OPINIÓN · 27 AGOSTO, 2022 05:45

A propósito de la pederastia

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Leoncio Barrios | @Leonciobarrios

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Una campaña de prevención en materia de salud o de problemas sociales tiene que ser muy clara. Por lo general, esas campañas son dirigidas a toda la población y toda la población no es igual en casi nada, pero menos en comprensión lectora por aquello de las desigualdades educativas.

La terminología que se use en una campaña es la base para garantizar el éxito, es decir, que se logre el cambio de conducta que se proponga, ya sea evitar, como en el caso del consumo de drogas o el abuso sexual; o promover, como puede ser vacunarse o usar del condón.  Si no se habla claro desde el principio, el riesgo de que el problema persista es muy alto.  Por ejemplo, usar el término pederastia tiene sus riesgos.


La pederastia

Toda campaña para prevenir el abuso sexual (ojo, digo abuso sexual, no pederastia) es necesaria y cuando se trata de proteger a niños, niñas y adolescentes, dados sus escasos recursos de defensa, más necesaria todavía.

Combatir la pederastia en cualquier sociedad o institución tiene sus bemoles. A los ojos de la sociedad moderna la relación sexual de un adulto con un menor de edad (establecida esa edad jurídicamente) es una aberración, pero no así para otras sociedades.

Hay sociedades donde, por razones culturales, económicas, religiosas, cuales sean, se permite y se acepta la relación sexual entre un adulto y un adolescente, inclusive con una niña, siempre que sea consentida por la familia, aunque no necesariamente por la niña o adolescente.  No es otra época, es ahora, en algunas partes del mundo. Cosas de la diversidad cultural.

En la Grecia antigua, la cuna de civilización occidental, de la que venimos, era bien visto el que un hombre adulto, inclusive con mujer y descendencia, tuviese, en paralelo, relaciones sexuales con adolescentes varones, eso que se llama pederastia. Daba prestigio

El imperio romano modificó algunas pautas de la cultura griega y las sociedades occidentales terminaron sancionando la homosexualidad y la pederastia.  En el siglo XX, en algunos países, las sanciones al amor entre personas del mismo sexo se han relajado hasta desaparecer, pero la pederastia sigue siendo un delito (ojo: digo delito, no crimen) en casi todas las sociedades contemporáneas.

Una campaña para combatir la pederastia es una iniciativa que se aplaude. El abuso sexual hay que pararlo en todas las maneras posibles pero tratándose, como toda campaña, de una gruesa inversión de tiempo, talento y dinero es necesario, comenzar con buen pie, como en el baile.


“La pederastia es un crimen”

Bautizar una campaña con el slogan, «la pederastia es un crimen», es un buen ejemplo de lo que es comenzar con mal pie.

Pederastia es un término poco usado y comprendido por el común de la gente en el contexto latinoamericano.  Menos por los sectores que tienen bajo nivel educativo y a quien una campaña de este tipo debería llegarle de la forma más clara posible.

Pederastia es un término de acepción jurídica, religiosa, histórica, médica; prácticamente de especialidades.  En un rápido ejercicio del término adecuado para referirse al abuso sexual de un adulto hacia un o una menor, pareciera que “sadismo” o “sádico” es más comprensible que pederastia o pederasta.

Crimen es un término que en la acepción popular en Latinoamérica se refiere a un acto atroz, como un asesinato, no a un delito menor.  En español de calle, decir “el criminal” se refiere a alguien que mató a alguien, no a alguien que abusó, robó, estafó, considerados delitos menores.  El asunto es sutil en términos idiomáticos pero, en esencia, no todo acto de pederastia o abuso sexual, termina en un crimen o asesinato.  

Hablar de pederastia es de más fácil comprensión en un contexto específico donde el problema es notable y el término está posicionado, como en la iglesia católica.  En este caso, se dice “cura pederasta” y todo el mundo entiende a qué se refiere.

Es una ingenuidad asumir que la pederastia se limita al acto sexual con menores ajenos al pederasta. La pederastia en la vida cotidiana puede implicar incesto, por ejemplo, o incluir, miradas lascivas, señalamiento de los genitales o tocamientos cariñosos (pero indebidos) a un niño, niña o adolescente.  Inclusive, por parte de una persona del mundo afectivo.


Entonces, se infiere…

Está implícito que el mensaje: «la pederastia es un crimen» va dirigido a los potenciales o autores materiales de estos hechos y a quienes le protegen con su silencio. Que sepan que al cometer un `crimen´ de ese tipo puede tener castigo, dice el mensaje; pero, ¿para qué decir lo que ya se sabe?

La inmensa mayoría de pederastas saben que están haciendo algo “malo”, cometiendo un delito, aunque no necesariamente un “crimen”.  Por eso ejecuta su acto a escondidas y obligan a la víctima a guardar silencio. Saben que si es descubierto será sancionado duramente en muchas instancias: familiares, vecinales, laborales y por supuesto, policiales, legales.  Temen ante lo que están haciendo pero eso no es suficiente para impedirlo. Lo que puede impedirlo es que se descubra y sea sancionado.

Una campaña que dijese, por ejemplo, “Denuncia el abuso sexual” pudiera resultar más proactiva y nos acercaría más a lo que se quiere: reducir el abuso sexual.  Inclusive, sería más económico ampliarla para frenar el abuso sexual en términos generales, independientemente, de sexo y edad.  El abuso sexual lesiona a cualquiera.

***

Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

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La terminología que se use en una campaña es la base para garantizar el éxito, es decir, que se logre el cambio de conducta que se proponga, ya sea evitar, como en el caso del consumo de drogas o el abuso sexual; o promover, como puede ser vacunarse o usar del condón.  Si no se habla claro desde el principio, el riesgo de que el problema persista es muy alto.  Por ejemplo, usar el término pederastia tiene sus riesgos.


La pederastia

Toda campaña para prevenir el abuso sexual (ojo, digo abuso sexual, no pederastia) es necesaria y cuando se trata de proteger a niños, niñas y adolescentes, dados sus escasos recursos de defensa, más necesaria todavía.

Combatir la pederastia en cualquier sociedad o institución tiene sus bemoles. A los ojos de la sociedad moderna la relación sexual de un adulto con un menor de edad (establecida esa edad jurídicamente) es una aberración, pero no así para otras sociedades.

Hay sociedades donde, por razones culturales, económicas, religiosas, cuales sean, se permite y se acepta la relación sexual entre un adulto y un adolescente, inclusive con una niña, siempre que sea consentida por la familia, aunque no necesariamente por la niña o adolescente.  No es otra época, es ahora, en algunas partes del mundo. Cosas de la diversidad cultural.

En la Grecia antigua, la cuna de civilización occidental, de la que venimos, era bien visto el que un hombre adulto, inclusive con mujer y descendencia, tuviese, en paralelo, relaciones sexuales con adolescentes varones, eso que se llama pederastia. Daba prestigio

El imperio romano modificó algunas pautas de la cultura griega y las sociedades occidentales terminaron sancionando la homosexualidad y la pederastia.  En el siglo XX, en algunos países, las sanciones al amor entre personas del mismo sexo se han relajado hasta desaparecer, pero la pederastia sigue siendo un delito (ojo: digo delito, no crimen) en casi todas las sociedades contemporáneas.

Una campaña para combatir la pederastia es una iniciativa que se aplaude. El abuso sexual hay que pararlo en todas las maneras posibles pero tratándose, como toda campaña, de una gruesa inversión de tiempo, talento y dinero es necesario, comenzar con buen pie, como en el baile.


“La pederastia es un crimen”

Bautizar una campaña con el slogan, «la pederastia es un crimen», es un buen ejemplo de lo que es comenzar con mal pie.

Pederastia es un término poco usado y comprendido por el común de la gente en el contexto latinoamericano.  Menos por los sectores que tienen bajo nivel educativo y a quien una campaña de este tipo debería llegarle de la forma más clara posible.

Pederastia es un término de acepción jurídica, religiosa, histórica, médica; prácticamente de especialidades.  En un rápido ejercicio del término adecuado para referirse al abuso sexual de un adulto hacia un o una menor, pareciera que “sadismo” o “sádico” es más comprensible que pederastia o pederasta.

Crimen es un término que en la acepción popular en Latinoamérica se refiere a un acto atroz, como un asesinato, no a un delito menor.  En español de calle, decir “el criminal” se refiere a alguien que mató a alguien, no a alguien que abusó, robó, estafó, considerados delitos menores.  El asunto es sutil en términos idiomáticos pero, en esencia, no todo acto de pederastia o abuso sexual, termina en un crimen o asesinato.  

Hablar de pederastia es de más fácil comprensión en un contexto específico donde el problema es notable y el término está posicionado, como en la iglesia católica.  En este caso, se dice “cura pederasta” y todo el mundo entiende a qué se refiere.

Es una ingenuidad asumir que la pederastia se limita al acto sexual con menores ajenos al pederasta. La pederastia en la vida cotidiana puede implicar incesto, por ejemplo, o incluir, miradas lascivas, señalamiento de los genitales o tocamientos cariñosos (pero indebidos) a un niño, niña o adolescente.  Inclusive, por parte de una persona del mundo afectivo.


Entonces, se infiere…

Está implícito que el mensaje: «la pederastia es un crimen» va dirigido a los potenciales o autores materiales de estos hechos y a quienes le protegen con su silencio. Que sepan que al cometer un `crimen´ de ese tipo puede tener castigo, dice el mensaje; pero, ¿para qué decir lo que ya se sabe?

La inmensa mayoría de pederastas saben que están haciendo algo “malo”, cometiendo un delito, aunque no necesariamente un “crimen”.  Por eso ejecuta su acto a escondidas y obligan a la víctima a guardar silencio. Saben que si es descubierto será sancionado duramente en muchas instancias: familiares, vecinales, laborales y por supuesto, policiales, legales.  Temen ante lo que están haciendo pero eso no es suficiente para impedirlo. Lo que puede impedirlo es que se descubra y sea sancionado.

Una campaña que dijese, por ejemplo, “Denuncia el abuso sexual” pudiera resultar más proactiva y nos acercaría más a lo que se quiere: reducir el abuso sexual.  Inclusive, sería más económico ampliarla para frenar el abuso sexual en términos generales, independientemente, de sexo y edad.  El abuso sexual lesiona a cualquiera.

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