El plantón del #24A en siete rostros

POLÍTICA · 24 ABRIL, 2017 17:24

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Julett Pineda Sleinan | @JulePineda


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En el Distribuidor Altamira se plantaron abuelos y jóvenes; estudiantes y profesionales; trabajadores y manifestantes. En la convocatoria de este lunes 24 de abril, este punto de la autopista Francisco Fajardo sirvió como lugar de encuentro para protestar en contra del Gobierno. Muchos pospusieron reuniones, exámenes y labores del día con tal de no faltar a la cita fijada por los líderes opositores el pasado viernes 21. Para quienes se movieron por convicción, la premisa fue la misma: “todo lo demás puede esperar, pero el país no”.

Con banderas, gorras, agua mineral, chucherías y agua con bicarbonato “se armaron” los manifestantes. Unos llevaron kits de primeros auxilios para ayudar ante cualquier eventualidad, otros cargaron con juegos de mesa e, incluso, instrumentos para amenizar las horas de resistencia en la autopista.

Federica Dávila, rescatista de Primeros Auxilios UCV

“Mañana tengo un examen de Neumonología y no sé nada. No he tocado un libro, pero no me arrepiento. Dejé de estudiar para poder venir hoy. Me levanté a las 6:00 am, pero me acosté a la 1:00 am armando todos los kits de primeros auxilios. Caminé desde el Centro Letonia con el resto del grupo de la UCV hasta acá. Mis papás tienen demasiado miedo de que haga esto, pero me apoyan. Siempre me dicen lo orgullosos que se sienten de mí.

Antes me daba más miedo hacer esto. Ahora me da más miedo terminar de perder el país. La última vez que sentí miedo fue en la marcha del 19 de abril en la autopista porque hubo una estampida. Tenía miedo de caerme. Este año no me ha tocado atender guardias nacionales, pero en 2014 atendí a uno que tenía una lesión. Me dijo: Gracias”.

Horacio Hernández, estudiante de Odontología

“Algunas clases se suspendieron. Los profesores nos dijeron que nos podíamos ir temprano para luego venir para acá; pero yo no fui porque vengo desde El Hatillo con mis amigos del colegio. Cuando me monté en el carro, vi que habían traído instrumentos musicales. Le dije que me hubiera avisado y yo traía mi guitarra. Me dijo: ‘ve a buscarla, pues’. Y fui corriendo.

Cuando yo escribí esta franela con los nombres de los fallecidos me dije que yo también podría estar ahí, en la franela de otra persona que haga lo mismo. Eso es lo que le da más miedo a mis padres; pero yo trato de andar con cuidado y en todas las marchas que haya, en lo posible, yo voy a estar. Los muchachos ahorita tocaron música llanera, tocaron Diablo Suelto, Pajarillo y, claro, Venezuela“.

Tatiana Acero, trabajadora y ama de casa

“Trabajo en una empresa privada y soy ama de casa. No tengo actividades pendientes y en el trabajo fueron flexibles, nos dijeron que podíamos trabajar desde casa o venir para acá. No tuve que dejar de hacer nada para venir, pero creo que el país es más importante que todo lo demás. Tengo una hija que está próxima a graduarse, no se va del país, pero si la situación se pone difícil, le tocará buscar su seguridad afuera.

No me da miedo. Bueno, a veces con la represión sí; pero yo soy de Los Andes y en mi época estudiantil también había protestas. Si no hubiera venido hoy, me quedaba en casa muriéndome de la ansiedad con todo lo que pasa en el país. Aunque uno está aquí tenso por lo que puede pasar, yo he participado en todo lo que ha convocado la oposición”.

Roldán Graciandía, reverendo

“Soy de la iglesia anglicana. Me vine para acá en Metro con la manifestación que salió de Chacaíto. No vine solo por la iglesia, sino también como ciudadano porque no nos podemos quedar a un lado con todo lo que pasa en el país. El sábado pasado llegamos hasta la Conferencia Episcopal (Venezolana) y ahí demostramos que queremos paz y unión.

Aquí estamos expuestos a todo, pero más miedo nos debería dar que esto se convierta en una rutina y que nos quedamos con las despensas vacías. Hoy tenía dos reuniones pastorales y dejé de asistir para venir para acá. Todo lo demás puede esperar, pero el país no”.

Arquímides, heladero

 

“Cada vez que hay marcha, uno viene también. Yo llegué como a las 11:30 am. Un transporte nos vino a buscar y nos dejó en Santa Fe. De ahí me vine caminando hasta acá. La otra vez llegamos un poco más allá de Chacaíto, pero no pudieron seguir porque ahí sabes que están los guardias. Nosotros tratamos de estar pendiente y ponernos lejos de las bombas, pero la otra vez en Santa Mónica tragamos gases.

No me da miedo salir. Tenemos que hacerlo porque hay que trabajar. Nosotros somos como los periodistas, cuando hay marchas es que tenemos que salir. En la marcha es que uno hace los reales”.

René Quiroz, mototaxista

“He tragado bastantes bombas en las últimas protestas, pero yo tengo tiempo trabajando en esto. Como desde 2002 me metía en las marchas a trabajar como motorizado. Tengo tiempo con mi máscara y siempre la cargo porque tú sabes que esto es es gas y gas todo el tiempo.

En los momentos en los que empiezan a reprimir es cuando uno hace más. La gente se desespera, quiere irse del sitio, y agarra un mototaxi. En días así uno gana más, pero igual no te alcanza para nada. Siempre te hace falta más dinero”.

María Carrillo, docente jubilada y pensionada

“Me vine con mi hija y nos estacionamos lejos de aquí. Si no hubiera venido, estaría en mi casa tratando de ver noticias en Twitter sobre lo que está pasando en el país. Yo dejé el almuerzo prendido en mi casa, allá se encargarán de preparar algo.

Pienso que hay que perder el miedo. Aunque suene repetitivo: el que no se arriesga, pierde. Siempre que puedo, estoy en las marchas. Trajimos agua y agua con bicarbonato por si acaso. Cuando nos dé hambre, nos vamos”.