"Yo no le digo a mi hijo que ya perdí la esperanza", madre de niño del J.M. de los Ríos - Efecto Cocuyo

SALUD · 27 MAYO, 2019 19:31

«Yo no le digo a mi hijo que ya perdí la esperanza», madre de niño del J.M. de los Ríos

Texto por Julett Pineda Sleinan | @JulePineda

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La sala de espera del servicio de Hematología del J.M. de los Ríos estaba a reventar la mañana de este lunes, 27 de mayo; pero aún así faltaban tres niños: Robert Redondo, Yeiderberth Requena y Erick Altuve. No dejaron de ir a las consultas porque se curaron, sino porque se murieron.

En apenas cuatro días fallecieron tres de los 30 niños que esperan un trasplante de médula ósea. Una sacudida de la que todavía ni los padres de los pacientes ni los médicos se recuperan.

Los pequeños jugaban en el parque de plástico, pero las madres no podían esconder las caras largas. Este lunes, por tercera semana consecutiva, tampoco administrarían tratamiento a los pacientes del servicio. La razón: el aire acondicionado se dañó. Poner quimios y realizar procedimientos médicos en estas condiciones representa un riesgo biológico tanto para los niños como para los doctores.

Esta es la tercera semana que los pacientes pasan con las quimios suspendidas.

La desesperanza se apoderó del servicio. A las muertes de los tres niños se sumó también el anuncio de Nicolás Maduro, que asignó más de 55 millones de euros para la fabricación de uniformes militares y ametralladoras en el país.

Zulema González, madre de Juan, llora por los niños que murieron y porque teme que su niño se sume a esa lista. «Para el Gobierno, nuestros hijos no son prioridad», dice sobre el presupuesto asignado para seguridad nacional.

Juan tiene anemia drepanocítica y no sabe de los tres niños que murieron la semana pasada. Tampoco sabe que Giovanni, de seis años, fue el primero de los 30 en fallecer durante la tortuosa espera. Cuando Juan pregunta por él, Zulema le dice que no lo ha visto más porque se curó y lo mandaron para su casa.

Lea también: El urgente trasplante de médula para 22 niños del J.M. de los Ríos (Infografía)

«¿Cómo yo le digo a mi hijo que cuatro niños que están en la misma espera que él ya se murieron?», inquiere Zulema. «Juan se pudo haber trasplantado en 2017, cuando no había bloqueo, así que eso de que no tienen dinero es mentira».

Las madres ven a sus hijos morir mientras el Estado no hace nada. Con cada niño, la angustia de Zulema incrementa. «Si no nos ponemos las pilas, nuestros hijos van a ir por ese mismo camino», dice tajante, «trato de mostrarme positiva, yo no dejo que mi hijo vea que perdí la esperanza».

Elsa Murillo es madre de Miguel, un adolescente de 16 años con talasemia mayor que también necesita un trasplante medular. Dice que está cansada de que el Estado no sea capaz de garantizar el derecho a la salud de sus hijos y de tener que «mendigar» por un examen médico, un yelco o un antibiótico.

«Yo hice todos los trámites para que a Miguel lo trasplantaran. A mediados de diciembre me dijeron que me quedara tranquila, que ya todo estaba listo y que solo faltaba un papeleo. Pasó el tiempo y no me dieron más respuesta. Lo último que me dijeron fue: mamá, no se puede hacer nada porque Pdvsa está bloqueada», relata Murillo.

Hasta 2018 el Estado sostuvo un convenio con el Gobierno italiano para realizar los trasplantes de médula ósea a estos pacientes en Italia. Este procedimiento (trasplante con donante no compatible) no se hace en el país, por lo que el Gobierno de Venezuela lo financiaba a través de Pdvsa y su filial Citgo.

Sin embargo, la deuda de Venezuela con el Gobierno italiano sobrepasa los nueve millones de euros y, tras no poder honrar los pagos, el programa quedó suspendido.

Mientras las madres del servicio definían las próximas acciones para denunciar, a las puertas del J.M. de los Ríos se concentró un grupo de trabajadores de la salud para protestar por las muertes de los niños.

«No más» fue el clamor de los manifestantes. Entre ellos estaba el padre de Erick, Gilberto Altuve, quien pidió seguir luchando por las vidas de los pacientes del J.M. de los Ríos.

«Ahora quedan 26», afirma Zulema. Veintiséis niños cuyas vidas siguen en riesgo y por los que las madres y padres están dispuestos a seguir luchando.

Fotos: Mairet Chourio

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