Linchamientos transforman una comunidad en grupo de exterminio, alerta sociólogo Leoncio Barrios

LA HUMANIDAD · 7 ABRIL, 2016 23:52

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Vanessa Moreno Losada | @MoreLosada24


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Roberto Josué Fuentes Bernal, de 42 años de edad, murió el miércoles 6 de abril en el hospital Miguel Pérez Carreño al sufrir de un edema pulmonar, una complicación final de las quemaduras en 70% de su cuerpo. Dos días antes había sido atacado por una multitud, que lo golpeó, lo pateó y lo quemó.

El delito quedó grabado en los teléfonos celulares de los presentes. Los videos se difundieron por redes sociales y en tan solo dos días las versiones convirtieron a Roberto Josué en un ladrón, una expareja abusadora y en un buen samaritano. A cada una le siguió la opinión pública, que en las redes sociales pasó de un “bien hecho” a un “hay que encarcelar a todos los que lo lincharon”.

“Independientemente de los motivos, de lo que hubiese hecho el hombre, un linchamiento es un acto delictivo. Por lo tanto, las personas que están incursas en un delito deben ser sancionadas”, manifestó el psicólogo social Leoncio Barrios.

En el video difundido por redes se ve a un grupo de personas, transeúntes y motorizados, alrededor de un hombre con pantalón beige y camisa blanca sobre el piso, boca arriba. Ese era Roberto Josué que tenía la cabeza llena de sangre por una herida profunda que le ocasionó la turba, e intentaba levantarse mientras los demás lo rodeaban acusándolo de atracador.

De repente, uno de los presentes roció a Roberto Josué con gasolina mientras que otro, con camisa roja, jeans y un yeso en el brazo izquierdo, lo prende con un yesquero. Acto seguido, los que veían se dispersaron hasta que un motorizado intentó apagar el fuego con el pendón de la línea, otro logró extinguir las llamas con una chaqueta y una mujer le echó dos chorros de agua.

El hecho ocurrió el lunes 4 de abril a las 9:00 am en la avenida principal de Los Ruices, frente al centro comercial homónimo, a la altura del elevado. Testigos indicaron a Efecto Cocuyo que la Policía de Sucre llegó a los cinco minutos de que Roberto Josué hubiese sido quemado, y en una de sus patrullas lo llevaron al hospital Domingo Luciani, en donde los médicos no pudieron intervenirlo porque la unidad de quemaduras no estaba equipada. Dos horas después, fue trasladado al Pérez Carreño.

La familia de la víctima estuvo en la morgue de Bello Monte, este jueves, y desde allí desmintió la versión que lo convertía en un hampón y aquella en la que se señalaba que una mujer, supuestamente su expareja, lo habría acusado de haberla robado para que la dejara tranquila tras una fuerte discusión.

“Él quería auxiliar al señor y lo acusaron a él de ser el ladrón. Hubo mucha confusión y, aunque pidió clemencia, que no lo atacaran, a nadie le importó», exclamaron sus parientes y agregaron que el hombre pudo contarle al médico tratante lo que había ocurrido.

Roberto Josué era cocinero profesional. Hace una semana había conseguido un trabajo en un restaurante de Los Ruices, luego de estar tres meses sin un empleo. Antes había sido parte de la cocina del Ministerio de Alimentación, según contaron sus seres queridos. Era padre de cuatro niños menores de edad y vivía con ellos en la carretera Petare – Santa Lucía, kilómetro 8.

La versión de los motorizados

Eran las 9:40 am del lunes 4 de abril y Alejandro Delgado llegó a la Línea Mototaxi My Own Bussinness para empezar una semana más de trabajo. Cuando llegó, vio cómo la gente tenía sometido a un hombre. Le dijeron que había robado a un señor mayor, por eso lo golpearon.

Uno de sus compañeros fue parte del juzgado que consideró que un fajo de dinero con las mismas características que el abuelo había descrito probaban que había pasado. “Cuando vimos que desde allá (banco) lo perseguían y golpeaban, nosotros (motorizados) nos metimos una vez que la gente llegó a la parte de abajo del elevado. Ahí le preguntamos al señor qué había pasado, que quién lo había robado. Él dijo que había sido el hombre que estaban persiguiendo. Que le había quitado su pensión en el Banesco (ubicado a pocos metros del elevado de Los Ruices), que eran entre 10 mil y 15 mil bolívares en billetes de 100 y 50. Lo revisamos y en el bolsillo de la parte trasera del pantalón tenía el dinero”, contó uno de los trabajadores de la línea de motorizados.

Dice que al ver “la prueba”, la gente se molestó aún más; mientras que el hombre les decía que se “entregaba”. Vecinos, motorizados y transeúntes lo golpearon, incluso algunas personas que pasaban por el sitio lo patearon.

“Ya cuando el hombre estaba en el piso, nosotros le pedíamos a la gente que se calmara. Les decíamos que venía Polisucre y que teníamos que esperar”, aseguró el motorizado que no quiso ser identificado.

Alejandro Delgado, su compañero, tuvo que discutir con algunas personas que no estaban de acuerdo con parar la golpiza. “Me decían sinverguenza, que si seguía protegiéndolo me iban a linchar. Pero yo les dije que si lo volvían a tocar sería por encima de mí. Hasta me lanzaron un objeto contundente”, dijo.

Unos segundos de descuido bastaron para que alguien, que ellos aseguran no pertenece a la línea, rociara al hombre con gasolina y otro encendiera el yesquero que acabaría con la vida de Roberto Josué.

“A las dos horas del hecho llegó Polisucre para iniciar las investigaciones. Hoy estuvo el Cicpc aquí y tomó fotos del sitio. Eso fue un homicidio y queremos que el que lo quemó, pague. Tememos que nos detengan a todos por esa muerte, que nosotros intentamos evitar. Nosotros somos los que trabajamos aquí, día y noche. No queremos que tomen represalias contra nosotros”, pidió uno de los motorizados.

Polisucre y el Cicpc realizan investigaciones para identificar a los responsables de los linchamientos ocurridos en el municipio, específicamente en la zona de Los Ruices y Los Cortijos durante las últimas semanas. “Una vez sean identificados, seremos contundentes con esas personas que tratan de tomar la justicia por sus manos”, indicó el director general de este cuerpo policial, comisario Manuel Furelos, a través de un comunicado.

Una práctica vieja

“Esta situación nos prende la luz roja, porque los linchamientos se están volviendo ‘socialmente aceptados’, en el sentido de que hay un acuerdo entre pares de una comunidad para actuar así, cansados de una ineficacia policial y viéndose vulnerables ante el hampa”, explicó el sociólogo Leoncio Berrios.

Desde 2015 en la comunidad de Los Ruices existe un grupo de jóvenes, en su mayoría, que se organizó para atacar a todo atracador que afectara a los suyos. Empezó como un grupo de resistencia ante la arremetida de las autoridades por las protestas en 2014, pero al final terminó en un canal de Whatsapp (mensajería instantánea) para comunicarse sobre dónde había alguien a quien hubieran atrapado robando.

A las redes sociales llegaron fotos de hombres amarrados a postes o maniatados, de hombres desnudos tirados sobre el pavimento e incluso de un diente que le habían arrancado de un golpe a un presunto delincuente. Roberto Josué es al primero al que matan, al menos que la comunidad sepa.

“Estas son las primeras señales de un movimiento paramilitar por parte de una comunidad que se convierte en grupo de exterminio con personas que están hartas del hampa”, advirtió el experto en el comportamiento de las sociedades.

El miércoles 6 de abril a las 7:30 pm los «linchadores» volvieron al ataque. Al parecer, dos jóvenes fueron vistos atracando. A uno lo golpearon cerca de la licorería Luna de Oro y al otro en la entrada de la Panadería Los Cortijos. El primero, se lo llevaron unos hombres que portaban una escopeta en una camioneta blanca, la cual pasaba por el sitio. El segundo fue rescatado por Polisucre. «Ese ya lo habíamos agarrado hace dos meses», exclamó en esa oportunidad uno de los jóvenes que cree que la justicia está en sus manos.