Rafael Tudares Bracho cumple 377 días detenido: Su esposa revela foto del deterioro causado por el aislamiento

Yerno de Edmundo González Urrutia sigue a la espera de entrar en lista de excarcelaciones

Este lunes se cumplen 377 días de la detención arbitraria de Rafael Tudares Bracho, esposo de Mariana González de Tudares, y yerno de Edmundo González Urrutia, quien permaneció incomunicado durante 374 días en varios centros de detención, hasta que su esposa la semana pasada pudo verlo tras encontrarlo recluido en El Rodeo I.

Mariana González mostró este fin de semana el rostro deteriorado de su esposo por el aislamiento y el desgaste emocional en medio de la detención prolongada.

Mariana reiteró la exigencia de humanidad y libertad para su esposo, “un ciudadano al que le paralizaron la vida sin causa válida”, dijo. Subrayó que, como él, muchos hombres y mujeres en Venezuela enfrentan detenciones arbitrarias, sin debido proceso ni justicia.

Exigió respeto a los derechos humanos para todas las víctimas de desaparición forzada.

Tudares Bracho, abogado de profesión, enfrenta una condena de 30 años de prisión dictada en diciembre de 2025 por los supuestos delitos de terrorismo y conspiración. Su familia califica el proceso como clandestino, sin garantías de defensa adecuada y con expediente confidencial durante meses.

Organizaciones de derechos humanos y familiares lo consideran un preso político, utilizado como rehén en el contexto de la represión postelectoral. El 16 de enero de 2026, tras notificación a medianoche del día anterior por funcionarios del centro penitenciario Rodeo I (Sesmas, estado Miranda), González Tudares logró verlo por primera vez en más de un año.

La visita duró aproximadamente 25 minutos, separada por un vidrio blindado. Confirmó que Rafael se encuentra con vida, aunque “bastante afectado física y emocionalmente” por la incomunicación prolongada, la separación de sus hijos y las condiciones de reclusión.

En publicaciones posteriores, describió el encuentro como un alivio mezclado con dolor: un recordatorio de que nadie en detención arbitraria puede estar bien.