Nobel, barcos incautados y sanciones: un huracán de hechos que agita más la tensión en Venezuela

Resumimos los hechos de una semana que fue tan agitada como el mar donde se sucedieron múltiples acontecimientos

Una vertiginosa serie de eventos se sucedieron en Venezuela esta semana, que una vez más puso en el foco mundial la atención sobre este país y su entorno. Desde el eco de un Nobel de la Paz hasta el ruido de motores de aviones y barcos en el Caribe hicieron que la tensión interna no dejara de mermar.

En el centro de la tormenta, María Corina Machado emergió de la clandestinidad para buscar su galardón en Noruega, mientras Nicolás Maduro apretaba los puños en Caracas y Donald Trump desplegaba su flota de presiones desde Washington.

Una crónica de días (casi 7) que han parecido años, marcada por barcos fantasmas, discursos incendiarios y la promesa de un cambio.

Del frío de Oslo al calor tenso del Caribe

El miércoles 10 de diciembre el mundo puso los ojos en la ceremonia del Nobel de la Paz en Oslo. Machado, la líder opositora inhabilitada y en clandestinidad tras las elecciones presidenciales de julio de 2024, no cruzó las puertas del Ayuntamiento de Oslo a tiempo.

Su hija, Ana Corina Sosa Machado, subió al podio en su lugar. Con voz firme, leyó el discurso de la homenajeada: “Venezuela respira de nuevo. Oigan nuestras calles llenas de risas y música”. El texto evocaba una “larga marcha hacia la libertad”, un llamado a romper las cadenas de la “corrupción obscena” y la “dictadura brutal” que, destaca Machado, ahoga al país desde 2013.

La ausencia inicial de la premiada –justificada por un “viaje de extremo peligro”– alimentó rumores de un escape fallido, pero el Comité Nobel confirmó su seguridad. Horas después, en la madrugada del jueves, Machado apareció en el balcón del Grand Hotel y desde allí saludó a una multitud que entonaba el himno nacional venezolano.

La odisea de Machado para llegar a Noruega parece cual guión de espionaje. Fuentes estadounidenses revelaron que abandonó Venezuela el martes en una pequeña embarcación pesquera supuestamente desde la costa de Falcón rumbo a Curazao. Oleajes de tres metros y vientos furiosos retrasaron el trayecto; un exmilitar de fuerzas especiales de EE.UU., contratado por donantes privados, habría coordinado la operación.

El presidente del Comité Nobel, Jørgen Watne Frydnes, no escatimó palabras en su discurso del miércoles. “Venezuela se convirtió en un Estado autoritario brutal, sumido en una crisis humanitaria profunda”, arremetió. Acusó a una “élite protegida por el poder, las armas y la impunidad” de enriquecerse mientras millones huyen. Directo al grano, instó a Maduro: “Acepta el resultado electoral y dimite. Que amanezca una nueva era”.

Frydnes elogió a Machado como “el ejemplo más extraordinario de coraje civil en la historia reciente de América Latina”. Sus palabras, pronunciadas ante reyes y diplomáticos, resonaron como un ultimátum global.

Mientras Oslo aplaudía, el Caribe se encendía más. Ese mismo miércoles, Trump anunció la incautación del petrolero Skipper, un superpetrolero de la “flota oscura” que cargaba 1,1 millones de barriles de crudo venezolano –valorados en decenas de millones de dólares– rumbo a Cuba. Fuerzas estadounidenses, con apoyo del FBI, DHS y la Guardia Costera, abordaron el buque en alta mar y detuvieron a su tripulación.

La fiscal general Pam Bondi detalló: el Skipper –sancionado en 2022 por traficar petróleo iraní– usaba señales falsas de GPS para evadir controles, un truco común en la red de contrabando que une a Venezuela, Irán y Rusia.

Maduro estalló en un mitin el jueves: “Inauguraron una era de piratería naval criminal en el Caribe. Robaron el barco y el petróleo que pertenece al pueblo”. Amenazó con defender el comercio libre y llamó a los venezolanos a “tumbar los dientes del imperio yanqui si es necesario”.

La Casa Blanca no se detuvo ahí. Ese 11 de diciembre, el Tesoro de Estados Unidos impuso sanciones a tres sobrinos de Maduro –Carlos Erick Malpica Flores, Efraín Antonio Campo Flores y Francisco Flores de Freitas–, acusados de supuesto narcotráfico. Dos de ellos, liberados en un canje de prisioneros en 2022, “continúan sus actividades delictivas”, según Washington.

También cayeron bajo las sanciones seis empresas navieras y un empresario panameño, Ramón Carretero Napolitano, por blanquear crudo sancionado. “Negamos salvavidas financieros al régimen ilegítimo”, declaró el Departamento de Estado.

Machado, desde Oslo, respaldó la incautación del Skipper: “Paso necesario contra el régimen criminal”. Pidió al mundo cortar “recursos ilegales” que sostienen la represión, y acusó a Venezuela de albergar “agentes rusos, iraníes y carteles”.

Maduro, en cadena nacional el viernes, tildó a Machado de “ridícula” por “llamar a la invasión” y juró: “Volverá Rin Tin Tin, pero los nazis y fascistas jamás”.