Lía Bermúdez y su huella en el arte venezolano

LA HUMANIDAD · 22 OCTUBRE, 2021 19:48

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Albany Andara Meza | @AlbanyAndara


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Sus obras parecen alzar el vuelo en el espacio que abarcan. Podrían ser pájaros o murciélagos coloridos que intentan alcanzar el cielo, que juegan con la gravedad de la tierra, que se mantienen suspendidos en el tiempo.

Pájaro Azul, en el Centro Cultural BOD; Tajatí, en el Centro de Arte La Estancia y la escultura relieve en la estación de Colegio de Ingenieros del metro de Caracas son solo algunas de las centenares de figuras con las que Carmen Rosalía González Agreda, conocida con cariño como Lía Bermúdez, hacía alarde de una gran habilidad para transformar el vidrio y el hierro en arte. 

Entre esculturas e ideas abstractas, Lía Bermúdez se hizo un lugar en la historia contemporánea de Venezuela como una de las mejores artistas plásticas del país desde mediados del siglo XX hasta su muerte, este viernes 22 de octubre de 2021.

Trabajaba con colores brillantes que deslumbraban a los visitantes del Centro de Bellas Artes de Maracaibo, el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas y hasta el Museo de Arte Moderno de América Latina, en Washington, Estados Unidos. 

Lía Bermúdez y su huella en el arte venezolano

Escultura relieve. Estación Colegio de Ingenieros. Metro de Caracas (1982)

Se casó joven, en 1947. Ese mismo año se apuntó a la Escuela de Artes Plásticas de Julio Árraga, en la caliente ciudad de Maracaibo, capital de Zulia, en el occidente de Venezuela. No tardó en toparse con Jesús Soto y sus impresionantes muestras de cinetismo.

Fue alumna del destacado artista hasta 1950, cuando culminó los estudios. Para entonces ya había conocido a poetas, escritores y músicos marabinos que la habrían de recordar durante muchos años, debido a la huella indeleble que dejó en la ciudad poco después. 

Sergio Antillano, curador de exposiciones y expresidente del Museo de Ciencias, la describió como una mujer excepcional con espíritu de argonauta, a finales del siglo pasado.

Clases de arte

Lía Bermúdez llegó a Maracaibo en un barco y cuando puso un pie en esa tierra, hacia la década de los cuarenta, se enamoró de la ciudad, del lago y de la gente. Comenzó a llamarse la «caracucha», porque en realidad nació en Caracas en 1930.

En 1952, Lía vuelve brevemente a su lugar natal donde encuentra y conoce a Armando Reverón, dos años antes de que éste sufriese la embolia cerebral que terminaría en su muerte. Sin embargo, en 1959 se embarca de nuevo a Maracaibo, para comenzar a ofrecer algunos talleres en distintos barrios.

Ingresa como docente en la Universidad del Zulia (LUZ) en 1961. Allí dicta varias cátedras en la Facultad de Arquitectura y en la Escuela de Comunicación Social hasta 1980. Ese año se convierte en directora del Instituto Zuliano de la Cultura y trescientos días después obtiene el cargo de secretaria de Cultura del estado Zulia. 

A mediados de 1976 trabajó en los detalles de la puerta principal de la sede del Banco Central de Venezuela en Maracaibo. 

Entre 1957 y 1980 ya había organizado ocho exposiciones en el Centro de Bellas Artes, de Maracaibo, el Ateneo de Valencia y la LUZ. Se rumoraba que era incomprendida, pero que «hizo germinar las piedras hasta hacerlas estallar en direcciones rítmicas». 

En 1979 alcanzó a presentar «Sculptures of Venezuela» (Esculturas de Venezuela) en el Museo de Arte Moderno de América Latina de la OEA, en la capital de Estados Unidos. Fue su primera exhibición fuera del país. José Gómez Sicre, director del museo para finales de los setenta, catalogó la exitosa carrera de Lía como el resultado de «una gran disciplina y una imaginación fértil».

Una artista con un soldador 

Bermúdez quiso experimentar con la geometría en una ciudad donde el movimiento abstracto no había encontrado un sitio para establecerse. Era la segunda mitad del siglo pasado y en Maracaibo casi no existían talleres dónde fundir los materiales. Así que ella misma se armaba con un soldador y creaba escultura tras escultura, de una fuente inagotable de ideas que brotaban de su mente inquieta. 

Algunos intelectuales masculinos de la época la miraron con curiosidad y a otros les parecía casi inverosímil ver a una mujer bajita manejando un cautín con destreza y sin lastimarse, en una ciudad tan alejada de Caracas, donde era más frecuente observar ese tipo de escenas singulares. 

Culta, serena, sutil, sensible y espontánea, así la recuerda Sergio Antillano. «Asombra comprobar cómo ha superado las inocultables fallas ambientales. Ella ha tenido que hacérselo todo, improvisar a veces», comentaba. 

No obstante, los resultados obtenidos por Bermúdez finalmente le sumaron más alabanzas que críticas a nivel nacional. 

Estructura colgante. Edificio Polar. Caracas (1985)

En la palestra pública

Entre 1980 y 1990 el nombre de Lía Bermúdez se repetía constantemente en los círculos artísticos venezolanos. En 1981, crea la escultura de la escalera del Hotel Intercontinental de Maracaibo. Posteriormente participa en la primera Bienal de Artes Visuales del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas (MACC).

En 1983, es invitada para diseñar una de las esculturas del recién construido Metro de Caracas. Participa también en la I y III Bienal Francisco Narváez. En 1985 crea una serie de piezas colgantes para la Torre Polar, ubicada en Plaza Venezuela. En 1987, instala una obra en el edificio de la Corte Suprema de Justicia y otra en el BOD o Torre CorpBanca. 

Durante 1989, una exposición suya es organizada en el MACC, sobre su trayectoria como artista venezolana. Esta fue supervisada por la misma Sofía Ímber. La fama de Lía iba siempre en ascenso. 

«Lía es promotora incansable y presencia permanente de todo quehacer cultural, entendido este no como actividad extraña y circunstancial, sino como expresión cotidiana de un pueblo, de allí que su obra se integra a la ciudad, en edificios, plazas y avenidas, aristas vigorosas que señalan el firmamento, estructuras sólidas de hierro, volátiles y en desafío, confundiendo cielo y tierra en la dimensión del hombre ya que no es otra sensación la que percibimos en su obra, sino la humanización de la materia y el espacio», reseñó Ángel Lombardi, exdecano de la Universidad del Zulia, en el libro «Artistas del Zulia» del siglo XX. 

Gestación. Tribunal Supremo de Justicia. Caracas (1987)

Un centro de arte en Maracaibo 

Encantada como estaba con las calles marabinas, Lía Bermúdez no se explicaba la ausencia de promoción artística en la urbe. En comparación con el Distrito Capital, la vida cultural de Maracaibo transcurría sin sobresaltos y a paso lento. En 1990, se acerca a Oswaldo Álvarez Paz, gobernador de Zulia, con un proyecto entre las manos. En 1993, es inaugurado oficialmente el Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez, en el antiguo mercado principal de la ciudad.

El espacio sigue funcionando hasta hoy. Actualmente posee una cuenta de 150 exposiciones realizadas desde su fundación. También acogió artistas como Jesús Soto y Francisco Narváez, entre otras personalidades del arte latinoamericano.

De hecho, la última gran exposición de Soto en suelo venezolano fue llevada a cabo en las salas del centro de arte creado por Lía Bermúdez. 

Premios para Lía Bermúdez

Algunos de los premios y reconocimientos recibidos por Lía Bermúdez son:

  • Premio Escultura Shell de Venezuela (1963)
  • Premio UC, XXIV Salón Arturo Michelena (1966)
  • Premio Julio Morales Lara (1973)
  • Premio Nacional de Escultura (1976)
  • Orden de Andrés Bello en su tercera Clase (1979)
  • Orden del Libertador en su Grado de Caballero (1988)
  • Orden Francisco de Miranda en Primera Clase (1989)
  • Condecoración Armando Reverón en su Única Clase (1995)
  • Premio Nacional de Artes Plásticas de Venezuela (2006)
  • Orden Lago de Maracaibo (2012)
  • Doctorado Honoris Causa, en la Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt (2013)

La muerte de la artista venezolana viste de luto a Venezuela. Sin embargo, en Maracaibo su legado sigue vivo a través de sus proyectos culturales y sus obras: los pájaros, mariposas y murciélagos que siguen intentando llegar al cielo.  

Bermúdez falleció a los 91 años de edad, en la mañana del 22 de octubre de 2021, luego de una vida entera dedicada a la creación y promoción cultural en el país. 

«La escultura no es asunto de improvisados, no es asunto de hacer bolas de barro y aplicarlas en estucos y palos y narices y asuntos bobalicones ya quedados para la elocuencia de algún rezagado benefactor o ilustre. La escultura es el encuentro de la forma no habitada. Es la palabra sólida. Y en nuestro caso es toda la belleza junta de Lía de Bermúdez», razonó Figueroa Brett sobre esta ilustre escultora y referente nacional.