Maestros deben aprender a manejar situación emocional y estrés infantil - Efecto Cocuyo

LA HUMANIDAD · 5 SEPTIEMBRE, 2019 08:00

Maestros deben aprender a manejar situación emocional y estrés infantil

Texto por Isabella Reimí │@isabellareimi Fotos por Mairet Chourio

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Los docentes se ven afectados psicológicamente por la crisis que rodea a Venezuela, y los niños también. Esta situación emocional constituye un reto más para impartir educación en Venezuela.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), 22% de las personas que viven en situación de crisis humanitaria, sufre depresión, ansiedad o trastornos psicológicos. Esto debido a que enfrentan problemas sociales a partir de la crisis, tales como separación de la familia, inseguridad, pérdida de medios de subsistencia, descomposición del tejido social, disminución de la confianza y los recursos.

Aunque la depresión y la ansiedad son más frecuentes en los adultos, también los niños pueden padecer de estrés.

En el caso de los niños, los tres factores que pueden estresarlos son la familia, la salud y la escuela, según escribe la psicóloga Raquel Martínez Rico. Sin embargo, las escuelas pueden ser un entorno de seguridad para que el niño pueda atravesar la crisis.

En situaciones de emergencia humanitaria compleja los apoyos sociales como la educación son esenciales para proteger y apoyar la salud mental y el bienestar, de acuerdo con el foro IASC de asistencia humanitaria.

La profesora Luisa Pernalete, coordinadora de Educación para la Paz de Fe y Alegría, aseguró que uno de los temas que más influenció a los niños en este último año escolar fue la ausencia de sus padres, quienes migraron a otros países para asegurarles una mejor vida. A esta generación de niños se les llama “dejados atrás”.

Este fenómeno causa tres efectos posibles en los niños dejados atrás, según Pernalete, uno es la desmotivación. Otro es que los niños presenten actitudes agresivas, esto “porque el niño no comprende bien lo que está pasando”, y muchas veces se sienten abandonados. El último efecto posible para estos niños es la depresión, para lo cual se necesita la asistencia de un especialista.

En el primer caso, la desmotivación muchas veces es causante de deserción, sobretodo porque al no estar a cargo de sus padres, sus familiares encargados no tienen el mismo sentido de responsabilidad para obligarlos a asistir, explicó Pernalete.

Pero también el estrés que los desmotive puede venir de la pérdida generalizada de las clases por la falta de servicios como luz y agua, o de transporte público.

En algunas escuelas de Fe y Alegría se han iniciado dos estrategias para evitar que estos distintos factores incidan en la deserción escolar. El primero es exhortar a los maestros a que cuando los niños que falten dos días se les pregunte por qué a los alumnos.

“Hay que hacer una campaña para que vuelvan los muchachos. Se logró incrementar la asistencia en un 5% diciéndole a los compañeritos “dile que vuelva”, dijo Pernalete.

La otra estrategia es la sensibilidad a los niños dejados atrás, que son apadrinados por profesoras llamadas “comadres”, quienes hacen seguimiento de las necesidades de estos niños.

Profesores deben tener más sensibilidad

Para Miguel Ángel Jaimes, profesor tachirense de la Asociación Venezolana de Educación Católica (Avec) con 19 años de experiencia, los docentes están haciendo un buen acompañamiento emocional al estudiante.

Según el profesor, en la educación venezolana se tienen la misma creencia de hace cincuenta años, la de memorizar los contenidos para alcanzar el conocimiento.  

“Vemos al estudiante como debería ser, no como el ser que es”.

Según su experiencia de vida, el docente tiene que entender a ese muchacho, en la situación que vive en su pleno desarrollo, a nivel psíquico, físico, emocional y religioso. “Se le exige algo a nivel de conocimiento, pero no que experimente la emoción y la haga consciente.”

Jaimes cree que el punto de encuentro entre el profesor y el alumno debe ser que ambos experimentan lo mismo.

“El docente vive lo mismo que vive el estudiante, de repente no tuvo la plata para llegar al colegio porque no tuvo cómo pagar la camioneta, el docente igual.”

Por eso, considera que el docente “tiene que empezar a tener control de su ser”.

Ana Lisset Rangel, profesora del Instituto de Psicología de la UCV, piensa que es necesario que los docentes adquieran destrezas que les permitan manejar con éxito las situaciones difíciles en las aulas.

Considera importante que den a los niños un espacio para expresar sus sentimientos y que sepan escucharlos. Por eso algunas de sus recomendaciones para los docentes son darles oportunidad a los niños de hablar y de dibujar como vía para expresar sus sentimientos y hacer trabajos cooperativos en las escuelas que permitan crear y fortalecer donde se establezcan redes de apoyo. “Esto te obliga a crear un cerco protector que no le están brindando las políticas públicas”, dijo.

Además, los profesores necesitan desarrollar capacidades para entender las razones por las cuales los niños se comportan así, ya que los niños no siempre verbalizan sus necesidades como podrían hacerlo los adultos. Esto implica que deben hacer una revisión de la información que existe acerca de qué se puede hacer en estas situaciones.

Sin embargo, según la misma psicóloga esas recomendaciones “se quedan cortas ante los retos que supone enseñar en este contexto”. Considera que el primer deber es resignificar la labor del docente en cuanto a la valoración de su trabajo y garantizar las condiciones que les brinden bienestar. “No podemos esperar que un docente que gana menos de siete dólares mensuales pueda responder de manera óptima y además exigirle una formación que probablemente le demande invertir sus propios recursos en ello”.

En las instituciones públicas, el salario de un docente con maestría es de Bs. 50.000, que equivale a cuatro dólares mensuales.

Por la situación tan difícil que se presenta a los docentes, la licenciada destacó la importancia de que los profesores procuren espacios que les permitan ”trabajar sus crisis personales y problemas”, que reciban apoyo psicológico que les fortalezca y les permita educar a los niños en este contexto tan complejo, de la mejor manera posible”.