Sexto día del terremoto y el clamor es el mismo: familias en La Guaira esperan por el rescate de los suyos

El número de fallecidos ascendió a 1.719 y la de heridos a 5.034, mientras que, hasta este lunes, se contabilizaron 15.866 personas damnificadas

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Identifican cadáveres en Playa Grande, Catia la Mar. Foto: Patricia Ochoa

Cuando amanece en Catia la Mar, La Guaira, los grupos de rescatistas y médicos voluntarios empiezan a organizarse para salir a las calles. La luz del sol facilita las labores de búsqueda e identificación de cuerpos en una zona sin servicio eléctrico ni comunicaciones. La esperanza por encontrar personas con vida mueve a la mayoría ante una abrumadora realidad: la comunidad del urbanismo Hugo Chávez, en Playa Grande, saca los cuerpos sin vida de sus familiares a la calle.

María Rivas, de 68 años, quedó sepultada bajo su vivienda el miércoles 24 de junio, cuando ocurrieron los dos terremotos. Sus familiares se encargaron de romper el segundo piso con herramientas e identificaron el cadáver mientras, de a poco, la estructura se inclinaba.

Pararon el trabajo y esperaron a especialistas con la maquinaria necesaria, que llegó hasta el domingo 28 de junio, cuatro días después. “Nosotros la logramos conseguir por nuestra cuenta. No llegaron rescatistas, no llegó nada”, denunció su esposo, que tuvo que localizar a las autoridades para que se llevaran el cuerpo, que reposaba sobre una puerta al frente de su casa y que identificaron, sobre una hoja pegada con cinta, a mano y con bolígrafo.

Al avanzar entre las estructuras colapsadas, las paredes muestran la cantidad de personas fallecidas, que contrasta con los niños jugando entre sí en algunas esquinas. Las listas van desde uno hasta cuatro por edificación, y las personas siguen a quienes identifican como voluntarios para pedir ayuda y sacar a sus familiares fallecidos entre los escombros.

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Niños juegan entre los edificios colapsados del urbanismo Hugo Chávez. Foto: Patricia Ochoa
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Paredes enumeran las personas fallecidas. Foto: Patricia Ochoa

Una pesadilla. Así describe Eucaris Salazar la pérdida de su hermana y su cuñado, y la espera de más de cinco días por la maquinaria necesaria para la extracción de los cadáveres. “Necesitamos una máquina que levante la estructura, no que excave. Hemos visto que no usan la adecuada, lo que están es maltratando los cuerpos, partiéndolos. Mucho dolor, mucho sufrimiento, esto no tiene palabras”, contó.

Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, informó este lunes 29 de junio que el número de fallecidos ascendió a 1.719 y la de heridos a 5.034. Hasta ahora, el Gobierno documentó 15.866 personas damnificadas y 855 edificios afectados, cifra que contrasta con la ofrecida por la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA), que en una evaluación experimental identificó 58.870 edificios destruidos o con daños.

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Esposo de María Rivas. Foto: Patricia Ochoa
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Eucaris Salazar. Foto: Patricia Ochoa

“Lo que piden es sacar a los familiares”

Miqueas Quintero, brigadista voluntario de Exploradores del Rey, pasó de hacer una guardia en Caracas a estar en las devastadas calles de Playa Grande. Inició en el puente de Catia la Mar y reconoce que lo que más le ha sorprendido es la cantidad de personas pidiendo ayuda para sacar a su familiar fallecido entre los escombros. Instagram, Facebook o TikTok han sido el medio de contacto para las familias.

Aunque el objetivo de Miqueas era localizar el mayor número de personas con vida, solo ha podido identificar cuerpos. Menciona que el ambiente, en el que el olor de los cuerpos abruma, ha hecho que la descomposición se acelere por el calor y la humedad.

Los equipos de rescate local, organizados en puntos de control, trabajan en conjunto con Protección Civil, bomberos, Exploradores del Rey, los Ángeles de la Autopista y la Brigada de Restablecimiento Vial y Atención de Emergencias en Venezuela. La fuerza de tarea se divide según la experiencia y las herramientas para recuperar los cuerpos. “La mayoría de las personas están pidiendo la extracción”, manifestó.

La demora en la recuperación no solo prolonga el duelo de las familias en La Guaira, sino que también incrementa los riesgos sanitarios en las zonas más afectadas. 

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Miqueas Quintero, brigadista voluntario de Exploradores del Rey. Foto: Patricia Ochoa

La regla de oro

Isabel Reyes, médico y técnico en ciencias forenses, explicó que las primeras 24 a 48 horas son primordiales. Según la especialista, los protocolos deben activarse a los 45 minutos después de la catástrofe. “Si actuamos con premura logramos salvar vidas. En este caso, los protocolos se activaron casi 12 horas después”.

Comentó que los picos y las palas no son suficientes para la cantidad de escombros. Destacó que, ante la altura de los edificios y la forma en que cedieron, se necesita maquinaria especializada. “Es un trabajo que se venía haciendo de manera manual. Las réplicas no ayudan a la estabilidad de los terrenos”.

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Explorador del Rey ayuda a una persona a sacar el cuerpo de su mamá entre los escombros. Foto: Patricia Ochoa

Riesgo biológico

La especialista, que llegó como voluntaria, detalló que un cadáver inicia, a las cuatro horas, con las livideces: manchas de color rojo violáceo o amoratado que aparecen en la piel después de la muerte. En el caso de aplastamientos por escombros, con heridas abiertas o fracturas, la proliferación de bacterias aumenta en un ciclo de contaminación que no se detiene. “No hay agua, no hay servicio eléctrico, la cantidad de cadáveres y el hedor putrefacto enferman a niños, adultos y ancianos”.

Insistió en que, actualmente, la zona no cuenta con un plan que contemple una red de vacunación ni el suministro de agua para la higienización. “No tenemos los protocolos en acción completa, los protocolos de seguridad en salud no están activados”.

A nivel global, la respuesta sanitaria se basa en los estándares técnicos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otros marcos humanitarios internacionales, incluyendo la Clasificación y Despliegue de Equipos Médicos de Emergencia (EMT), el Programa de Hospitales Seguros frente a Desastres y los sistemas de vigilancia epidemiológica y control de brotes.

De acuerdo con los criterios de la OMS y los estándares humanitarios, tras el colapso de los servicios básicos debe garantizarse el acceso a entre 15 y 20 litros de agua potable por persona al día, con un cloro residual de 0,2 a 0,5 mg/L; disponer de al menos una letrina por cada 20 personas y evaluar la necesidad de campañas de vacunación según el riesgo epidemiológico.

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Isabel Reyes, médico y técnico en ciencias forenses. Foto: Patricia Ochoa