Surgen alianzas para apoyar a personas amputadas tras el doble terremoto (Serie 2/2)

Una tarea que desde ya la debería asumir el Estado, de nuevo la lideran organizaciones sociales, fundaciones, médicos y académicos

  • La presente nota es la segunda de una serie de dos reportajes sobre amputaciones tras el doble terremoto ocurrido en Venezuela el pasado 24 de junio de 2026

A un mes de la emergencia sísmica, no está claro el panorama: el país sigue sin leer las cifras discriminadas del impacto del doble terremoto. Se habla de muertos y de heridos, pero se desconocen las lesiones y la gravedad de las mismas. Por redes sociales son innumerables los casos de pacientes que muestran partes de sus cuerpos amputados.

La falta de un censo nacional unificado dificulta la distribución de recursos, el seguimiento psicológico y la adquisición de componentes protésicos, cuyos costos en el mercado nacional pueden alcanzar cifras elevadas. No obstante, ya hay voluntarios articulados para acompañar y atender asistencialmente los casos de personas con discapacidad física sobrevenida. 

Uno de ellos, es el profesor Víctor Peñaloza, ortoprotesista y miembro del proyecto Ingenio en Acción de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Central de Venezuela (UCV). En su taller, trabaja con un grupo de mujeres en el diseño y elaboración de muñoneras para los pacientes que están en rehabilitación. 

Víctor Peñaloza, ortoprotesista y miembro del proyecto Ingenio en Acción de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Central de Venezuela (UCV)

Estas piezas actúan como un protector y su función es reducir la inflamación del muñón para que, en un lapso de 8 a 12 semanas, tenga una mejor forma cónica y mejor tonicidad muscular antes de poner una prótesis. 

Las están haciendo en dos colores: una negra y otra color carne. “La negra es para la primera etapa, cuando aún hay drenaje de fluidos hasta que retiran los puntos, en un lapso de 10 a 15 días. Sin embargo, esto se puede prolongar porque hay pacientes que sufren infecciones y deben ser intervenidos dos o tres veces”.

Sostiene que el contexto actual es un proceso largo y, por tanto, resulta precoz hablar de poner prótesis a pacientes que apenas tienen un mes de amputados. “Muchos no tienen el muñón en óptimas condiciones, por eso la prioridad actual es el abordaje psicológico de la persona que atraviesa un duelo y enfrenta una gran incertidumbre sobre su futuro y su familia”.

“Como protesistas debemos esperar de 8 a 12 semanas para que esos muñones cicatricen bien internamente. Por eso estamos donando estas muñoneras hechas de neopreno elástico”, indica Peñaloza. 

Para este trabajo, el proyecto Ingenio en Acción trabaja de la mano con la Asociación de Trabajadores Sociales, organización que levanta la data hospitalaria de la red pública para precisar la población amputada que requiere rehabilitación física y psicológica.

La meta del proyecto es donar 400 muñoneras. “Llevamos 150 porque nos faltan recursos. Aprovecho para invitar a alguna institución o persona que pueda donar 10 o 20 metros de tela de neopreno negra o color carne, para continuar con la elaboración de estas piezas”.

Actualmente, tienen identificados pacientes en los hospitales Pérez Carreño, Domingo Luciani, Lídice, Vargas; en La Guaira, en el hospital de Pariata y en el Martín Vega, de Catia La Mar. “Están hospitalizados en toda la red pública, pero hay algunos que fueron dados de alta y se fueron al interior del país porque aquí lo perdieron todo, de ahí el arduo trabajo que hay que hacer para mapear y construir una data general”.

El paciente debe usar la muñonera 23 horas al día, y retirarla solo una hora para el aseo personal. Las están haciendo en las tallas SS, S, M y L. Están indicadas para niños y niñas a partir de los 5 años de edad; antes, la recomendación que hace el profesor es usar vendas elásticas.

Para los niños como Luis* —de 6 años, quien permaneció 21 días hospitalizado tras ser rescatado y ya está internado en el Hospital Ortopédico Infantil—, el proceso implica un seguimiento continuo con ajustes a medida que crezca. Tras la cicatrización, la zona deberá someterse a medicina física para moldear el muñón mediante vendajes de compresión progresiva, protegiendo el borde óseo para que encaje adecuadamente en la cuenca (socket) de la prótesis.

El tiempo corre y la necesidad de respuesta aumenta, pero los especialistas insisten en la importancia de actuar con orden: “Sabemos dónde están los pacientes, pero no podemos ingresar a los hospitales sin una organización previa”, destaca Peñaloza.

Ingenio en Acción nació hace tres años en la Sala de Diseño y Simulación de Bioingeniería de la Facultad de Ingeniería de la UCV. El año pasado, este proyecto logró un hito al diseñar el primer exoesqueleto con piezas 100 % nacionales. 

Mylvia Acosta, docente y directora del proyecto, menciona el alto costo de las piezas importadas desde países como Alemania. El precio de una prótesis de miembro superior puede ascender a unos 5.000 dólares en el mercado venezolano. De ahí la importancia de trabajar en alianzas para producir las piezas necesarias, apunta. Por ahora, dice, tienen identificados a 20 pacientes quienes van a recibir la ayuda.

Profesora Mylvia Acosta

Redes de articulación civil

Ante el vacío de políticas públicas centralizadas de salud para la discapacidad sobrevenida, también surge otra iniciativa: el Fondo Humanitario 77, una alianza de organizaciones que han resultado cruciales para subvencionar insumos médicos, terapias de rehabilitación y la adquisición de componentes de protetización para las familias en mayor estado de vulnerabilidad económica.

Participan la Fundación Juan Pablo Dos Santos, la Fundación de la Parálisis y la Fundación Cirec (radicada en Colombia, la cual abrió el fondo con un capital semilla de 277 mil dólares para atender a la mayor cantidad de personas amputadas, con lesiones medulares y traumas craneoencefálicos severos). La meta es llegar a 2 millones de dólares.

En estos momentos, hacen una identificación y caracterización, es decir, un censo de las personas que adquirieron discapacidad física o las que ya la tenían y perdieron sus dispositivos de apoyo. En una entrevista reciente que dio Juan Pablo Dos Santos, a la emisora radial Unión Radio, dijo que en la fundación tenían en lista a 150 personas esperando por prótesis y, ahora, “según la base de datos que hemos levantado junto a la Fundación Cirec, el Ortopédico Infantil y Fundaprocura, estimamos que van a ser entre 300 y 400 casos más. Podríamos estar hablando de casi 600 personas”.

Por su parte, la doctora Ana Cardozo, directora de la Clínica de Amputados del Hospital Ortopédico Infantil, menciona que van a atender mayoritariamente a pacientes amputados, tanto de miembros superiores como inferiores.

Dra. Ana Cardozo, Hospital Ortopédico Infantil

Al ingresar el paciente, como en toda especialidad médica, se le realizará una evaluación integral para determinar sus condiciones: revisar si el muñón ya está cicatrizado, si existe alguna complicación, si hay algún reborde óseo que deba corregirse quirúrgicamente, o si el muñón se encuentra apto y a la altura adecuada para recibir una prótesis, explicó la Dra. Cardozo,

Pero, antes de instalar el dispositivo protésico, el paciente debe cumplir una serie de entrenamientos. “El objetivo de esta rehabilitación previa es acondicionar la fuerza y capacidad física general, tanto del miembro residual como del miembro contralateral. Si se trata de una amputación bilateral o de miembro superior, se aplica el mismo criterio de acondicionamiento físico general. No se trabaja por partes separadas; la preparación se realiza de forma integral porque debemos acondicionar al paciente globalmente: ganar fuerza muscular y corregir o prevenir acortamientos musculares por falta de uso en el postoperatorio”.

En fisioterapia se les entrena en el uso de un vendaje específico para moldear el muñón. Es decir, el miembro residual debe recibir un conjunto de tratamientos diseñados para prepararlo y moldearlo hacia el objetivo final: poner la prótesis y la posterior reincorporación del paciente a la sociedad, a sus actividades de la vida diaria, laborales y deportivas, destaca.

La especialista coincide con Peñaloza al señalar que la mayoría de estos pacientes todavía están hospitalizados en otras instituciones, donde les tratan complicaciones severas, como el daño renal derivado del síndrome de aplastamiento, o estabilizando otros órganos y heridas graves. “Y en esos momentos de urgencia no siempre se puede estar al pendiente del vendaje o del moldeo del muñón. Por eso, nuestro trabajo inicia en el momento en que el paciente ingresa con nosotros. Ya recibimos, por ejemplo, a un niño de 6 años que estuvo 21 días hospitalizado tras ser rescatado. Presenta una amputación en un miembro inferior”.

En los niños, los dispositivos tienen fecha de caducidad por el crecimiento natural; cada seis meses aproximadamente requieren un control para ajustar o cambiar la prótesis. No obstante, el tratamiento siempre es individualizado. Si la familia no cuenta con los recursos para estas modificaciones, requerirá del apoyo institucional continuo.

“En la primera evaluación médica determinamos la condición psicológica del paciente: si ya está recibiendo contención o si la requiere de inmediato. Plantearle a una persona la amputación como tratamiento siempre genera un impacto profundo y un duelo por la pérdida, aunque esté consciente de la necesidad del procedimiento. En el caso de las víctimas del terremoto, el trauma es infinitamente mayor porque fue un evento abrupto. Pasaron de estar en su cotidianidad a quedar atrapados bajo los escombros. Una paciente que íbamos a evaluar hoy —y no pudo asistir por dolor— nos describía que sentía que estaba dentro de un ataúd, sepultada. El impacto emocional es doble”.

¿Cómo es el proceso técnico para diseñar y adaptar una prótesis a cada paciente?

  • El médico fisiatra evalúa al paciente junto con los técnicos y licenciados en ortoprótesis para determinar la prescripción y los componentes exactos que requerirá la prótesis (según el nivel de amputación, si es proximal o distal).
  • Toma medidas del miembro residual para fabricar la cuenca de contacto o socket.
  • Hace la solicitud de los componentes a casas comerciales especializadas (como las firmas alemanas Ottobock o Streifeneder).
  • Una vez recibidos los componentes, el equipo técnico ensambla la pieza en el laboratorio de la clínica y se inicia el entrenamiento con la prótesis preparatoria o rehabilitadora.
  • En condiciones normales, la importación de componentes desde Alemania puede demorar unos dos meses. Sin embargo, al tratarse de una contingencia excepcional, estos tiempos se están optimizando para acelerar las entregas y la atención de los afectados.

“La prioridad inmediata es lograr que cada paciente vuelva a ser funcional e independiente, reintegrarse a sus actividades escolares, laborales y cotidianas. Pero como sociedad, este tipo de eventos nos obliga a articular a todos los sectores —salud, ingeniería, infraestructura y gestión social— para ofrecer soluciones duraderas en el tiempo”.

Fuentes cercanas a la Misión José Gregorio Hernández (MJGH) comentan que tienen un rezago de cuatro años y una lista de mil personas con diversas discapacidades musculoesqueléticas esperando por prótesis. Ahora, las víctimas del doble terremoto se suman a esta deuda histórica.

En la cuenta de IG de la misión informan que las brigadas “El abrazo de Goyito” se desplegaron en los diferentes campamentos transitorios donde realizan una caracterización especializada, entregan insumos prioritarios y ayudas técnicas adaptadas a cada necesidad. También difunden un carrusel con imágenes del ministro de Salud, Carlos Alvarado, entregando laptops a las niñas y niños que fueron intervenidos quirúrgicamente. No destacan qué tipo de lesiones presentaron.

Pero, de nuevo, ni en la cuenta de la Misión ni en la del Ministerio de Salud se hace referencia a la población amputada tras los sismos. Tampoco se informa cuántos centros de rehabilitación y fisioterapia de la red pública están activos.

De hecho, la misma fuente de la MJGH señala que el único centro en funcionamiento con cuatro ortopedistas es el que funciona en el Hospital Rísquez de Cotiza, el mismo puesto asistencial que sufrió destrozos en parte de la estructura central durante los eventos telúricos y que se encuentra no operativo.

No es política, es un derecho

La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CDPD) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en su Artículo 11, establece de manera categórica que los Estados partes adoptarán todas las medidas necesarias para garantizar la seguridad y la protección de las personas con discapacidad en situaciones de riesgo, incluidas las emergencias humanitarias y el acaecimiento de desastres naturales.

Asimismo, el Artículo 26 compromete a los Estados a organizar, intensificar y ampliar servicios integrales de habilitación y rehabilitación, en particular en las áreas de salud, empleo, educación y servicios sociales.

Según los estándares de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y las Guías de la Red Interagencial para Emergencias (IASC) para la atención médica de sobrevivientes amputados en contextos de terremoto, el Estado debe hacer un censo nacional de trauma y discapacidad sobrevenida, de carácter obligatorio y de acceso público para la red sanitaria interna y los organismos de cooperación internacional. Ocultar los datos viola el derecho a la salud y frena el auxilio técnico internacional.

Transparentar la estadística real de las personas amputadas tras el doblete sísmico del 24 de junio de 2026 no es sólo una exigencia técnica para coordinar la llegada de componentes ortopédicos. Es la única vía para garantizar que las víctimas no queden invisibilizadas y para refundar una política pública donde la salud, la accesibilidad y la restitución de la dignidad humana sean tratadas como lo que verdaderamente son: un derecho inalienable.