Productos que contrabandean a Colombia ahora son revendidos en Venezuela #RutaDeLaEscasez - Efecto Cocuyo

LA HUMANIDAD · 20 OCTUBRE, 2015 00:37

Productos que contrabandean a Colombia ahora son revendidos en Venezuela #RutaDeLaEscasez

Texto por Airam Fernandez | @airamfernandez

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Son las 10:50 am del lunes 19 de octubre y después de recorrer San Antonio del Táchira, con el calor que marca 38 grados, Efecto Cocuyo llegó a Ureña, a diez minutos del centro de la ciudad que colinda con Cúcuta. Allí hablamos con un contrabandista que ahora se hace llamar “trochero” y que, como muchos en ese lugar, sigue haciendo de las suyas, a dos meses del cierre de la frontera tras el decreto del estado de excepción del presidente Nicolás Maduro. El hombre contó algo que es un secreto a voces en la zona, incluso con el visto bueno de los funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB): que el contrabando en Táchira se volteó.

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Ahora, en medio de la escasez que aqueja a Venezuela, la mercancía que alguna vez salió por los caminos irregulares está regresando a su lugar de origen por las trochas: traen desde leche hasta cauchos para motos para ser revendidos esta vez en suelo venezolano.

-Ahora trabajo trayendo cosas que necesita la gente- dice un hombre sentado en la acera, mientras limpia los faroles de su moto.

-¿De dónde trae las cosas?- le preguntamos.

-De Cúcuta pa’ acá. Todo lo que antes llevábamos de acá pa’ allá.

-Pero debe salir muchísimo más caro…

-Sí, pero la gente igual lo paga. El caucho de mi moto me salió en cien mil pesos allá (Bs 20 mil). Me compre uno pa’ mi motico y me traje dos más. Fui y vine en otra moto que sí es trochera de las buenas, que andan chola por ese monte y pasan fácil el río. Pero uno de esos cauchos me lo quitó un Guardia. El otro lo vendí.

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-¿Por qué le quitó el caucho?

-Porque ellos son así. Este negocio es nuestro, pero también es de ellos. Son el Gobierno. Y uno sabe que si va de aquí pa’ allá puede perder hasta la libertad. De allá pa’ acá lo que uno pierde son productos.

-¿Qué más ha traído de Cúcuta?

– Leche que allá cuesta 20 mil pesos y aquí la vendo en 4 mil bolos. Arroz, que cuesta 3 mil pesos y les saco 700 bolos a cada kilo. Cosas así. Lo que la gente pida que se pueda conseguir. También surtimos a algunas bodegas.

-¿Y lo más insólito que ha llevado?

-Que he intentado llevar: 20 kilos de carne en un bolso. Eso lo perdí.

-¿La mercancía la pasan de día?

-Y de noche también. Cuando está oscuro es mejor, porque no están los guardias. A ellos les da miedo, son seres humanos, por más que tengan un hierro encima.

-¿Y a usted no le da miedo?

-Bien acostumbrados que estamos. Aquí se bate el cobre así y uno no puede andar de gallina cagándose.

-¿Cuánto gana por eso?

-En promedio como 30 mil bolos diarios.

-¿Todavía sale gasolina hacia Colombia?

-Con eso específicamente ya tengo 20 días parado, esperando que baje un poquito la cosa. Lo que pasa es que me hice muy nombrado allá y ya todos me conocían por lo de la gasolina, porque yo no me movía por los caminos que se movían todos. A mí en eso me gusta trabajar solo, que nadie se entere. Que mi movida sea entre los guardias y yo. Y como me movía tan bien, todos me nombraban y me metieron en un problema con un Guardia que primero me quitó un caucho que traía de allá para acá y después me andaba amenazando. Por eso me retiré del combustible, pero por un ratico no más. Ahora lo que hago es eso: traer cosas , y de vez en cuando pasar gente. Tengo unos chamitos que se meten y me ayudan con la gente que va y viene a Cúcuta y no tiene papeles. Trabajamos bien, somos una red.

-¿Cuánto cobran por pasar a alguien?

-Ya subió a 4.500 bolívares el viaje.

Son los uniformados quienes custodian todos los accesos al barrio “La Invasión”, el más cercano a Colombia, donde empiezan las trochas y sus infinitos caminos. Son ellos quienes terminan de dar el visto bueno de quién pasa y con qué. En ese sector donde algunas casas fueron demolidas,  y otras fueron marcadas con letras de diferentes colores, la mayoría de las viviendas cuelgan banderas de Venezuela de su ventana.

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A los vecinos les da miedo hablar. Sin embargo, cuando se les pregunta si los contrabandistas claudicaron con el cierre de la frontera, todos responden que no. El “trochero”  entrevistado y su equipo no son los únicos. El Gobierno asegura que en el caso del combustible, el contrabando se ha reducido en 70%.

-Ah, bueno, pues claro que se ha reducido porque ya no salen las gandolas cargadas con el consentimiento de la Guardia. Ahora la llevamos en moto, como le dije, en pimpinas que guindamos en palos de escoba. Claro que se tiene que reducir, porque jamás podremos pasar en un día lo que pasaban antes los gandoleros- dice el contrabandista, nacido en Ureña e hijo de colombianos.

-¿Siempre se ha dedicado al contrabando?

-No siempre. A veces hago carreritas en motos. A veces trabajo motos en una cauchera. Antes vivía en Yaracuy y andaba en otras cosas, en otras movidas. Me vine para acá para sentar cabeza, pero claro que esto es la frontera, esto es mafia, puro trueque.

Con la visita a San Antonio del Táchira está a punto de concluir el primer tramo de la #RutaDeLaEscasez que llevó a Efecto Cocuyo a recorrer seis estados del país. Antes de llegar a Ureña, pasamos por la aduana y vimos una hilera de gente con cédulas venezolanas y colombianas a la espera de cruzar a Cúcuta. Algunos con enseres para una mudanza definitiva, en un proceso que a diario se torna largo y tedioso y que, en algunos casos, queda a la mera discreción de los funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB).

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También fuimos hasta el hospital Samuel Darío Maldonado, donde los ciudadanos tramitan un permiso que justifica su salida de territorio venezolano por razones médicas: la mayoría va en busca de medicinas o tratamientos específicos que en Venezuela no logran conseguir.

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No vimos ninguna cola de carros en estaciones de gasolina, de las que solían formarse antes del cierre. Pero sí vimos tres filas de personas en las afueras de distintos supermercados, cuando aún no abrían sus puertas, a lo largo de un trayecto con varias alcabalas militares.

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Y al final de la tarde, cerca de las 4:00 pm, el techo del peaje de San Antonio del Táchira se desplomó. Por suerte no había ningún autobús estacionado, esperando el final de las religiosas requisas que los uniformados hacen a todo el que entra y sale, tras la pista de alimentos y productos regulados, potencialmente “bachaqueables”.