OPINIÓN · 24 AGOSTO, 2021 05:37

La política en perspectiva

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Antonio José Monagas

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Proyectar la política en perspectiva, resulta un ejercicio de cuidadosa interpretación.El caso que configura Venezuela, resulta de sumo interés a lo que formaliza la situación política en lo que resta del año 2021. Es la causa que motiva la disertación en curso. Aunque apegado a la brevedad del espacio periodístico. 

En principio, dos eventos políticos incitan importantes reacciones cuya fuerza es capaz de sacudir al resto de las variables políticas. Pero que, a su vez, producen modificaciones en ámbitos que tocan lo social, lo económico. Y, por tanto, genera efectos que afectan particularidades concernientes a lo administrativo público, lo cultural y lo emocional del individuo. 

Dichos eventos son, indiscutiblemente, el llamado “diálogo gobierno-oposición”, y las mentadas “elecciones de gobernadores, alcaldes, legisladores y concejales”. Alrededor de ambos hechos, luce llamativo el juego político que habrá de mantener en ascuas al país político en lo que falta de este año. Pues, aunque son distintas las variables que desde ya entran en juego, serán numerosos los problemas o conflictos que habrán de esperarse. O mejor aún, que habrán de incomodar actores, facciones, movimientos políticos gremiales, sociales y económicos nacionales, regionales y locales. 

El análisis político en curso, supeditado al espacio de la disertación, buscará referir los problemas que derivan de los susodichos eventos cuidando motivar interpretaciones que eviten inducir deformaciones, como si fueran proyecciones planas de los hechos de posible contundencia.

Vale comenzar aludiendo a lo que puede abstraerse de lo que constituyó (la primera fase) del trillado diálogo entre las partes protagónicas del discurrir político nacional. De entrada, cabe observar que los esfuerzos de diálogo se redujeron tan rápido como se deparó el encuentro dado en Ciudad de México. No hubo resultado alguno que hiciera saber de intenciones que no estuvieran más allá de la entelequia que la reunión dejó ver. 

Quizás se actuó en contrario a aquel principio elemental, que aconseja las posibilidades que se tienen a la hora de resolver un desencuentro entre partes en conflicto. Principio tan básico como el que reza: “No escuchar todo lo que se dice. No creer todo lo que se rumora. No decir todo lo que se sabe”.

En esencia, el diálogo acontecido, en un primer momento, en nada contribuyó a disminuir la cruda brecha entre el régimen y la oposición democrática. Aunque los representantes de cada parte, no desplegaron del todo sus propuestas dada las múltiples contradicciones que vieron venirse sobre las distintas exposiciones realizadas. Lo que sí en buena parte dificultó dicho diálogo, fue el nivel de discusión al cual se llegó. De manera que numerosas proposiciones, quedaron en ciernes por cuanto poco fueron las posturas conocidas. Además, fueron truncadas explicaciones que buscaban darle solidez a los argumentos pronunciados.

En consecuencia, el referido encuentro, que resultó más discusión que diálogo, consiguió que el régimen y la oposición obviaran decisiones que habrían sido categóricas de haberse concretado lo que adujeron sus representantes. 

Del mismo modo, no afloró ninguna negociación que estuviera por encima de las coyunturas que hoy desgracian al país. Tanto que el valor “respeto” poco o nada funcionó como medida de convivencia al momento de reconocer el valor de todo cuanto hubiese posibilitado el logro de los objetivos trazados. Y que el país político demócrata esperaba de los mismos.

Así que, en virtud de las expectativas, al igual que los distintos diálogos antes igualmente realizados, nada habrá de alcanzarse. A excepción de las revanchas y retrecherías ejercidas por el régimen a partir de lo que constituye su ejercicio del poder.

Del otro evento de importante magnitud política, como serán las elecciones pautadas por el régimen para noviembre de 2021, no es mucho lo que de las mismas puede esperarse en la línea de la democratización necesaria del país. 

El sentido de ciudadanía es una de las variables que ha de jugar posición fundamental. De no comprenderse la valía de esta verdad, los problemas en todos los ámbitos de la vida nacional, local y regional, sin duda que repuntarán. De hecho, cualquier ejercicio de medir fuerzas políticas con la intención de respetar el principio político-jurídico de la alternabilidad, el cual es instado en beneficio de la igualdad política a fin de evitar la perpetuidad en el poder, es mera presunción de enunciados y pronunciamientos. 

Otra de las variables que poco se constituyen en garantes de lo que pauta el proceso eleccionario en ciernes, tiene que ver con la lógica de poder. Sobre todo, cuando piensa en verse desafectado del poder por razones distintas de las políticas. 

El miedo a la defenestración, es otra variable que, sin lugar a dudas, conmociona cualquier postura de poder político. Y dicho miedo, actúa como razón que incita algo peor de lo que puede temerse. Es así, sobre todo, en el ejercicio de la política.

Cada una de estas variables configura el perfil de una cultura política que, escasamente, supera cualquier razonamiento que pueda puntualizar actitudes dirigidas a fundamentar conciencia de ciudadanía. Mientras que ello no se asiente como proceso de vida política, cualquier propuesta que pueda lograr cambios sustanciales en el devenir político nacional, local o regional, será una consistente ficción. Especialmente, de verse afectada la gobernabilidad, otra variable que se suma al juego político. 

Este breve análisis, podría proporcionar una idea de lo que políticamente habrá de barajarse en lo que queda de tiempo, para concluir el primer año de la tercera década del siglo XXI en Venezuela. Sería una especie de cuadro de lo que en el país estaría por verse. Eso es la política en perspectiva

***

Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

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En principio, dos eventos políticos incitan importantes reacciones cuya fuerza es capaz de sacudir al resto de las variables políticas. Pero que, a su vez, producen modificaciones en ámbitos que tocan lo social, lo económico. Y, por tanto, genera efectos que afectan particularidades concernientes a lo administrativo público, lo cultural y lo emocional del individuo. 

Dichos eventos son, indiscutiblemente, el llamado “diálogo gobierno-oposición”, y las mentadas “elecciones de gobernadores, alcaldes, legisladores y concejales”. Alrededor de ambos hechos, luce llamativo el juego político que habrá de mantener en ascuas al país político en lo que falta de este año. Pues, aunque son distintas las variables que desde ya entran en juego, serán numerosos los problemas o conflictos que habrán de esperarse. O mejor aún, que habrán de incomodar actores, facciones, movimientos políticos gremiales, sociales y económicos nacionales, regionales y locales. 

El análisis político en curso, supeditado al espacio de la disertación, buscará referir los problemas que derivan de los susodichos eventos cuidando motivar interpretaciones que eviten inducir deformaciones, como si fueran proyecciones planas de los hechos de posible contundencia.

Vale comenzar aludiendo a lo que puede abstraerse de lo que constituyó (la primera fase) del trillado diálogo entre las partes protagónicas del discurrir político nacional. De entrada, cabe observar que los esfuerzos de diálogo se redujeron tan rápido como se deparó el encuentro dado en Ciudad de México. No hubo resultado alguno que hiciera saber de intenciones que no estuvieran más allá de la entelequia que la reunión dejó ver. 

Quizás se actuó en contrario a aquel principio elemental, que aconseja las posibilidades que se tienen a la hora de resolver un desencuentro entre partes en conflicto. Principio tan básico como el que reza: “No escuchar todo lo que se dice. No creer todo lo que se rumora. No decir todo lo que se sabe”.

En esencia, el diálogo acontecido, en un primer momento, en nada contribuyó a disminuir la cruda brecha entre el régimen y la oposición democrática. Aunque los representantes de cada parte, no desplegaron del todo sus propuestas dada las múltiples contradicciones que vieron venirse sobre las distintas exposiciones realizadas. Lo que sí en buena parte dificultó dicho diálogo, fue el nivel de discusión al cual se llegó. De manera que numerosas proposiciones, quedaron en ciernes por cuanto poco fueron las posturas conocidas. Además, fueron truncadas explicaciones que buscaban darle solidez a los argumentos pronunciados.

En consecuencia, el referido encuentro, que resultó más discusión que diálogo, consiguió que el régimen y la oposición obviaran decisiones que habrían sido categóricas de haberse concretado lo que adujeron sus representantes. 

Del mismo modo, no afloró ninguna negociación que estuviera por encima de las coyunturas que hoy desgracian al país. Tanto que el valor “respeto” poco o nada funcionó como medida de convivencia al momento de reconocer el valor de todo cuanto hubiese posibilitado el logro de los objetivos trazados. Y que el país político demócrata esperaba de los mismos.

Así que, en virtud de las expectativas, al igual que los distintos diálogos antes igualmente realizados, nada habrá de alcanzarse. A excepción de las revanchas y retrecherías ejercidas por el régimen a partir de lo que constituye su ejercicio del poder.

Del otro evento de importante magnitud política, como serán las elecciones pautadas por el régimen para noviembre de 2021, no es mucho lo que de las mismas puede esperarse en la línea de la democratización necesaria del país. 

El sentido de ciudadanía es una de las variables que ha de jugar posición fundamental. De no comprenderse la valía de esta verdad, los problemas en todos los ámbitos de la vida nacional, local y regional, sin duda que repuntarán. De hecho, cualquier ejercicio de medir fuerzas políticas con la intención de respetar el principio político-jurídico de la alternabilidad, el cual es instado en beneficio de la igualdad política a fin de evitar la perpetuidad en el poder, es mera presunción de enunciados y pronunciamientos. 

Otra de las variables que poco se constituyen en garantes de lo que pauta el proceso eleccionario en ciernes, tiene que ver con la lógica de poder. Sobre todo, cuando piensa en verse desafectado del poder por razones distintas de las políticas. 

El miedo a la defenestración, es otra variable que, sin lugar a dudas, conmociona cualquier postura de poder político. Y dicho miedo, actúa como razón que incita algo peor de lo que puede temerse. Es así, sobre todo, en el ejercicio de la política.

Cada una de estas variables configura el perfil de una cultura política que, escasamente, supera cualquier razonamiento que pueda puntualizar actitudes dirigidas a fundamentar conciencia de ciudadanía. Mientras que ello no se asiente como proceso de vida política, cualquier propuesta que pueda lograr cambios sustanciales en el devenir político nacional, local o regional, será una consistente ficción. Especialmente, de verse afectada la gobernabilidad, otra variable que se suma al juego político. 

Este breve análisis, podría proporcionar una idea de lo que políticamente habrá de barajarse en lo que queda de tiempo, para concluir el primer año de la tercera década del siglo XXI en Venezuela. Sería una especie de cuadro de lo que en el país estaría por verse. Eso es la política en perspectiva

***

Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

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OPINIÓN · 4 OCTUBRE, 2022 05:30

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