OPINIÓN · 28 FEBRERO, 2016 17:16

El miedo de la Clase Media a reconocerse pobre

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Hisvet Fernández | @HisvetF

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Todas y todos reconocemos que estamos viviendo una profunda crisis general que afecta a toda la población. Y lo hace de manera diferencial a los diferentes grupos sociales, que denominaré por su nombre propio: Clases Sociales. Dependerá del nivel de acceso a los recursos que se haya tenido históricamente para haber construido una infraestructura que le da seguridad para vivir y enfrentar crisis y el acceso a recursos que se tenga para el momento. 

El contexto es una economía dolarizada en cuanto a costos de alimentos y productos, con un aparato productivo destruido e inoperante y la política de importación más cruel e ilimitada de toda la historia nacional. Además, de una economía de puertos que importa en casi su totalidad los insumos para producir lo mínimo y los productos acabados que consumimos; con una escala de sueldos y salarios que no se corresponde con esta economía, con salarios absolutamente desfasados de la realidad; con una Canasta Básica inalcanzable para la gran mayoría, que según datos del CENDAS solo la Canasta Alimentaria se ubica para Febrero 2016 en Bs 106.752,72, lo que significa que para adquirirla son necesarios más de 11,1 salarios mínimos; se calcula que más de cinco millones de personas están en la informalidad y otros cinco millones del sector formal en un 72,14% ganan hasta dos salarios mínimos y solo el 27,8% de la población formal ocupada gana más de tres salarios mínimos, quedando realmente un mínimo de la población que puede acceder a la canasta alimentaria, y ni qué decir de la canasta básica a la que accede una minoría.

Según quienes definieron a las clases sociales como categorías de análisis, son la forma de organización social de acuerdo a la relación de producción y propiedad respecto a los Medios de Producción. En el modo de producción capitalista, que es el hegemónico mundialmente y en el que vivimos en Venezuela, la división social fundamental es la que opone a la burguesía y al proletariado como las clases determinantes, pero existen variantes de estas clases sociales, veamos:

1. Burguesía financiera (banqueros y propietarios de las materias primas); 2. Burguesía industrial (propietarios de las grandes empresas); 3. Pequeña burguesía (pequeña empresa, pequeños propietarios, comerciantes…..); 4. Clase terrateniente (dueños de las tierras); 5. Clase campesina; 6. El proletariado (obreros/as de las fábricas y asalariados en general, que viven exclusivamente de su trabajo); y 7. lumpemproletariado (clase desposeída situada fuera del mundo laboral y que solo es contratada esporádicamente, en función de las necesidades del capital) y que muestra una debilidad ideológica particular porque no tiene intereses definidos como las otras clases. En Venezuela, esta última es sumamente amplia por el carácter rentista del sistema económico.

Las personas, dependiendo entonces de la clase social a la que pertenezcan, vivirán esta crisis y todas las crisis, de manera diferencial. Es de nuestro interés la clase media, esa a la cual una gran cantidad de personas en Venezuela pertenecen, ya sea también como el Lumpen, por el carácter rentista de nuestra economía que ha estimulado su crecimiento y generado una ilusión de bienestar general. Si la ubicamos en la clasificación real de las clases sociales y sus variantes, veremos que se trata de una franja incluída actualmente en ese sector del proletariado que no tiene propiedad sobre medios de producción y solo posee su fuerza de trabajo. En el caso que nos ocupa, se trata de trabajadores/as profesionalizados/as que han adquirido una alta cualificación en el mercado, en el cual se les ha otorgado un pago superior y una posición simbólica diferente respecto a trabajadores/as con menos cualificación. Esto les ha permitido la “llamada movilidad social” con el acceso a ciertos “privilegios” y satisfacción de algunas necesidades de exclusiva garantía de las clases dueñas de los medios de producción.

Esta clase media en Venezuela ha tenido, según sus salarios devengados, acceso a una serie de “privilegios” que han sido asociados al esfuerzo particular e individual que hace mediante su trabajo y por la manera de gestionar recursos que le permitan ese acceso. Vivienda, transporte particular, salud, educación, recreación, alimentación adecuada, viajes recreacionales al exterior, cultura, arte y otros que significan una cierta calidad de vida. Lo cual ha generando unas interpretaciones ideológicas de sus capacidades y posibilidades de gestión “individual” de la vida, que son reforzadas socialmente.

Por todos es conocido que en los conjuntos residenciales las personas casi no se conocen unas a otras y es considerado de “mal gusto” pedir ayudas en el vecindario como lo hacen los sectores populares para sobrevivir. Ante la caída del salario, y el alza del costo de la vida en general, esta clase media ve afectada de manera muy profunda lo que hasta ahora estaba asociado a su propio esfuerzo y comienza a vivir una acelerada proletarización de su vida. Una develación de su verdadero carácter de clase que la obliga a cambiar sus hábitos y costumbres para enfrentarse a una realidad que golpea el rostro y rompe la ilusión de movilidad social hasta ahora existente. Esto implica, según los niveles de alienación y de conciencia, mucha o poca frustración e impotencia.

La “clase media” venezolana, golpeada de manera particular y destacada por esta crisis provocada por el saqueo sistemático de las riquezas nacionales que realizó el chavismo, vive una terrible revelación: es pobre. Todo era una ilusión que ahora enfrenta, desnuda ante esta realidad económica, ya que su fuerza de trabajo no vale en este mercado lo que valía antes y ese valor alienante que manejó siempre, de que la pobreza es un defecto personal que avergüenza, comienza a agobiarle la vida; comienza a necesitar los servicios públicos y a enfrentarse con su deterioro; se enfrenta al encuentro con los y las otras pobres de siempre, en las colas para comprar alimentos, en los hospitales, en las farmacias, en las instituciones de ayuda social y en la vida real. Tiene dos alternativas: que entienda que la pobreza es una problemática económica-social y no un defecto personal y asuma sus intereses de clase al lado de la clase trabajadora y luche por sus derechos, o que no lo entienda y siga sintiendo la vergüenza de saberse pobre y reaccionando en correspondencia, lo que la somete a un nivel de estrés que sobrepasa la posibilidad de su salud integral y de su futuro. La clase media va en caída libre hacia su verdad de clase: es pobre, es proletaria.

Foto: Gentiuno

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El contexto es una economía dolarizada en cuanto a costos de alimentos y productos, con un aparato productivo destruido e inoperante y la política de importación más cruel e ilimitada de toda la historia nacional. Además, de una economía de puertos que importa en casi su totalidad los insumos para producir lo mínimo y los productos acabados que consumimos; con una escala de sueldos y salarios que no se corresponde con esta economía, con salarios absolutamente desfasados de la realidad; con una Canasta Básica inalcanzable para la gran mayoría, que según datos del CENDAS solo la Canasta Alimentaria se ubica para Febrero 2016 en Bs 106.752,72, lo que significa que para adquirirla son necesarios más de 11,1 salarios mínimos; se calcula que más de cinco millones de personas están en la informalidad y otros cinco millones del sector formal en un 72,14% ganan hasta dos salarios mínimos y solo el 27,8% de la población formal ocupada gana más de tres salarios mínimos, quedando realmente un mínimo de la población que puede acceder a la canasta alimentaria, y ni qué decir de la canasta básica a la que accede una minoría.

Según quienes definieron a las clases sociales como categorías de análisis, son la forma de organización social de acuerdo a la relación de producción y propiedad respecto a los Medios de Producción. En el modo de producción capitalista, que es el hegemónico mundialmente y en el que vivimos en Venezuela, la división social fundamental es la que opone a la burguesía y al proletariado como las clases determinantes, pero existen variantes de estas clases sociales, veamos:

1. Burguesía financiera (banqueros y propietarios de las materias primas); 2. Burguesía industrial (propietarios de las grandes empresas); 3. Pequeña burguesía (pequeña empresa, pequeños propietarios, comerciantes…..); 4. Clase terrateniente (dueños de las tierras); 5. Clase campesina; 6. El proletariado (obreros/as de las fábricas y asalariados en general, que viven exclusivamente de su trabajo); y 7. lumpemproletariado (clase desposeída situada fuera del mundo laboral y que solo es contratada esporádicamente, en función de las necesidades del capital) y que muestra una debilidad ideológica particular porque no tiene intereses definidos como las otras clases. En Venezuela, esta última es sumamente amplia por el carácter rentista del sistema económico.

Las personas, dependiendo entonces de la clase social a la que pertenezcan, vivirán esta crisis y todas las crisis, de manera diferencial. Es de nuestro interés la clase media, esa a la cual una gran cantidad de personas en Venezuela pertenecen, ya sea también como el Lumpen, por el carácter rentista de nuestra economía que ha estimulado su crecimiento y generado una ilusión de bienestar general. Si la ubicamos en la clasificación real de las clases sociales y sus variantes, veremos que se trata de una franja incluída actualmente en ese sector del proletariado que no tiene propiedad sobre medios de producción y solo posee su fuerza de trabajo. En el caso que nos ocupa, se trata de trabajadores/as profesionalizados/as que han adquirido una alta cualificación en el mercado, en el cual se les ha otorgado un pago superior y una posición simbólica diferente respecto a trabajadores/as con menos cualificación. Esto les ha permitido la “llamada movilidad social” con el acceso a ciertos “privilegios” y satisfacción de algunas necesidades de exclusiva garantía de las clases dueñas de los medios de producción.

Esta clase media en Venezuela ha tenido, según sus salarios devengados, acceso a una serie de “privilegios” que han sido asociados al esfuerzo particular e individual que hace mediante su trabajo y por la manera de gestionar recursos que le permitan ese acceso. Vivienda, transporte particular, salud, educación, recreación, alimentación adecuada, viajes recreacionales al exterior, cultura, arte y otros que significan una cierta calidad de vida. Lo cual ha generando unas interpretaciones ideológicas de sus capacidades y posibilidades de gestión “individual” de la vida, que son reforzadas socialmente.

Por todos es conocido que en los conjuntos residenciales las personas casi no se conocen unas a otras y es considerado de “mal gusto” pedir ayudas en el vecindario como lo hacen los sectores populares para sobrevivir. Ante la caída del salario, y el alza del costo de la vida en general, esta clase media ve afectada de manera muy profunda lo que hasta ahora estaba asociado a su propio esfuerzo y comienza a vivir una acelerada proletarización de su vida. Una develación de su verdadero carácter de clase que la obliga a cambiar sus hábitos y costumbres para enfrentarse a una realidad que golpea el rostro y rompe la ilusión de movilidad social hasta ahora existente. Esto implica, según los niveles de alienación y de conciencia, mucha o poca frustración e impotencia.

La “clase media” venezolana, golpeada de manera particular y destacada por esta crisis provocada por el saqueo sistemático de las riquezas nacionales que realizó el chavismo, vive una terrible revelación: es pobre. Todo era una ilusión que ahora enfrenta, desnuda ante esta realidad económica, ya que su fuerza de trabajo no vale en este mercado lo que valía antes y ese valor alienante que manejó siempre, de que la pobreza es un defecto personal que avergüenza, comienza a agobiarle la vida; comienza a necesitar los servicios públicos y a enfrentarse con su deterioro; se enfrenta al encuentro con los y las otras pobres de siempre, en las colas para comprar alimentos, en los hospitales, en las farmacias, en las instituciones de ayuda social y en la vida real. Tiene dos alternativas: que entienda que la pobreza es una problemática económica-social y no un defecto personal y asuma sus intereses de clase al lado de la clase trabajadora y luche por sus derechos, o que no lo entienda y siga sintiendo la vergüenza de saberse pobre y reaccionando en correspondencia, lo que la somete a un nivel de estrés que sobrepasa la posibilidad de su salud integral y de su futuro. La clase media va en caída libre hacia su verdad de clase: es pobre, es proletaria.

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OPINIÓN · 10 AGOSTO, 2022 05:31

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