Un trabajador de seguros, una repostera y un mototaxi bregan desde carpas en la Av. Bolívar
Un analista de seguros atiende su empleo remoto desde las aceras de la avenida Bolívar usando datos móviles

Para las familias que viven en edificios de la Gran Misión Vivienda Venezuela afectados por el doble terremoto en la avenida Bolívar, las aceras dejaron de ser únicamente dormitorios temporales. A más de un mes de la emergencia, los toldos levantados en pleno centro de Caracas también funcionan como oficinas improvisadas y puestos de comercio informal.
Pese al hacinamiento, la exposición a las lluvias y la falta de servicios básicos como electricidad estable, los residentes buscan alternativas diarias para garantizar el sustento económico familiar.
Las dinámicas comerciales y laborales cambiaron tras los daños que sufrieron torres como Ojos de Chávez y 5 Héroes Cubanos. Mientras las cuadrillas del denominado plan “Venezuela Renace” ejecutan labores de refacción cuyos plazos informados por los ingenieros a cargo se extienden hasta por cinco meses, los vecinos afectados aplican la autogestión para no perder sus fuentes de ingreso.
Trabaja online desde su carpa
La falta de energía eléctrica en los campamentos provisionales no impidió que algunos trabajadores retomaran sus responsabilidades corporativas una vez culminado el período de contingencia inicial.
En la acera donde se ubican los campamentos improvisados camina junto a su hermano Luis Mujica, de 29 años de edad. El joven, habitante del urbanismo 5 Héroes Cubanos, trabaja de forma remota para una empresa de seguros. Tras el sismo, su puesto laboral se trasladó a una silla en el bulevar de la avenida Bolívar, donde depende exclusivamente de la batería de sus equipos y de conexiones móviles.

“Yo estoy trabajando en seguros y trabajo ahorita vía online. Cargo la laptop y me siento aquí, compré una línea Movilnet que tienen ahorita todo ilimitado y con eso me bandeo. Por los momentos funciona bien. Los primeros días estaba de vacaciones, se me acabaron las vacaciones y ahí sí tuve que pedir permiso y hablar con mi jefe para que me ayudara con esto. Hasta ahora ellos han entendido y, bueno, me dicen que puedo trabajar así”, contó Mujica en una entrevista con Efecto Cocuyo.
El joven detalló las complicaciones logísticas que implica mantener una jornada de oficina a la intemperie, recurriendo a terceros y a espacios comerciales para mantener operativos sus dispositivos de trabajo.
“No hay electricidad y a veces le pidoel favor a mi novia para que me cargue la laptop y el computador me dura tres horas, con eso trabajo. Hay días en los que tengo que ir para otro sitio, por ejemplo, al Sambil La Candelaria y cargo la laptop por allá y así he ido resolviendo”, dijo.
De la repostería a la venta de café
El cese de servicios comerciales regulados, como el suministro de gas directo en las estructuras dañadas, obligó a trabajadores por cuenta propia a reconfigurar sus emprendimientos para adaptarlos a la demanda del campamento.
Rebeca Gutiérrez, de 34 años y madre de dos niños, se desempeñaba como repostera independiente en las adyacencias de 5 Héroes Cubanos, antes de los dos terremotos del 24 de junio. La imposibilidad de elaborar postres en su apartamento y la falta de gas la obligaron a reducir su oferta y enfocarse únicamente en las bebidas calientes que ya comercializaba de forma complementaria.

“Como tal la repostería no la estoy haciendo ahorita. Anteriormente vendía café y los postres; pero como me da miedo subir al apartamento, bajé la producción. Ahorita lo que estoy haciendo es vender café y chocolate caliente, pero no todos los días. Con eso voy haciendo algo para mantenerme”, relató Gutiérrez.
Para la comerciante independiente, sostener el negocio en la acera se ha vuelto indispensable ante la falta de insumos básicos en el refugio improvisado.
“Nos están reparando los apartamentos, pero a veces no tenemos cómo cocinar ni tenemos comida. Por eso la situación con el trabajo influye mucho en el día a día de nosotros aquí”, aseguró.
Delivery desde su carpa
La urgencia por retomar las obras en los apartamentos choca con la realidad de quienes trabajan por su cuenta y no pueden darse el lujo de parar un solo día, especialmente cuando el doble terremoto también les destrozó algunos electrodomésticos de su hogar.
Frente a la estación del metro Nuevo Circo, en la avenida Lecuna, se encontraba un mototaxista y repartidor de la plataforma Ridery, quien prefirió no dar su nombre por seguridad. Estaba apurado por asistir a una reunión vecinal debido a que los obreros asignados a los arreglos del edificio amenazaban con paralizar los trabajos por desacuerdos con el pago.

El conductor, que tiene 14 años viviendo en el urbanismo Bicentenario III, explicó que la falta de privacidad y las dificultades para cubrir necesidades básicas como el aseo personal complican la rutina de salir a ruletear a diario.
“No es fácil estar en un refugio y tener que salir a trabajar. Sin embargo, estamos en Venezuela y tenemos que salir a la calle. Con mi moto he hecho de todo para poder comprar mis cosas. Yo saqué de mi apartamento algunos electrodomésticos y el televisor que quedaron inservibles con el terremoto y ahora me toca reponerlos. Si dejo de trabajar, no voy a tener cómo comprarlos para el momento en que me entreguen la vivienda”, dijo.
El trabajador, que también realiza servicios de entregas a domicilio de forma particular y para una empresa, aseguró que no ha tenido tregua desde que ocurrió la emergencia sísmica, pues de su jornada depende el sustento de su familia, ahora refugiada en una carpa.
“Ha sido complicado vivir aquí porque la falta de privacidad al momento de bañarse o asearse nos afecta mucho. A pesar de eso, no he parado desde el día siguiente de los terremotos. Voy a la reunión rápido porque quiero que esto se resuelva para que podamos empezar a hacer nuestras vidas como antes”, apuntó.
