OPINIÓN · 16 SEPTIEMBRE, 2022 05:05

Confianza, palabra clave para la recuperación económica de Venezuela

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Oscar Doval

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QUÉ CHÉVERE
QUÉ INDIGNANTE
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Este artículo fue publicado originalmente el 10 de junio

Sobre qué medidas veo necesarias para lograr una recuperación económica del país, a continuación, les resumo algunos pasos. A través de este ejercicio, respondo a una de las preguntas que me formulaba uno de los potenciales inversionistas de una gira que realicé en búsqueda de capitales para el país, que les reseñé en la entrega pasada.

Inflación y devaluación

Respecto al control de estas grandes variables macroeconómicas, el gobierno dio los primeros pasos e indiscutiblemente acertados.

La restricción de liquidez a través del incremento del encaje bancario, una estricta disciplina fiscal, la reducción del gasto público, el permitir una dolarización de facto de la economía, y las inyecciones de divisas y derivados equivalentes al sistema financiero, fueron paliativos claves para que durante el 2021 y 2022, pudiera ponerse fin a las abrasivas hiperinflación y devaluación que estábamos viviendo.

No obstante, las medidas mencionadas han generado una recesión económica forzada al inhibir al sistema bancario financiar -a través de créditos- el capital de trabajo requerido para satisfacer las necesidades de la industria privada y pública nacional.

Lamentablemente, la otra fuente posible de financiamiento, el mercado de valores, si bien muestra una interesante activación, no cuenta con la profundidad suficiente para poder satisfacer las demandas de capital referidas.

Cabría preguntarse si debería permitirse una dolarización total de la economía nacional. Nuestra respuesta categórica es: ¡no! El perder la soberanía monetaria, no solo restaría maniobrabilidad en la política monetaria, sino conduciría al país, como ha ocurrido en los casos de Ecuador y Panamá, a una destrucción del sector secundario de la economía.

La experiencia histórica muestra que en los países con economías dolarizadas, el factor precios y costos, suele igualarse con EE UU, por lo que pierden competitividad productiva respecto a otros países de la región. Esto, reduce sus economías a la producción de materia prima y actividad comercial, aniquilando toda posibilidad de manufactura o transformación.

En Venezuela podría erigirse la «multimoneda», donde pueden coexistir el bolívar con el dólar, el euro, la libra esterlina, el yuan, el dírham, criptoactivos, y otras nominaciones. Si bien, sería mucho más complejo el manejo de la tesorería pública y privada, a nivel internacional esto puede permitirnos intercambiar más cómodamente con nuestros socios comerciales, y hasta «movernos» mejor con el sistema financiero internacional ante las sanciones gringas.

El bolívar, bien podría recuperar su poder adquisitivo y confianza a futuro, siempre y cuando, esté respaldado por pingües reservas internacionales y/o un robusto aparato productivo que privilegie el intercambio comercial en nuestro signo monetario; de lo que todavía, estamos lejos.

 

El crédito

Lo que puede hacerse de una manera más expedita es aumentar sustancialmente la capacidad de otorgamiento de créditos del sistema bancario nacional, siempre que estos sean dados en divisas para no afectar ni la inflación, ni la devaluación ya controladas.

Esta medida requiere una apropiada capitalización de la banca nacional en moneda extranjera. Al cierre del ejercicio de abril de 2022, toda la banca nacional en su conjunto, exponía un patrimonio en bolívares que apenas llegaba a 1 millardo de dólares a la tasa de cambio BCV.

La demanda de capital de trabajo del golpeado aparato productivo nacional puede ascender actualmente a unos 15 mil millones de dólares, por lo que, con la capitalización expuesta, ni en dólares ni en bolívares, puede ser satisfecha tal requerimiento crediticio.

 

Activación del aparato productivo

Según diferentes estudiosos, activar la destruida industria nacional requiere una inversión de unos 100 mil millones de dólares en un horizonte de cinco años.

Esto incluye capital de inversión y de trabajo requerido para activar la industria petrolera, así como servicios básicos, tales como electricidad, agua, transporte y telecomunicaciones. A lo anterior se suma, inversión en agricultura y agroindustria, salud y educación.

La ingente suma mencionada, comprende el objetivo de elevar la producción petrolera a niveles históricos de 2,8 millones de barriles diarios y llevar la producción gasífera a 13 mil millones de pies cúbicos.

Con sumas mucho más modestas, como 10 mil millones de dólares, dicen los entendidos petroleros, que podría elevarse en el corto plazo, la producción de crudo hasta 1,5 millones de barriles diarios.

El financiamiento de 100 mil millones de dólares requiere el concurso de inversionistas privados y multilaterales como el Banco Mundial, BID, FMI y otros.

 

La deuda

Aspirar a financiamientos de esta naturaleza, pasa por la obligatoria labor de reestructurar y negociar la deuda externa venezolana estimada en unos 150 mil millones de dólares, y que fuera default en 2017. Esto implica la titánica tarea de reunir a todos los tenedores de papeles de Deuda República y PDVSA, y con un trato igualitario, llegar a acuerdos de pago a futuro, y por supuesto, honrar dichos acuerdos.

La magnitud de deuda representa cerca de un 300% del PIB actual, por lo que la negociación es a todas luces compleja.

Si bien, el pago de la deuda y la obtención de financiamiento no son peccata minuta, no olvidemos que Venezuela tiene las reservas petroleras certificadas más grandes del mundo, estimadas en unos 300 mil millones de barriles, así como las octavas reservas gasíferas del planeta cuantificadas en 5.703 millones de metros cúbicos. A lo anterior, se suman las cuartas reservas de oro, estimadas en 2.236 toneladas. Estos, y otros minerales que reposan en nuestro subsuelo, superan a precio actual, la sorprendente cifra de 30 trillones de dólares.

Al igual que toda materia prima o commodity, los venezolanos pueden ser titularizados y custodiados en mercados internacionales, como papeles valores que potencialmente respalden el financiamiento a ser obtenido.

Confianza

Cualquier propuesta para la recuperación de Venezuela, pasa por una obligatoria recuperación de la confianza. Ante todo, en nuestros ciudadanos, así como en los acreedores y en la comunidad internacional, en general.

Sin entrar en honduras políticas, que no son el objetivo de este escrito, Venezuela como país, como Estado, ha quebrantado la confianza que en algún momento inspiramos en la gente.

Décadas de un mal manejo administrativo, ya desde la IV república, signado por el despilfarro y la corrupción, han socavado las bases de la credibilidad en propios y ajenos.

La confianza, base de todo desarrollo financiero, «no se gana en dos días», pero hay que comenzar a construirla. ¿Y cómo se hace esto? Ante todo, con un disciplinado y transparente manejo administrativo de los recursos públicos y privados.

Cualquier fuente de financiamiento debe tener un claro destino y resultados a la vista de los inversionistas, que depositan su capital en el país.

Además de un sistema contralor muy bien curado e institucional, llegó el momento de actualizar un legajo de leyes que resultan poco funcionales y desincentivan la inversión. La Asamblea Nacional debería priorizar la revisión y aprobación de nuevas leyes de inversión, hidrocarburos, banca, mercado de valores, código de comercio, y otras tantas, que a todas luces hoy resultan anacrónicas para un mundo global.

Por último, el gobierno nacional, con miras a salir del secuestro financiero de las sanciones americanas, debería llegar a acuerdos de sana gobernabilidad con la oposición. La mesa de diálogo debería atender, ante todo, una agenda social y económica, que tanta falta nos hace, dejando para un segundo plano mezquindades políticas.

Si bien lo escrito, puede leerse como una simplificación de nuestra realidad económica, no pretende sino ser «un dibujo a mano alzada» de algunas alternativas para salir del atolladero económico que atravesamos. Estas líneas, realmente reflejan «toneladas» de trabajo por hacer. Trabajo que es responsabilidad suya y mia, no sólo de los líderes que nos dirigen. ¡A comenzar pues, que el tiempo apremia!

***

Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

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Inflación y devaluación

Respecto al control de estas grandes variables macroeconómicas, el gobierno dio los primeros pasos e indiscutiblemente acertados.

La restricción de liquidez a través del incremento del encaje bancario, una estricta disciplina fiscal, la reducción del gasto público, el permitir una dolarización de facto de la economía, y las inyecciones de divisas y derivados equivalentes al sistema financiero, fueron paliativos claves para que durante el 2021 y 2022, pudiera ponerse fin a las abrasivas hiperinflación y devaluación que estábamos viviendo.

No obstante, las medidas mencionadas han generado una recesión económica forzada al inhibir al sistema bancario financiar -a través de créditos- el capital de trabajo requerido para satisfacer las necesidades de la industria privada y pública nacional.

Lamentablemente, la otra fuente posible de financiamiento, el mercado de valores, si bien muestra una interesante activación, no cuenta con la profundidad suficiente para poder satisfacer las demandas de capital referidas.

Cabría preguntarse si debería permitirse una dolarización total de la economía nacional. Nuestra respuesta categórica es: ¡no! El perder la soberanía monetaria, no solo restaría maniobrabilidad en la política monetaria, sino conduciría al país, como ha ocurrido en los casos de Ecuador y Panamá, a una destrucción del sector secundario de la economía.

La experiencia histórica muestra que en los países con economías dolarizadas, el factor precios y costos, suele igualarse con EE UU, por lo que pierden competitividad productiva respecto a otros países de la región. Esto, reduce sus economías a la producción de materia prima y actividad comercial, aniquilando toda posibilidad de manufactura o transformación.

En Venezuela podría erigirse la «multimoneda», donde pueden coexistir el bolívar con el dólar, el euro, la libra esterlina, el yuan, el dírham, criptoactivos, y otras nominaciones. Si bien, sería mucho más complejo el manejo de la tesorería pública y privada, a nivel internacional esto puede permitirnos intercambiar más cómodamente con nuestros socios comerciales, y hasta «movernos» mejor con el sistema financiero internacional ante las sanciones gringas.

El bolívar, bien podría recuperar su poder adquisitivo y confianza a futuro, siempre y cuando, esté respaldado por pingües reservas internacionales y/o un robusto aparato productivo que privilegie el intercambio comercial en nuestro signo monetario; de lo que todavía, estamos lejos.

 

El crédito

Lo que puede hacerse de una manera más expedita es aumentar sustancialmente la capacidad de otorgamiento de créditos del sistema bancario nacional, siempre que estos sean dados en divisas para no afectar ni la inflación, ni la devaluación ya controladas.

Esta medida requiere una apropiada capitalización de la banca nacional en moneda extranjera. Al cierre del ejercicio de abril de 2022, toda la banca nacional en su conjunto, exponía un patrimonio en bolívares que apenas llegaba a 1 millardo de dólares a la tasa de cambio BCV.

La demanda de capital de trabajo del golpeado aparato productivo nacional puede ascender actualmente a unos 15 mil millones de dólares, por lo que, con la capitalización expuesta, ni en dólares ni en bolívares, puede ser satisfecha tal requerimiento crediticio.

 

Activación del aparato productivo

Según diferentes estudiosos, activar la destruida industria nacional requiere una inversión de unos 100 mil millones de dólares en un horizonte de cinco años.

Esto incluye capital de inversión y de trabajo requerido para activar la industria petrolera, así como servicios básicos, tales como electricidad, agua, transporte y telecomunicaciones. A lo anterior se suma, inversión en agricultura y agroindustria, salud y educación.

La ingente suma mencionada, comprende el objetivo de elevar la producción petrolera a niveles históricos de 2,8 millones de barriles diarios y llevar la producción gasífera a 13 mil millones de pies cúbicos.

Con sumas mucho más modestas, como 10 mil millones de dólares, dicen los entendidos petroleros, que podría elevarse en el corto plazo, la producción de crudo hasta 1,5 millones de barriles diarios.

El financiamiento de 100 mil millones de dólares requiere el concurso de inversionistas privados y multilaterales como el Banco Mundial, BID, FMI y otros.

 

La deuda

Aspirar a financiamientos de esta naturaleza, pasa por la obligatoria labor de reestructurar y negociar la deuda externa venezolana estimada en unos 150 mil millones de dólares, y que fuera default en 2017. Esto implica la titánica tarea de reunir a todos los tenedores de papeles de Deuda República y PDVSA, y con un trato igualitario, llegar a acuerdos de pago a futuro, y por supuesto, honrar dichos acuerdos.

La magnitud de deuda representa cerca de un 300% del PIB actual, por lo que la negociación es a todas luces compleja.

Si bien, el pago de la deuda y la obtención de financiamiento no son peccata minuta, no olvidemos que Venezuela tiene las reservas petroleras certificadas más grandes del mundo, estimadas en unos 300 mil millones de barriles, así como las octavas reservas gasíferas del planeta cuantificadas en 5.703 millones de metros cúbicos. A lo anterior, se suman las cuartas reservas de oro, estimadas en 2.236 toneladas. Estos, y otros minerales que reposan en nuestro subsuelo, superan a precio actual, la sorprendente cifra de 30 trillones de dólares.

Al igual que toda materia prima o commodity, los venezolanos pueden ser titularizados y custodiados en mercados internacionales, como papeles valores que potencialmente respalden el financiamiento a ser obtenido.

Confianza

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Sin entrar en honduras políticas, que no son el objetivo de este escrito, Venezuela como país, como Estado, ha quebrantado la confianza que en algún momento inspiramos en la gente.

Décadas de un mal manejo administrativo, ya desde la IV república, signado por el despilfarro y la corrupción, han socavado las bases de la credibilidad en propios y ajenos.

La confianza, base de todo desarrollo financiero, «no se gana en dos días», pero hay que comenzar a construirla. ¿Y cómo se hace esto? Ante todo, con un disciplinado y transparente manejo administrativo de los recursos públicos y privados.

Cualquier fuente de financiamiento debe tener un claro destino y resultados a la vista de los inversionistas, que depositan su capital en el país.

Además de un sistema contralor muy bien curado e institucional, llegó el momento de actualizar un legajo de leyes que resultan poco funcionales y desincentivan la inversión. La Asamblea Nacional debería priorizar la revisión y aprobación de nuevas leyes de inversión, hidrocarburos, banca, mercado de valores, código de comercio, y otras tantas, que a todas luces hoy resultan anacrónicas para un mundo global.

Por último, el gobierno nacional, con miras a salir del secuestro financiero de las sanciones americanas, debería llegar a acuerdos de sana gobernabilidad con la oposición. La mesa de diálogo debería atender, ante todo, una agenda social y económica, que tanta falta nos hace, dejando para un segundo plano mezquindades políticas.

Si bien lo escrito, puede leerse como una simplificación de nuestra realidad económica, no pretende sino ser «un dibujo a mano alzada» de algunas alternativas para salir del atolladero económico que atravesamos. Estas líneas, realmente reflejan «toneladas» de trabajo por hacer. Trabajo que es responsabilidad suya y mia, no sólo de los líderes que nos dirigen. ¡A comenzar pues, que el tiempo apremia!

***

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