Remesas, bonos y resignación: retrato de una crisis que no termina
Tres venezolanos cuentan cómo sobreviven en medio de una crisis que pareciera lejos de terminar
En Venezuela la palabra “crisis” ya no sorprende a nadie y se ha vuelto parte del día a día. La gente se levanta, busca cómo generar ingresos, estira los pocos dólares que entran y sigue adelante.
Cuando se realizó este reporte, aún no había sido anunciado el incremento al ingreso de los trabajadores decretado por la gobernante encargada Delcy Rodríguez, pero tres testimonios reales que pudimos recoger en la zona de la Candelaria, en Caracas, muestran las distintas formas en que las familias intentan mantenerse a flote:
Doña Carmen, 71 años, jubilada
Doña Carmen* vive sola en un pequeño apartamento. Trabajó casi cuatro décadas como maestra, pero su pensión apenas alcanza los 8 dólares al mes. “Los bonos del gobierno son mi principal ingreso. Entre varios bonos del Sistema Patria, junto unos 130 o 140 dólares mensuales. Sin eso y sin la ayuda de mi hija no sé qué haría”, cuenta con voz tranquila.
El más reciente reporte del Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas), correspondiente a marzo de 2026 indica que la canasta alimentaria en Venezuela se ubicó en 692,62 dólares, casi 5 veces más de lo que recibe la señora Carmen por concepto de bonos.
Su hija, que emigró a España, le envía alrededor de 80 dólares cada mes. Con ese dinero logra comprar algo de carne una vez al mes. “Antes hacía mercado sin mirar precios. Ahora calculo todo. El mercado semanal para mí sola me sale entre 45 y 55 dólares. Como mucho arroz, huevos, plátano y pollo. La carne de res casi no existe en mi nevera”.
Ha sacrificado la salud y las pequeñas comodidades. “Dejé varias medicinas porque ya no puedo comprarlas. Uno aprende a aguantar el dolor”.

Señor Roberto, 68 años, exchofer
Roberto* trabajó muchos años manejando camionetas de carga. Hoy sobrevive haciendo pequeños mandados con una moto prestada.“Algunos días gano 15 o 20 dólares, otros días nada. Los bonos me ayudan, pero no alcanzan ni para pagar el gas de la cocina”, explica.
Su hijo mayor vive en Chile y le manda unos 150 dólares mensuales. Esa plata es la que realmente sostiene el hogar.
“Sin las remesas estaríamos comiendo solo arroz y caraotas. El mercado para mi esposa y para mí cuesta entre 70 y 80 dólares cada quince días. La carne de res está muy cara, así que compramos pollo y huevos. Frutas compramos muy poco”.
Actualmente un kilo de carne de res en Venezuela se ubica en 10 dólares y un kilo de pollo en 4 dólares.
Afirma que ha vendido casi todo lo que tenía de valor: herramientas, algunos electrodomésticos y hasta ropa. “Uno se acostumbra a no tener nada nuevo. Lo más duro es ver que ya no puedes ayudar a tus hijos como antes”.

La juventud también sufre
Valentina*, de 22 años, estudiante universitaria de Comunicación Social, se rebusca ofreciendo clases particulares de inglés por internet, para poder ayudar en su casa.
La caída económica en Venezuela ha sido tan estrepitosa que se ubica como la quinta mayor caída del nivel de vida en la historia económica moderna. La economía de Venezuela ha sufrido una contracción histórica superior al 70% durante la era de Nicolás Maduro (2013-2023) según datos analizados por el economista Frank Muci
“Gano entre 90 y 120 dólares al mes con las clases. Mi mamá recibe bonos y un sueldo bajo como auxiliar de enfermería. Entre las dos mantenemos la casa. Mi papá, que está en Perú, envía 100 dólares cuando puede”, relata.
El mercado para su familia de cuatro personas, incluyendo un hermano de 15 años, estudiante de bachillerato, les cuesta alrededor de 110 dólares a la semana si lo hacen con mucho cuidado.
“Priorizamos lo básico: arroz, pasta, huevos y pollo. La carne roja solo cuando llega plata extra. Salir con amigos, ir al cine o comprar ropa nueva se volvió un lujo que casi nunca podemos darnos”.
Lo que más le pesa es la sensación de estancamiento. “Estudio sabiendo que probablemente el sueldo no va a alcanzar y sé cómo es la situación de los periodistas en el país, aunque creo que me vpy a ir por la parte de mercadeo cuando me gradúe. Muchos de mis compañeros ya están pensando en emigrar. A veces siento que nos estamos sacrificando por un futuro que no se ve claro”, dijo.
Estas tres historias reflejan la realidad de miles de hogares venezolanos: salarios y pensiones muy bajos, una fuerte dependencia de los bonos del gobierno y, sobre todo, de las remesas enviadas desde el exterior.
La carne, las medicinas, el transporte y las pequeñas alegrías fueron los primeros sacrificios. La gente aprendió a estirar cada dólar, a reemplazar proteínas por harinas y a resistir con dignidad. Sobrevivir en Venezuela se ha convertido en un ejercicio diario de creatividad, paciencia y resignación, y seguirá mientras el salario siga estancado como hace 2 años y aún todo sea por bonos.
*Nombres con identidad protegida a petición de los entrevistados
