cuidándose de que la negociación saliera bien, pero fíjate que nos sorprendió el desenlace, aunque ya un funcionario había asomado que había pasado mucho tiempo y que pudiera ser que los niños les hubiera pasado algo”.

Pero esa sospecha no la tenía solo ese funcionario, muchos investigadores policiales pensaban lo mismo. Las hipótesis apuntaban a que por el largo tiempo y las formas del secuestro los Faddoul podrían estar muertos; pero esas sospechas no podían ser publicadas hasta no dar con el paradero de los hermanos.

Sandra Guerrero, aún continúa sus labores como periodista de Sucesos en Venezuela. Para ella, este secuestro mostró la cara del hampa en el país. “A veces uno cree que lo ha visto todo y le falta mucho por conocer eso te deja pensar a lo que puede llegar el hampa, lo que es capaz de hacer, una cosa así”.

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