Personal del Hospital de San Cristóbal trabaja con zapatos y uniformes rotos

LA HUMANIDAD · 1 MARZO, 2021 19:08

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Con ropa y zapatos rotos acude a trabajar el personal de salud del Hospital Central de San Cristóbal, en el estado Táchira, que este lunes protestó para exigir al Gobierno nacional la discusión de la contratación colectiva que desde hace cinco años aproximadamente no se revisa.

Trabajadores de enfermería, camareras y camilleros se apostaron en el piso dos del centro asistencial y en una de las paredes pegaron pancartas, exigiendo mejoras salariales y laborales. A la pared la llamaron el «muro de la vergüenza».

En la protesta se encontraban unos 100 trabajadores que gritaron consignas para llamar la atención de las autoridades regionales y de la representante del Ministerio de Salud en la entidad andina.

En medio de la manifestación, algunas de las empleadas enseñaron sus zapatos rotos y sus uniformes deteriorados.

Una de las trabajadoras que se encuentra en esa situación es Sonia Pinzón, quien trabaja desde hace 14 años como camarera en el servicio de sala de parto. El pantalón que llevaba puesto se lo regaló una amiga y el único par de zapatos que tiene los carga rotos, porque desde hace dos años no ha podido comprarse otros, toda vez que el salario no le alcanza.

 “No me alcanza ni para comprarme una harina, porque la comida está muy cara y ese sueldo no alcanza para nada. Ya no es como antes que uno al menos se compraba un par de zapatos o hacía un buen mercado, ahora no alcanza ni para comprar los uniformes”, expresó.

Pinzón contó que como no hay transporte camina desde su casa, ubicada en el barrio Sabaneta, a las afueras de San Cristóbal, hasta el Hospital Central. No le gusta ausentarse, pese a que no cuenta con la indumentaria en buen estado y sigue acudiendo al hospital para ayudar a los pacientes.

Sale de su casa a las 4:20 de la mañana y llega al hospital a las 5:40 a. m.; en las tardes también se regresa caminando. Cree que tanto caminar ha hecho que sus zapatos también se hayan ido deteriorando. Aseguró que vive con su mamá, con un hermano, dos sobrinos y el nieto. Sus hijas viven en otro lugar y no la ayudan económicamente porque no cuentan con los recursos.

Confesó que hay momentos en que ha aguantado hambre, a veces come bien y otras veces come poco. No quiso decir que podía comer, pero indicó que hay días en que desayuna y almuerzo, pero no tiene para cenar. Un hermano la ayuda de vez en cuando para comprar comida.

Vende café para sobrevivir

Fanny Manrique también es camarera, con 17 años de servicio en el hospital central; para sobrevivir y comprar la comida prepara café en su casa y le vende a sus compañeros de trabajo.

El café lo vende a mil pesos colombianos (unos 700 mil bolívares) y con eso se ayuda para completar el sueldo que es de 1 millón 200 mil bolívares. “Tengo que venderlo para hacer para el medicamento de mi hijo que tiene una discapacidad; él tiene esquizofrenia y hay que darle un medicamento todos los días y hay que mantenerlo”.

Su hijo tiene 28 años y el medicamento que le cuestan 8 mil pesos colombianos debe comprarlo cada ocho días. Aseguró que comparte la venta del café con su función dentro del hospital.

En el año 2006, cuando ingresó a trabajar en el hospital, el sueldo le alcanzaba. Además, tenía beneficios como el pago de vacaciones y las utilidades que le alcanzaba para hacer mercado, comprar ropa y zapatos; agregó que lo que gana actualmente no le alcanza ni para un paquete de harina de maíz.

Otro de los problemas de la señora Manrique es que no tiene ni para pagar el pasaje porque en Táchira lo deben cancelar en pesos colombianos.

“Si no tenemos pesos o dólares no nos llevan, tenemos que pedir colas para venir a trabajar o ir hasta nuestros hogares, debemos tener mil pesos y eso es injusto, o sea debemos tener dos millones de bolívares diarios para pagar cuatro pasajes y no ganamos ese sueldo”, precisó.