Bajo la premisa de que la incomprensión lleva a la incertidumbre y esta a su vez a la desesperación, la directora del Instituto Forma, Paola Bautista De Alemán, intenta explicar de qué se trata “la enfermedad política” que padece Venezuela y por qué no se avanza en la solución de la crisis. Asegura que la comprensión de los procesos, en este caso de un sistema autoritario que nos gobierna, es un camino a la paz porque conduce a encontrar las salidas.
En entrevista con la directora general de Efecto Cocuyo, Luz Mely Reyes, para el programa #ConLaLuz, la doctora en Ciencias Políticas de la Universidad de Rostock, Alemania, presenta su libro Autocracias del Siglo XXI, caso Venezuela. Lo sintetiza como un esfuerzo profundo por mostrar una radiografía “de la naturaleza autocrática de la revolución chavista” desde la llegada de Hugo Chávez en 1998 y los rasgos que la diferencian de otros países.
“En Venezuela padecemos un autoritarismo cerrado en el que no hay derechos humanos políticos y en términos sociales, hay un colapso. Tenemos un Estado colapsado que no cumple con sus capacidades administrativas que son las de proveer bienes y servicios, es parecido a los Estados africanos. En la mitad está el Estado gangsteril porque el Estado venezolano se convirtió en un conglomerado que administra redes criminales y eso le da beneficios económicos y fidelidades políticas”, explica.
Aclara que un Estado con rasgos de autoritarismo puede sobrevivir en medio del colapso porque tiene todo el poder, es el caso de países como Cuba, Corea del Norte y ahora Venezuela.
Rasgos distintivos
Producto de la investigación y el análisis, Bautista y un grupo de profesionales que la acompañó en la elaboración del libro, establecieron cinco rasgos distintivos del llamado proceso revolucionario que lleva más 20 años gobernando el país.
El primer rasgo es el gradualismo que se muestra en el avance de la dominación de todos los espacios de poder, en el deterioro progresivo de las instituciones venezolanas para que sirviera a los propósitos. Menciona como el ejemplo más claro la falta de garantías electorales, cuya eliminación comenzó a gestarse desde 2015.
“La autocracia se fue desarrollando en la medida que vieron que podían avanzar para ir tomando todo el poder, Chávez recurrió a las elecciones como una herramienta de legitimidad mientras iba ganando, pero cuando comenzó a perder las condiciones comenzaron a bajar. Hasta el 2015 fue un autoritarismo competitivo, una dictadura va a elecciones cuando cree que puede ganar o cuando cree que tiene tal manipulación de los resultados que se aventura a medirse”, describe.
Es a partir de 2015, señala, cuando el chavismo pierde la mayoría en la Asamblea Nacional (AN) que el régimen de Maduro, quien ya se aventuró a medirse en 2013, recurrió a medidas coercitivas a través del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), a la violencia y la persecución para eliminar los riesgos a perder el poder.
Otro rasgo es la dimensión militar sin ser militarista, es decir, el sistema de gobierno venezolano no es una dictadura militar convencional. El tercer rasgo es la dimensión ideológica que es el pregonado socialismo del siglo XXI, el cuarto la llamada dimensión gangsteril, el quinto la dimensión internacional (cuenta con aliados) y por último la “resiliencia autocrática”.
“La dimensión gansteril, es el rasgo más resaltante, significa que un Estado está al servicio del crimen organizado. En la dimensión internacional observamos que Venezuela se ha convertido en la gran articuladora de los sistemas autocráticos del mundo al prestarle ayuda más allá de las normas democráticas. Luego está la resiliencia autocrática (aprendizaje proautoritario), la revolución chavista es buena estudiante, supera con creces las coyunturas y no vuelve a cometer el mismo error”, subraya.
Indica que a diferencia de otros países como México, en Venezuela los tentáculos del crimen organizado se apoyan desde el mismo Estado que los alimenta. De allí, señala, lo que ocurre con el Arco Minero del Orinoco, cuya explotación es necesaria para financiar las redes criminales y mantener las fidelidades políticas. Pero indica que dicha asociación con grupos irregulares viene desde el 11 de abril de 2002 con el fallido golpe de Estado contra Chávez.
“Resiliencia autocrática”
La analista, a solicitud de Reyes, profundizó en lo que se denomina la “resiliencia autocrática”. Detalla que esta figura tiene cuatro partes. Comienza con una situación de necesidad (que amenaza su estadía en el poder y debe tomar un correctivo), la identifica, entra a la coyuntura misma y acumula experiencias que dan lugar al aprendizaje autocrático. Resalta que dicho aprendizaje implica que no vuelve a cometer el mismo error.
“Cuando Maduro dijo luego de las parlamentarias de 2015, no vuelvo a hacer elecciones para perderlas, esa es una forma de resiliencia autocrática para vencer ese obstáculos en el camino que era la AN legítima, logra el reequilibrio y avanza”, sostiene.
En este sentido, señala que la oposición tiene que ser más audaz y ante el aprendizaje del chavismo, debe también acumular experiencias para corregir. Llama a “revalorizar el consenso” entre todos los sectores del país.
“Usted puede tener una buena idea pero si no construye consenso alrededor se pierde. Cualquier propuesta que surja en el país puede ser buena o puede ser mejor de acuerdo a la cantidad de voluntades que se sumen y pueda aportarle a la lucha democrática, debe formarse un muro de contención firme en contra del avance autocrático”, señala.
Asegura que el venezolano valora en gran medida la capacidad de unión y de trabajo conjunto, pero que no se trata de una unidad aspiracional sino de propósitos apalancada en la realidad.
“Hay ideas buenas no realizables, hay cosas que parecen una rendija pero pueden ser un callejón sin salida. En Venezuela hay partidos políticos y es una buena noticia, hay que cuidarlos junto a la sociedad civil y tomar decisiones que no los afecten, ir a elecciones sin condiciones es muy riesgoso porque este autoritarismo no nos invita a ellas para el cambio de régimen, sino para reequilibrarse autocráticamente”, concluye.

