A más de 72 horas de la operación militar relámpago de Estados Unidos, con la que fueron bombardeados varios puntos de Caracas y se realizó la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, mucho ha sido lo que ha sucedido en medio de las aún tensiones entre Estados Unidos y Venezuela.
Recapitulamos parte de lo sucedido:
Lo que comenzó con sorpresivas explosiones en Caracas ha derivado en un cambio de poder dentro del país, comparecencias judiciales en Nueva York y un debate global sobre la legalidad de la intervención.
La «Operación Resolución Absoluta» (Absolute Resolve), como la denominó el gobierno de EE.UU., se ejecutó con «precisión quirúrgica». Alrededor de las 2:00 a.m., hora local, los bombardeos selectivos impactaron bases militares como Fuerte Tiuna y La Carlota, mientras comandos élite irrumpían en la residencia fortificada de Maduro.
El líder chavista intentó refugiarse en una habitación blindada, pero fue capturado junto a Flores en menos de dos horas y media; trasladados en helicóptero al buque USS Iwo Jima en el Caribe. Llegaron a Nueva York el mismo día 3, donde fueron puestos bajo custodia de la DEA.
El presidente Donald Trump anunció la captura desde Mar-a-Lago, calificándola de «demostración histórica de fuerza» y comparándola con la detención de Manuel Noriega en Panamá en 1990.
Trump afirmó que EE.UU. «gobernará» Venezuela temporalmente, priorizando el control del petróleo y la seguridad, y no descartó acciones similares en Colombia o México si no cooperan en temas de narcotráfico.
En Venezuela, las calles de Caracas amanecieron tensas: explosiones dejaron zonas sin electricidad, filas en supermercados y un silencio general por temor a represalias. Extraoficialmente, se reportan de 18 a 40 muertes, incluyendo 32 cubanos que formaban parte de la seguridad de Maduro, lo que llevó a La Habana a declarar luto nacional.

Manifestaciones leales exigieron la liberación del presidente, mientras opositores como María Corina Machado celebraron discretamente y anunciaron planes de regreso al país.
El domingo 4, Delcy Rodríguez emergió como figura central, suavizando el tono hacia Washington y expresando disposición al diálogo, aunque denunció la «agresión ilegítima». El lunes 5, Rodríguez juró como presidenta interina ante la Asamblea Nacional, presidida por su hermano, el ratificado jefe del parlamento Jorge Rodríguez, insistiendo en que Maduro sigue siendo el presidente legítimo.
Ese mismo día, Maduro y Flores comparecieron en un tribunal federal de Manhattan. Encadenados y escoltados, se declararon no culpables de cargos de narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína, posesión de armas destructivas y lavado de dinero, basados en una acusación de 2020 ampliada recientemente.
Maduro interrumpió al juez para proclamar: «Soy inocente, un hombre decente, fui secuestrado y sigo siendo presidente de Venezuela. Soy un prisionero de guerra». Permanecerán detenidos en el Metropolitan Detention Center de Brooklyn hasta una audiencia en marzo.
La reacción internacional ha sido dividida. Argentina, con Javier Milei celebrando que «la libertad avanza», apoyó la acción. En cambio, Rusia, China, Irán, Brasil, México y Colombia condenaron la violación de soberanía.
El lunes, el Consejo de Seguridad de la ONU debatió en emergencia: aliados de EE.UU. como Francia criticaron el precedente peligroso, mientras el secretario general António Guterres alertó sobre el riesgo al orden internacional.
En la diáspora venezolana, especialmente en Miami y Madrid, estallaron celebraciones. Sin embargo, en Caracas persiste la incertidumbre: el chavismo mantiene control institucional, pero decapitado; hay temores de vacío de poder, refugiados en fronteras y posible escalada si no hay cooperación.
Trump ha amenazado con más strikes si el gobierno interino no colabora, mientras prioriza reactivar la industria petrolera con empresas estadounidenses. Analistas advierten que esta intervención, justificada por Washington como ejecución de una orden de arresto contra un «fugitivo ilegítimo», podría redefinir las normas globales sobre soberanía y uso de fuerza.

