OPINIÓN · 9 FEBRERO, 2019 05:20

Piquete mortal

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El pasado jueves 7 de febrero, por lo menos nueve periódicos de distintas partes del mundo mostraron como noticia de primera plana el bloqueo impuesto por Nicolás Maduro a la ayuda humanitaria destinada a paliar la crisis que padece el pueblo venezolano en materia de salud y de alimentación.

La foto de los contenedores atravesados en el puente La Tiendita (en la frontera colombo-venezolana)  le ha dado la vuelta al mundo, tal como reza el lugar común. Diarios como El Clarín, La Vanguardia, El Comercio, Folha de S. Paulo, O Estado de S. Paulo, La Hora, El País, ABC y The Wall Street Journal se han hecho eco de una resolución gubernamental que atenta contra cualquier razonamiento lógico: la negación oficial y oficialista a recibir una ayuda del todo necesaria. En Venezuela hay gente muriendo por falta de atención médica.

El constituyentista Pedro Carreño señaló al respecto que esos 20 millones de dólares en ayuda son sólo “limosnas”. En entrevista ofrecida al canal Globovisión, fue enfático al señalar que Venezuela ha avanzado mucho en materia de vivienda, de empleo, de vialidad, de educación, de transporte y de salud. Olvida quizás que, más allá de sus declaraciones como vocero del oficialismo, la realidad de la calle, de los centros educativos y de los hospitales revela otra cosa totalmente distinta. En el J. M. de los Ríos, murieron seis niños, solo en el mes de enero

Las seis muertes que enlutaron al J. M. de los Ríos solo en el mes de enero

Vida bloqueada

Hace apenas unos días, murieron 12 niños en Anzoátegui por consecuencia de un cuadro de vómitos y diarreas. José Santoyo, dirigente de Vente Venezuela y activista en materia de Derechos Humanos, señaló que en los recintos asistenciales “no disponen ni de sueros para atender esos casos”.

El miércoles 6 de febrero, Virgilio Jiménez, de apenas 20 años, falleció en la cárcel de Uribana. Fue puesto preso el 21 de noviembre de 2017 por participar en una protesta contra el gobierno de Maduro. Una infección intestinal lo dejó desnutrido y deshidratado. Nunca tuvo acceso a atención médica. Una prueba de ello fue su mengua hasta fallecer. Pagó con su vida el derecho a protestar.

Según el testimonio de Héctor Colmenárez, paciente renal, en seis meses han fallecido en el estado Lara, otros 75 pacientes  –con igual dolencia– por falta de  insumos y por fallas técnicas en los equipos. Otros internos no reciben desde el mes de mayo el medicamento llamado Eritropoyetina. Un fármaco que sirve para estimular las células madre de la médula ósea y para aumentar la producción glóbulos rojos. Sufrir hasta morir no es una elección.

En el testimonio de Colmenárez, se estaría hablando de los tres centros de salud más importantes de la entidad larense: el Hospital Universitario Antonio María Pineda, el Hospital Dr. Pastor Oropeza Riera y el Hospital Militar de Barquisimeto.

Son del dominio público, por lo demás, los dramáticos casos, convertidos en cifras letales, del hospital de niños J. M. de los Ríos, del Clínico Universitario y de la Maternidad Concepción Palacios. Situaciones igualmente críticas se sufren en cada estado de Venezuela, ya sea que se hable de Maracay, de San Cristóbal, de Ciudad Bolívar o de Vargas. El pueblo venezolano clama por medicinas y por alimentos. Los menos favorecidos sienten que su derecho a la vida también está siendo bloqueado.

Piquete mortal

Hablar de ayuda humanitaria es hablar de un concepto con implicaciones en el ámbito geopolítico. Por definición, es una forma de solidaridad o cooperación que generalmente es destinada a las poblaciones pobres o a las que han sufrido una crisis humanitaria. Vale decir las provocadas por fenómenos naturales como los tsunamis, los deslaves, los terremotos, las lluvias torrenciales o los incendios de grandes proporciones.

Sin embargo, no es sólo la furia de los elementos lo que da lugar a una crisis humanitaria. También la tozudez, la ignorancia y la soberbia –traducidos en posturas inamovibles– pueden traer como consecuencia la ruina de todo un pueblo.

Pongamos por caso el empeño en desconocer a  los grupos opositores, a los grupos minoritarios o los estamentos más vulnerables de una sociedad, como son los niños, los ancianos y los enfermos. Ignorar que esos grupos existen implica no prestarles la debida atención. Y sin la debida atención –es muy simple– la gente muere.

 ¿A qué se le dice no?

La ayuda humanitaria puede ser económica o material. Puede consistir en la donación de insumos y equipamientos o en la donación de comida de primera necesidad. Igualmente, puede consistir en el envío de profesionales que intervengan directamente en el lugar afectado (médicos, paramédicos, enfermeras, etc.). A éstos últimos se les llama cooperantes.

Cuatro principios son los que rigen el otorgamiento (la recepción y la administración) de la ayuda humanitaria: el de humanidad, el de imparcialidad, el de independencia operativa y el de neutralidad. La convergencia de esos cuatro principios se resume en una sola premisa: el alivio oportuno del sufrimiento de una persona independientemente de su edad, de su sexo y de sus filiaciones políticas o religiosas. Si esa persona está enferma o mal nutrida, hay que brindarle ayuda y, con ello, salvaguardar su vida y restablecer su dignidad. Que estén enfermos no los convierte en mendigos.

Tres contenedores atravesados en un puente son un macabro piquete que se le pone a la vida. Cada contenedor viola un principio. Cada principio violado pone a más venezolanos al borde de la muerte. La parcialidad política (sobrevenida en tozudez gubernamental) torpedea lo humanitario de la ayuda, entorpece la operatividad y lanza al caño la neutralidad.

Los chivos del Padrino

Frente a la negativa gubernamental de aceptar y recibir la ayuda humanitaria –que ha sido expresada innumerables veces por la vocería oficialista y principalmente por Maduro y por Cabello–, la dirigencia opositora, bajo el liderazgo del Presidente (E) de Venezuela, Juan Guaidó, se mantiene alerta.

En las últimas horas, inclusive, ha ido tomando fuerza una matriz de opinión relacionada con la posibilidad de que miembros de las FANB dispongan de los insumos que ingresen al país para repartirlos como parte de las cajas CLAP. En pocas palabras, se teme que el ejército se robe la ayuda (medicinas y alimentos) y la manipule a discreción.

Ante este escenario que, visto lo visto y vivido lo vivido, no luce fuera de lugar, el diputado Miguel Pizarro – encargado de la Comisión de Seguimiento de la ayuda humanitaria – hace una advertencia al Alto Mando Militar y, sobre todo, a sus subalternos:

“Señores, ustedes saben que hay una línea roja; ustedes saben bien que hay un límite. Ustedes saben que comida, alimentos e insumos médicos son esa línea roja. Intentar robarse lo que implica salvar la vida de las personas no va a ser respondido ni política ni socialmente como usualmente hemos respondido. Estamos hablando de la vida y de la dignidad humana.

Hacemos esta advertencia porque no es verdad que Padrino López ni Remigio Ceballos, o cualquiera de los que están allá arriba, van a ser ellos los que se vayan a Cúcuta a agarrar las cajas. El mensaje es a los que están en la frontera: ustedes saben que les van a dar una orden que ni ellos mismos son capaces de ejecutar.

Ustedes saben que les van a dar una orden así como hicieron con los funcionarios del Sebin cuando los mandaron a poner preso a Guaidó. Cuando vieron que les salió mal, los metieron presos a ellos mismos [a los que intentaron detener al Presidente (E)].

Es la misma cosa que tienen planteada: les van a dar una orden para que intenten robarse la ayuda, y cuando vean la respuesta nacional e internacional van a ponerlos a ustedes como los chivos expiatorios. No se dejen utilizar. Al Alto Mando Militar, (le digo) no crucen esa línea delgada. Nadie en este país quiere que esto se convierta en un escenario distinto y que todos tengamos que lamentar”.

La suerte está echada y la vida no espera. ¿La muerte? Está a este lado del piquete.

* * *

Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores

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El constituyentista Pedro Carreño señaló al respecto que esos 20 millones de dólares en ayuda son sólo “limosnas”. En entrevista ofrecida al canal Globovisión, fue enfático al señalar que Venezuela ha avanzado mucho en materia de vivienda, de empleo, de vialidad, de educación, de transporte y de salud. Olvida quizás que, más allá de sus declaraciones como vocero del oficialismo, la realidad de la calle, de los centros educativos y de los hospitales revela otra cosa totalmente distinta. En el J. M. de los Ríos, murieron seis niños, solo en el mes de enero

Las seis muertes que enlutaron al J. M. de los Ríos solo en el mes de enero

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Hace apenas unos días, murieron 12 niños en Anzoátegui por consecuencia de un cuadro de vómitos y diarreas. José Santoyo, dirigente de Vente Venezuela y activista en materia de Derechos Humanos, señaló que en los recintos asistenciales “no disponen ni de sueros para atender esos casos”.

El miércoles 6 de febrero, Virgilio Jiménez, de apenas 20 años, falleció en la cárcel de Uribana. Fue puesto preso el 21 de noviembre de 2017 por participar en una protesta contra el gobierno de Maduro. Una infección intestinal lo dejó desnutrido y deshidratado. Nunca tuvo acceso a atención médica. Una prueba de ello fue su mengua hasta fallecer. Pagó con su vida el derecho a protestar.

Según el testimonio de Héctor Colmenárez, paciente renal, en seis meses han fallecido en el estado Lara, otros 75 pacientes  –con igual dolencia– por falta de  insumos y por fallas técnicas en los equipos. Otros internos no reciben desde el mes de mayo el medicamento llamado Eritropoyetina. Un fármaco que sirve para estimular las células madre de la médula ósea y para aumentar la producción glóbulos rojos. Sufrir hasta morir no es una elección.

En el testimonio de Colmenárez, se estaría hablando de los tres centros de salud más importantes de la entidad larense: el Hospital Universitario Antonio María Pineda, el Hospital Dr. Pastor Oropeza Riera y el Hospital Militar de Barquisimeto.

Son del dominio público, por lo demás, los dramáticos casos, convertidos en cifras letales, del hospital de niños J. M. de los Ríos, del Clínico Universitario y de la Maternidad Concepción Palacios. Situaciones igualmente críticas se sufren en cada estado de Venezuela, ya sea que se hable de Maracay, de San Cristóbal, de Ciudad Bolívar o de Vargas. El pueblo venezolano clama por medicinas y por alimentos. Los menos favorecidos sienten que su derecho a la vida también está siendo bloqueado.

Piquete mortal

Hablar de ayuda humanitaria es hablar de un concepto con implicaciones en el ámbito geopolítico. Por definición, es una forma de solidaridad o cooperación que generalmente es destinada a las poblaciones pobres o a las que han sufrido una crisis humanitaria. Vale decir las provocadas por fenómenos naturales como los tsunamis, los deslaves, los terremotos, las lluvias torrenciales o los incendios de grandes proporciones.

Sin embargo, no es sólo la furia de los elementos lo que da lugar a una crisis humanitaria. También la tozudez, la ignorancia y la soberbia –traducidos en posturas inamovibles– pueden traer como consecuencia la ruina de todo un pueblo.

Pongamos por caso el empeño en desconocer a  los grupos opositores, a los grupos minoritarios o los estamentos más vulnerables de una sociedad, como son los niños, los ancianos y los enfermos. Ignorar que esos grupos existen implica no prestarles la debida atención. Y sin la debida atención –es muy simple– la gente muere.

 ¿A qué se le dice no?

La ayuda humanitaria puede ser económica o material. Puede consistir en la donación de insumos y equipamientos o en la donación de comida de primera necesidad. Igualmente, puede consistir en el envío de profesionales que intervengan directamente en el lugar afectado (médicos, paramédicos, enfermeras, etc.). A éstos últimos se les llama cooperantes.

Cuatro principios son los que rigen el otorgamiento (la recepción y la administración) de la ayuda humanitaria: el de humanidad, el de imparcialidad, el de independencia operativa y el de neutralidad. La convergencia de esos cuatro principios se resume en una sola premisa: el alivio oportuno del sufrimiento de una persona independientemente de su edad, de su sexo y de sus filiaciones políticas o religiosas. Si esa persona está enferma o mal nutrida, hay que brindarle ayuda y, con ello, salvaguardar su vida y restablecer su dignidad. Que estén enfermos no los convierte en mendigos.

Tres contenedores atravesados en un puente son un macabro piquete que se le pone a la vida. Cada contenedor viola un principio. Cada principio violado pone a más venezolanos al borde de la muerte. La parcialidad política (sobrevenida en tozudez gubernamental) torpedea lo humanitario de la ayuda, entorpece la operatividad y lanza al caño la neutralidad.

Los chivos del Padrino

Frente a la negativa gubernamental de aceptar y recibir la ayuda humanitaria –que ha sido expresada innumerables veces por la vocería oficialista y principalmente por Maduro y por Cabello–, la dirigencia opositora, bajo el liderazgo del Presidente (E) de Venezuela, Juan Guaidó, se mantiene alerta.

En las últimas horas, inclusive, ha ido tomando fuerza una matriz de opinión relacionada con la posibilidad de que miembros de las FANB dispongan de los insumos que ingresen al país para repartirlos como parte de las cajas CLAP. En pocas palabras, se teme que el ejército se robe la ayuda (medicinas y alimentos) y la manipule a discreción.

Ante este escenario que, visto lo visto y vivido lo vivido, no luce fuera de lugar, el diputado Miguel Pizarro – encargado de la Comisión de Seguimiento de la ayuda humanitaria – hace una advertencia al Alto Mando Militar y, sobre todo, a sus subalternos:

“Señores, ustedes saben que hay una línea roja; ustedes saben bien que hay un límite. Ustedes saben que comida, alimentos e insumos médicos son esa línea roja. Intentar robarse lo que implica salvar la vida de las personas no va a ser respondido ni política ni socialmente como usualmente hemos respondido. Estamos hablando de la vida y de la dignidad humana.

Hacemos esta advertencia porque no es verdad que Padrino López ni Remigio Ceballos, o cualquiera de los que están allá arriba, van a ser ellos los que se vayan a Cúcuta a agarrar las cajas. El mensaje es a los que están en la frontera: ustedes saben que les van a dar una orden que ni ellos mismos son capaces de ejecutar.

Ustedes saben que les van a dar una orden así como hicieron con los funcionarios del Sebin cuando los mandaron a poner preso a Guaidó. Cuando vieron que les salió mal, los metieron presos a ellos mismos [a los que intentaron detener al Presidente (E)].

Es la misma cosa que tienen planteada: les van a dar una orden para que intenten robarse la ayuda, y cuando vean la respuesta nacional e internacional van a ponerlos a ustedes como los chivos expiatorios. No se dejen utilizar. Al Alto Mando Militar, (le digo) no crucen esa línea delgada. Nadie en este país quiere que esto se convierta en un escenario distinto y que todos tengamos que lamentar”.

La suerte está echada y la vida no espera. ¿La muerte? Está a este lado del piquete.

* * *

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