Madres de presos políticos en Zona 7: esperan que la amnistía no sea solo un anuncio

Las madres recibieron con júbilo la noticia de la propuesta de una Ley de Amnistía; sin embargo, hasta no ver a sus familiares libres no creerán en promesas

El anuncio de la amnistía general, que informó la presidenta encargada Delcy Rodríguez, generó una expectativa inmediata dentro de los calabozos de la sede de la Policía Nacional Bolivariana en Zona 7, al este de Caracas, donde los detenidos ya manejaban información sobre el beneficio procesal.

A pesar de esto, las madres mantienen la guardia en el campamento instalado desde el pasado 8 de enero. Ese día, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, informó sobre excarcelaciones a un importante número de presos políticos que aún no se concreta.

La experiencia de promesas previas incumplidas obliga a los familiares a mantener la cautela hasta que las boletas de libertad se materialicen de forma efectiva. Flor Zambrano, madre de Renny Chourio, resume el sentimiento general de las familias que prefieren no dar nada por sentado. 

La mujer pudo visitar a su hijo detenido en noviembre de 2025, quien permaneció en desaparición forzada hasta el pasado martes 27 de enero.

“Ay, estoy feliz, feliz. Pero vamos a esperar hasta que no lo vea aquí afuera. Todavía no contemos los pollitos antes de nacer”, dijo Zambrano al describir su postura ante el anuncio oficial. 

Este sábado 31 de enero permitieron nuevamente a los familiares poder visitrar a sus parientes

La propuesta de ley será introducida, en las próximas horas, ante la Asamblea Nacional para su discusión y aprobación.

Mientras los tiempos legislativos avanzan, Nelsy Escorcia, Evelis Cano y Flor permanecen junto a sus carpas y vigilan la entrada del recinto. 

A la expectativa

El ambiente en el campamento cambió tras el anuncio oficial sobre la propuesta de ley de amnistía general, que pretende cubrir los casos de violencia política desde 1999 hasta la actualidad.

Para estas mujeres que tienen 23 días en protesta, la noticia representa una mezcla de esperanza contenida y desconfianza acumulada tras meses de incertidumbre judicial en cada uno de los casos.

Evelis Cano, madre del preso político Jack Tantak, describe su proceso personal como una transformación donde el miedo desapareció en el momento de la detención de su hijo. Ella permanece a las afueras del centro de reclusión, a pesar de padecer fibromialgia y traumatismo musculoesquelético. 

“¿Cuando perdí el miedo?, cuando detuvieron a mi hijo, en ese mismo instante me quité el miedo. Es como que te quitas una ropa y la tiras en la basura, la quemaste”, dice la mujer, quien incluso se llegó a encadenar para exigir respuesta rápida de las autoridades, debido a que estos negaban la existencia de presos políticos en esa comisaría policial.

La realidad tras los muros de Zona 7

Nelsy Escorcia sacude el agua de los plásticos y acomoda los parales de su carpa a las afueras de Zona 7. El aguacero de la noche del viernes, 30 de enero, empapó sus pertenencias y dañó gran parte de la estructura de la tienda que le sirve de refugio. 

A pesar del sucio y el cansancio, Nelsy, de 57 años y oriunda del Zulia, levanta nuevamente su campamento improvisado con una determinación que no admite retrocesos, de allí no se va hasta que liberen a su esposo.

La postura de Nelsy, quien se vino de Ecuador cuando se enteró que su esposo estaba tras las rejas, demuestra el compromiso de las familias que pernoctan frente al centro de detención, quienes manifiestan que no se retirarán hasta que sus familiares crucen la valla policial que impide su retorno a la libertad. 

Los testimonios de las madres que lograron ingresar al centro de detención coinciden en el deterioro físico de los prisioneros. Las visitas se realizan en espacios acondicionados recientemente con mesas y sillas, un escenario que los familiares describen como una fachada para ocultar las condiciones reales de las celdas. 

La falta de exposición al sol y la alimentación deficiente marcan el estado de salud de los detenidos, quienes presentan una coloración amarillenta en la piel y una pérdida de peso evidente.

Nelsy relata que su esposo, Franklin Parra, de 58 años, perdió aproximadamente 20 kilos desde su detención en Maracaibo en noviembre pasado.

La mujer, quien regresó de Guayaquil para buscar a su familiar, explica que los prisioneros enfrentan daños psicológicos profundos. Según su relato, las condiciones de reclusión limitan incluso las necesidades básicas más elementales durante periodos prolongados.

“Él (su esposo) me dice que el daño psicológico es bastante grande, pero que se han aferrado a la palabra de Dios. Se mantiene bien, porque  allá adentro ha recibido palabras de Dios y se ha mantenido firme”, dice. 

Las madres esperan con ansias la llegada del martes 3 de febrero, día de sesión en la Asamblea Nacional. Tienen la esperanza de que durante la amnistía sea discutida en dos sesiones y salgan en libertad los más de 700 presos políticos de Venezuela.