Acabamos de ver una intermediación de enorme peso diplomático y geopolítico en todo el Medio Oriente llevada a cabo directamente por China: la reconciliación entre Arabia Saudita e Irán, cuyas relaciones se habían roto definitivamente desde 2016 creando una situación de mayor complejidad en una región extremadamente volátil como lo ha demostrado la historia reciente y no tan reciente.

Este paso adelantado por la segunda economía del mundo, acostumbrada más bien a tejer redes comerciales por todo el planeta y con un bajo perfil en el campo político y geopolítico, nos muestra un cambio significativo en el rol que esta nueva superpotencia va a tener en el mundo actual y en el futuro cercano. Zi Jinping ha asumido su tercer mandato consecutivo de cinco años al frente del Estado chino y este hecho inédito en la historia del último siglo de esa nación asiática, ha inaugurado una presencia mucho más importante en el escenario internacional.

Luego de ese logro diplomático de los chinos, no se han quedado tranquilos y rápidamente han tomado la ofensiva para tratar de mediar en el conflicto ucraniano, que ha dividido profundamente a los polos de poder global. Aunque para Occidente, China ha estado jugando un rol más cercano a Putin, en los últimos días, tanto la visita de Pedro Sánchez -actual jefe de gobierno de España- como las de Emmanuel Macron -presidente de Francia- y Ursula von der Leyen -presidenta de la Comisión Europea- han evidenciado la prudencia diplomática china y su propuesta de paz de 12 puntos para finalizar la guerra en Ucrania.

La propuesta de paz ha sido recibida con mayor entusiasmo por Putin y con mayor prudencia por parte de Zelenski, mientras que la Unión Europea analiza en profundidad -y no sería nada extraño ante el posicionamiento estratégico de China- como la base fundamental para el inicio de las negociaciones de paz que, más temprano que tarde, deberán darse. China es hoy por hoy, el primer socio comercial de la Unión Europea. Los vínculos que ha venido levantando con prácticamente todas las regiones y los polos de poder globales, le dan ahora una voz demasiado importante que está siendo reconocida por tirios y troyanos.

Esta mediación de China entre Rusia y Ucrania puede ser la gran prueba de fuego de su diplomacia activa global. Ya han hecho un experimento interesante y exitoso con Irán y Arabia Saudita. El peso de la economía china y sus articulaciones globales ahora está comenzando a mostrar un rol de mayor protagonismo en el equilibrio mundial. Los chinos saben que para fomentar el comercio es necesario un ambiente de paz y para ello están promoviendo un nuevo orden global que facilite las rutas comerciales más allá de los conflictos locales con intereses geopolíticos.

Zi Jinping ha venido jugando a varias bandas. Ciertamente ha mostrado su cercanía con Putin y promovido acuerdos comerciales de enorme trascendencia para la economía china en su articulación con su vecina Rusia, pero en ningún momento ha dado un cheque en blanco al líder ruso; todo lo contrario. Más bien se ha mostrado prudente y cuando ha tenido que reclamar malas actitudes a Putin, lo ha hecho sin ningún tipo de timidez. Eso le ha venido dando una posición de privilegio para articular un verdadero proceso de negociación en relación al conflicto ucraniano.

Los 12 puntos del plan de paz chino recogen temas centrales para la consolidación de la armonía y el nuevo orden mundial, que pasa desde el respeto por la soberanía de los países de acuerdo al derecho internacional universalmente reconocido por las Naciones Unidas hasta la promoción de la reconstrucción de Ucrania y pasando por la reanudación de las conversaciones entre los actores involucrados en el conflicto. Es una propuesta que realmente puede tener asidero en la comunidad internacional y es altamente necesaria para detener las miles de muertes totalmente injustificadas que se viven en este conflicto. Una nueva era puede estar llegando sin que lo hayamos notado.

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