"No es lo mismo que antes del coronavirus", lamentan perrocalenteros de Caracas

LA HUMANIDAD · 12 OCTUBRE, 2020 15:03

“No es lo mismo que antes del coronavirus”, lamentan perrocalenteros de la Gran Caracas

Texto por Ronny Rodríguez Rosas | @ronnyrodriguez

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El bullicio por las noches dejó de ser una constante en Plaza Venezuela, sobre todo en la calle donde hasta ocho ventas de perro calientes y hamburguesas ofrecían comida rápida a quienes salían de fiesta o en horas del mediodía aprovechaban para salir de sus oficinas a comprar lo más accesible a sus bolsillos.

Desde la llegada del coronavirus a Venezuela el pasado 13 de marzo, las ventas quedaron restringidas para llevar. Además,  fue apenas en junio cuando comenzó a flexibilizarse la actividad económica en el país, más allá de los cinco sectores priorizados en el decreto de alarma nacional de la administración de Nicolás Maduro.

Y aunque desde hace cuatro meses comenzó la flexibilización, en el área metropolitana de Caracas solo rige desde el mes de agosto, cuando todavía la capital venezolana era el epicentro de la pandemia del COVID-19.

Con esta realidad sobreviven los vendedores de perros calientes en la capital venezolana. En Plaza Venezuela, aunque son reacios a hablar con los periodistas, uno de los encargados de un carrito cuenta que “poco a poco” han regresado a sus puestos.

Sin embargo, la Alcaldía de Caracas solo deja que por semana de flexibilización se mantengan cuatro de los ocho puestos fijos de venta en la zona. Es decir, que se rotan para trabajar cuatro en una semana flexible y otros cuatro en la siguiente.

No es lo mismo que antes del coronavirus. Ahora todo se vende para llevar, hasta los refrescos los vendemos en vaso y para que la gente tenga algo de comodidad les damos las salsas de su preferencia en bolsitas”, dijo el vendedor, aunque se negó a dar su nombre.

Las sillas, mesas o banquitos están prohibidas en los carros de perros calientes de Plaza Venezuela. Aunque los vendedores llegan temprano en la mañana, las ventas se activan a partir del mediodía.

Pueden permanecer hasta las 7:00 de la noche en la tradicional calle de comida rápida, una de las más populares en otras épocas de la capital venezolana, pero cumpliendo las normas de bioseguridad como el distanciamiento físico, evitar el aglomeramiento de clientes y el énfasis de comida rápida para llevar.

Un perro caliente sencillo en Plaza Venezuela puede costar un dólar y la hamburguesa más básica desde tres dólares.

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En Baruta no pueden cocinar

Los vendedores de estas “balas frías” en Baruta la tienen más difícil. La Alcaldía les permitió regresar a vender pero con una condición: no pueden preparar comidas en sus carritos; es decir la deben traer ya lista de sus casas y solo la pueden calentar para vender a sus clientes.

Los carritos solo pueden estar activos en las semanas de flexibilización, en un horario que va desde las 9:00 de la mañana hasta las 5:00 de la tarde.

Diagonal a la antigua gasolinera Texaco en Las Mercedes, Roxana Leal tiene su carrito. Cuenta a Efecto Cocuyo que antes de la pandemia podían vender hasta 100 perros calientes o hamburguesas, pero desde que volvieron bajo esta modalidad, apenas llegan a 40 productos en el día.

“Las ventas han bajado bastante. Si antes vendíamos 100 ahora estamos entre 30 y 40, además es que de día nunca han sido tan buenas las ventas y ahora no se puede trabajar de noche”, resalta.

Y aunque tienen una clientela fija, el hecho de tener que recalentar los perros calientes o hamburguesas en un horno microondas no es atractivo para sus clientes.

En otros puestos de Las Mercedes la realidad es la misma, apenas se ve a un vendedor y los carritos semivacíos sin frascos de salsa ni cocinas a baño maría encendidas. Algunos muestran cajetillas de cigarros, pero nada de perros o hamburguesas.

En el puesto de Roxana un perro caliente cuesta 1,33 dólares, lo mismo que el valor de un refresco y la hamburguesa especial se oferta en cuatro dólares.

Pero, a pesar de estas condiciones los vendedores de perros calientes en la Gran Caracas salen a la calle, se las ingenian y sobreviven en medio de la pandemia.