Pacientes pediátricos en el Domingo Luciani: entre la opacidad de cifras y la falta de recursos

Aún no hay datos oficiales de cuántos niños han ingresado al hospital Domingo Luciani sin acompañantes tras el doble terremoto en Venezuela

Es preciso apartarse del centro del pasillo para que los médicos y enfermeros puedan atravesarlo sin obstáculos. Los segundos cuentan mucho aquí. “Quítense del medio”, es un grito recurrente que parece venir de todos lados. En el primer piso (E1) del hospital Domingo Luciani, en el ala destinada a la Unidad de Emergencia Pediátrica, hay un movimiento frenético de padres y especialistas fuera de las habitaciones donde los niños permanecen acostados y vendados. Muchos han sido rescatados de entre los escombros de sus hogares y respiran con dificultad. Casi todos provienen de La Guaira, a 30 km de Caracas.

El calendario marca el 25 de junio de 2026, un día después del doble terremoto que sacudió con violencia a Venezuela. El centro hospitalario, en la cima del El Llanito, en el municipio Sucre del Área Metropolitana de la capital, es un hervidero de actividad.

“La situación es delicada. Desde la madrugada han ingresado aquí más de 20 niños, que hemos atendido sin parar”, dijo a Efecto Cocuyo uno de los doctores del Luciani, que pidió no ser identificado. No hay una cifra oficial de cuántos niños, niñas y adolescentes han ingresado en total al centro de salud desde el sismo y los números se cruzan en los pasillos.

Reina el caos y no hay un orden de identificación. Los nombres de los menores de edad se escriben con bolígrafo o marcador en hojas blancas pegadas con cinta adhesiva a las paredes. Hay varios tachados, de aquellos que han movido a otros pisos tras estabilizarlos.

En uno de los cuartos de la primera planta, cinco niños se mantienen arropados en las camillas, acompañados por adultos de su familia. Al menos tres de los pequeños pacientes duermen. Cerca de Ana Hilder, de cuatro años, su madre le dedica una sonrisa temblorosa con sus labios partidos. Se traga las lágrimas, quiere abrazarla, pero la niña tiene demasiadas heridas, fracturas y hematomas recién tratados como para intentarlo. Ana levanta la mano derecha con dificultad e intenta saludar a la gente que pasa cerca de su cama. Una venda alrededor de la cabeza le impide mover el cuello. Es una sobreviviente del desplome de las Residencias Coral Plazas en La Guaira.

“Está estable, pero hay que hacerle varias cosas. Necesita una radiografía para ver que esté bien, porque no está apta de la parte de neurocirugía y traumatología. La han operado dos veces”, dice la mamá de Ana, Eliana Cabrera, a Efecto Cocuyo. Ha perdido todo lo que antes le pertenecía y no sabe qué hacer con los exámenes médicos que le piden para su hija. El Luciani colapsa y apenas cuenta con material para atender a los cientos de pacientes que han llegado, tanto adultos como chicos. Eliana intenta pensar en alguien que pueda ayudarlas, porque la mitad de su familia desapareció entre escombros.

A los pies de la camilla de Hilder hay algunas botellas de agua de cinco litros. En el resto habitación más cajas o paquetes de agua embotellada se encuentran repartidos en el suelo. Es parte de los insumos que ha recibido el hospital como donación, frente a la crisis de agua potable que enfrentan las instituciones de salud públicas en toda la ciudad.

El la camilla contigua a la de Ana, duerme Miel Frontado, de siete años. De cerca la custodia su abuelo, José Frontado, quien acaba de perder a siete personas de su familia en Catia La Mar, también en La Guaira. Asegura que necesita cobijas y ropa para la niña. Apenas habla y cuando lo hace formula frases cortas y concisas. Espera que puedan ayudarlo. No se despega del costado de su nieta, que duerme profundamente arropada por una fina sábana.

Para el 25 de junio Efecto Cocuyo contó al menos 15 niños heridos en el primer piso del Domingo Luciani. Al preguntar sobre balances oficiales en tres de las plantas del hospital (incluyendo el área de Trabajo Social) no obtuvo ninguna cifra exacta o una lista centralizada sobre los niños que ingresaron sin representantes al lugar. La falta de datos en diversas instituciones hospitalarias de Caracas preocupa a la sociedad civil y ha generado un intenso debate en redes sociales, donde reina la desinformación y las historias cruzadas.

“En relación con la cifras de niños solos o separados, no es la cifra alarmante que están dando. Hay influencers que han dicho que hay 300 o 500 niños, no solo en hospitales sino en el Parque del Oeste. Esa cifra no es cierta. El número de niños que eventualmente puedan estar solos es muy bajo. Hemos identificado que los niños están acompañados por sus madres, padres y cuidadores. Entendiéndose por cuidadores a sus abuelos, tíos, primos, hermanos mayores. Entonces no es cierto que hay una cantidad significativa de niños solos”, dijo Carlos Trapani, abogado coordinador general de Cecodap.

En redes sociales se multiplican las fotos de las listas de niños ingresados en emergencias junto con sus edades. Sin embargo, en estas no se aclara si las madres u otros familiares de los pacientes los acompañaban en ese momento. Para el 28 de junio de 2026, organizaciones como Cecodap o Cáritas ya se encuentran visitando varios puntos de la ciudad con el objetivo de construir una data que arroje luz sobre la situación de estas infancias luego de la tragedia.

“Eso no exime que exista el riesgo. Pero lo que hemos identificado es que esas afirmaciones sobre cifras enormes no son ciertas. ¿Cuál es el antídoto contra esto? Datos oficiales”, puntualizó Trapani.

Qué dicen las organizaciones

Este 28 de junio, Unicef (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia) informó que unos 680.000 niños necesitan asistencia humanitaria tras el movimiento telúrico registrado hace cinco días.

“Los hospitales están operando por encima de su capacidad, miles de niños y niñas no tienen acceso confiable a agua potable y muchas escuelas han sufrido daños”, expresó Manuel Rodríguez Pumarol, representante de Unicef en Venezuela, en una nota de prensa publicada en el sitio oficial de la organización.

Mientras tanto, el Estado venezolano no ha emitido cifras sobre los menores de edad afectados o separados de sus padres durante la catástrofe. Los números oficiales solo registran un total de 1.450 personas muertas, 3.150 personas heridas y más 12 mil damnificados hasta la hora.

“Es necesario poder tener información actualizada, desagregada, de niños con familia, niños heridos, niños fallecidos, para poder disipar estas dudas que se están generando sobre todo en redes sociales. Entendemos que estas dudas vienen de experiencias dolorosas en Vargas en 1999 o de Tejerías en el 2023. Pero también hay que entender que estas cifras se construyen con el pasar de los días. Es muy difícil de manera inmediata tener una data consolidada”, expresó Trapani.

Una “iniciativa ciudadana digital” bajo el nombre de Registro de niños rescatados, ha contabilizado “1232 niños” que se encuentran en hospitales o que “no han sido reunificados con sus familias”. En el sitio se indica: “Esta base de datos colaborativa y voluntaria, digitaliza y consolida listados de hospitales y registros y datos provenientes de voluntarios para ayudar a reunificar a las familias. Sin duplicados, ni registros de desaparecidos: solo información de los niños rescatados que facilite su reunificación”. Trapani advierte sobre este tipo de sitios, cuya información es difícil de verificar.

Un aviso en la página señala: “Solo nosotros tenemos la información de dónde está cada niño. Nadie más puede entregarle a su hijo. Si alguien le pide dinero o le presiona a ir a un lugar sin contactarnos primero, es falso”. La web está dirigida por una mujer identificada como Renata Solomou, que en redes sociales y en su website se identifica como “emprendedora”, con un número de teléfono estadounidense.

Organizaciones defensoras de la infancia desaconsejan de forma tajante gestionar la entrega de un niño, compartir información sobre su paradero o coordinar traslados con personas asociadas a páginas independientes, porque representa un peligro inminente para la seguridad física y legal del menor. En el contexto actual, la buena fe de los voluntarios no anula los riesgos tácticos y delictivos comunes durante un desastre natural.

El Estado debe publicar las cifras

Trapani insistió en que el Estado debe ser el primero en facilitar un balance sobre la infancia afectada en Venezuela que permita filtrar la información y recomendó a la población venezolana no dar por sentado cualquier dato que se publique en internet de fuentes no verificadas.

“No se puede dar por sentado lo que dice un influencer o una persona que no es del área. En Cecodap tenemos equipos corresponsales en doce estados, tratando de hacer trabajo de campo para levantar información. La Guaira es la zona más golpeada, pero en Caracas también hay afectaciones y niños que no podemos invisibilizar”, apuntó el abogado.

Cecodap recordó que el Instituto Autónomo Consejo Nacional de Derechos de Niños Niñas (Idenna) indica que los niños, niñas y adolescentes separados de sus familias deben ser registrados inmediatamente al ser localizados. En este reporte se deben detallar sus rasgos físicos y cualquier otra información obtenida mediante entrevistas que ayude a documentar con precisión su estado actual.

“Tenemos que aprender de las experiencias de Vargas y de otros desastres naturales. Creo que hay que poner foco también en la reunificación familiar. La familia tiene que estar siempre junta. Poder priorizar en acciones de rescate a familias con niños, poder garantizar de forma prioritaria los servicios básicos (agua, electricidad, alimentos) a estas familias. El hecho que hayan niños o adolescentes es un marcador importante de priorización”, culminó Trapani.