Oliver Stuenkel: El despliegue de EEUU en el Caribe es “guerra de nervios” #ConLaLuz

Según el politólogo brasileño, la administración Trump opera bajo un principio fundamental: el resurgimiento de la Doctrina Monroe

En una nueva transmisión en vivo del programa #ConLaLuz de Efecto Cocuyo, el politólogo germano-brasileño Oliver Stuenkel desglosó los escenarios geopolíticos que marcan la relación entre Venezuela y Estados Unidos, en la actual coyuntura bélica entre ambos países.

Moderado por la periodista Luz Mely Reyes, en el diálogo, titulado “Venezuela-EEUU: Escenarios de la tensión”, Stuenkel, profesor asociado de Relaciones Internacionales en la Fundación Getulio Vargas (FGV) de São Paulo y fellow senior en el Carnegie Endowment for International Peace, trató de iluminar un panorama complejo.

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Según Stuenkel, la administración Trump opera bajo un principio fundamental: el resurgimiento de la Doctrina Monroe. Para él, existe un consenso creciente en EE. UU. que ve a América Latina como una esfera de influencia directa, impulsado por la preocupación de contener la presencia de potencias rivales como China y de abordar problemas transnacionales como el narcotráfico y la migración.

Stuenkel advierte que el despliegue militar en el Caribe, aunque significativo, apunta más a una estrategia de presión psicológica que a una invasión a gran escala.

“El escenario más probable es una guerra de nervios para provocar una ruptura en el estamento militar, sin la convicción real de usar la fuerza debido al miedo a las consecuencias y a la falta de un plan claro para la reconstrucción democrática post-Maduro”, explicó el analista.

De hecho, el masivo movimiento de tropas podría convertirse en la “nueva normalidad” en el Caribe, simbolizando el regreso permanente de la influencia militar estadounidense a la región. El factor político también es clave, pues se apunta a que Marco Rubio podría estar utilizando la crisis como palanca para sus ambiciones presidenciales de 2028.

La impotencia regional y el rol de Qatar

En este tablero geopolítico, los países latinoamericanos han quedado relegados a un rol de espectadores.

Afirma el analista que Gobiernos clave como Brasil y Colombia han demostrado una capacidad limitada para influir en las decisiones de Washington y que la diplomacia regional se enfrenta al dilema de no querer confrontar a EE. UU., mientras que las administraciones de izquierda no desean ser asociadas con el régimen de Maduro.

La crisis es calificada por Stuenkel como el “mayor fracaso diplomático de América Latina”. En este vacío, un actor externo como Qatar ha emergido como un mediador clave, ofreciendo una plataforma neutral para el diálogo en momentos en que la opinión pública estadounidense hace casi imposible un encuentro directo entre los líderes.

El riesgo de un “accidente”

Maduro, por su parte, apuesta por su estrategia clásica: prolongar la negociación, hacer ofertas ambiguas y esperar que la atención de Trump se desvíe hacia otra crisis.

A corto plazo, Stuenkel ve la continuidad de la presión y la posibilidad de “un ataque rápido y selectivo” (como misiles contra aeropuertos o estructuras de narcotráfico) que permita al presidente Trump declarar una victoria y cambiar de tema.

Sin embargo, el riesgo más latente es el de un error de cálculo o un “accidente” en la proximidad física de las fuerzas armadas en el Caribe, un incidente que podría ser utilizado como pretexto para justificar una escalada mayor.

La oposición venezolana, a pesar de estar más visible que nunca e impulsada por reconocimientos como el Premio Nobel a María Corina Machado, necesita capitalizar esta “ventana de oportunidad con apoyo externo para traducir la alta visibilidad global en una influencia real que debilite el aparato de Maduro”.

“A pesar de la presión, la estrategia de Nicolás Maduro parece ser la misma de siempre: ganar tiempo. El líder venezolano apuesta a prolongar la negociación y esperar que la impaciencia de Donald Trump lo haga cambiar de prioridad, como ha sucedido en otras crisis internacionales”, dijo.

No obstante, Stuenkel apunta que Maduro está más aislado que nunca, con aliados clave como Rusia y Cuba con menor capacidad de apoyo.