La solidaridad se instala en el parque del Este con un hospital de campaña español

El hospital de campaña EMT-1 atiende a más de 200 pacientes diarios en Caracas tras el doble terremoto.

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Hospital de la cooperación española. Foto: Patricia Ochoa

A las 6:50 a.m., las carpas del hospital de campaña EMT-1 en el Parque del Este, Caracas, empiezan a abrirse. La ciudad se mueve, de a poco, tras el doble terremoto, mientras una fila de pacientes llega a la espera de ser atendidos por el personal médico y logístico de 44 voluntarios que viajó desde España por primera vez.

El verde rodea las tiendas, en las que se atiende a más de 200 pacientes por día en medicina primaria y especialidades. Silvia Moreno, enfermera de emergencias, recibe a los niños que llegan al área de pediatría. La mayoría de los pequeños lloran al salir porque no quieren dejar atrás los colores, dibujos y canciones. Sus mamás y abuelas también dejan algunas lágrimas en la consulta, al recordar las vidas y hogares perdidos.

En la noche, tras un turno de 12 horas, Silvia explica que un terremoto puede derrumbar edificios, pero también familias y cabezas. Su sonrisa no pierde fuerza mientras cuenta que desde pequeña miraba el cielo y quería estudiarlo. Lo que más le gustaba, después de las estrellas, era cuidar a las personas en sus mejores y peores momentos, por eso empezó a estudiar enfermería en Guadalajara, Castilla-La Mancha. En 2014 trabajó en su primera catástrofe en Filipinas, y siguió su formación en urgencias y emergencias para atender a los pacientes cuando los sistemas de salud nacionales han colapsado. Lo sigue haciendo, 12 años después y con dos hijos.

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Silvia Moreno, enfermera de urgencias. Foto: Patricia Ochoa

El grupo START se activa cuando hay una catástrofe, sin conflicto bélico de por medio. Cuando el país que atraviesa la crisis pide ayuda, como Venezuela, el equipo desplegado en toda España empieza a operar. En Bilbao, la enfermera recibió la alarma en su correo electrónico. “Dependiendo de los perfiles nos activan, en tres días tienes que preparar tu cabeza y la maleta. El terremoto deja más huellas: el peligro de las secuelas posteriores, las lesiones… no es solo “me he roto un brazo”, psicológicamente siguen con el miedo de las réplicas”.

Tras seis días en Caracas, destaca la solidaridad de los venezolanos. Dice que en cada destino recupera la fe en la humanidad al ver cómo entre las personas se ayudan en medio de la fragilidad y el sufrimiento. Y cómo, a pesar de que no tienen nada, “ese poquito” que aún conservan lo dan por todos.

El hospital

El Parque Generalísimo Francisco de Miranda ahora es un espacio de contraste. Las zonas de acampada para los damnificados por los terremotos fueron desalojadas y trasladadas a otros centros de atención provisionales, dejando espacio al personal sanitario y a los vecinos que salen a ejercitarse. En la entrada, forrada con carteles de niños y familias desaparecidas después del 24 de junio, se movió el rastro de quienes piden ayuda para localizar a sus seres queridos.

Desaparecidos. Foto: Patricia Ochoa

El hospital de campaña cuenta con triaje (proceso de clasificación de pacientes en los servicios de urgencias y emergencias médicas), en el que se desarrolla un historial médico y se remite al paciente a medicina general, traumatología, fisioterapia, ginecología, obstetricia, pediatría, psicología y psiquiatría. Tienen, además, un laboratorio con analíticas, radiología y sistema de farmacias para estabilización.

Pilar Baselga, jefa de misión del hospital de campaña instalado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), detalló que el centro está abierto a quienes necesiten atención médica gratuita, tras afectaciones directas o indirectas por los sismos, desde las 7:00 a.m. hasta las 7:00 p.m.

Para ingresar como paciente se debe mostrar la cédula de identidad al personal de la cooperación española (en caso de no tenerla, mencionó que podrán proporcionar nombre y apellido). Hasta ahora lo más común son problemas respiratorios, pero que la salud mental también es fundamental: “Después de una tragedia como esta, es importante acudir a los especialistas para que nos ayuden a superar los traumas”.

El hospital de campaña estará hasta finales de mes en Caracas. Los pacientes con enfermedades crónicas, son redireccionados al sistema de salud público.

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Pilar Baselga. Foto: Patricia Ochoa

¿Quiénes están detrás?

Un hospital de campaña START EMT-1 se instala en unas 36 horas. El campamento se forma con una zona de vida, sistemas de potabilización de agua, saneamiento y el área hospitalaria. Parte del grupo de 46 personas de sanidad y logística que llegó a Venezuela se compone de bomberos del Ayuntamiento de Madrid, ERICAM y SUMMA 112.

Los técnicos en emergencias sanitarias y bomberos se encargan de que el campamento, zona hospitalaria e instalaciones sean 100% autosostenibles. En el día a día, mantienen operativa toda la indumentaria para que el hospital siga su marcha.

Diego Domínguez se crió en Zafra, Extremadura, describe su ciudad como luchadora, trabajadora y constante. Como el trabajo que realiza junto a la ONG Cesal y misiones humanitarias. A los 22 años inició como ayudante de cocina en voluntariados en parroquias locales, y estudió en Madrid una licenciatura en pastelería, panadería y cocina. Tiene 20 años como profesor y, tras 14 años en el ministerio, dice que la hiperactividad mezclada con empatía lo ha llevado a seguir ayudando.

Diego Domínguez. Foto: Patricia Ochoa

En Venezuela, junto a Cesal, coordina a los voluntarios locales en la cocina del hospital de campaña. Una carpa, algunos utensilios y mucha motivación. “La cocina es un motor para ayudar y crear personas”, destaca, mientras explica cómo desde Madrid inician los ensayos y simulacros para las salidas humanitarias. En el campo elaboran el menú diario según la materia prima disponible en el país, para que los voluntarios médicos se sientan más cerca de casa. Cinco comidas por jornada, dos grupos de voluntarios venezolanos divididos por mañana o tarde y mucha voluntad de los chefs.

Para Diego, el trabajo en equipo es una cadena, pero la cocina es el motor que hace que todo funcione. La energía de las emprendedoras y estudiantes voluntarios lo impulsa a seguir. “Estos chicos nos aportan mucha esperanza, sabemos que el país no está solo. Nosotros aportamos un poquito, pero con ellos sumamos mucho más”.

La primera misión en Venezuela

La primera misión del Equipo Médico de Emergencia Tipo 1 (EMT1) se desplegó en Venezuela tras los terremotos. Anteriormente, el equipo de emergencia START había participado con hospitales de campaña en Turquía, Jamaica y Mozambique.

Yolanda Barrios de la Fuente es enfermera y técnica de salud en el equipo START, el cual nació en 2018 después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) los clasificara como un equipo médico de emergencia tipo 2. “Tuvimos el primer despliegue en Mozambique, en 2019; allí atendimos a las víctimas de las inundaciones causadas por el huracán”, recuerda.

Yolanda ha estado desde el inicio. Describe que, ante un contexto mundial complejo, las emergencias causadas por desastres naturales o conflictos generan cada vez más damnificados que necesitan apoyo: “A mis conciudadanos en España les llena de orgullo que, a través de nosotros, se pueda apoyar a otros ciudadanos. Es una cosa que uno lleva insertada en el ADN. Para mí, es un modo de vida”.

Yolanda Barrios. Foto: Patricia Ochoa

Las ganas de ayudar

Selenia Rojas, emprendedora gastronómica, es parte del turno matutino de voluntarios. Cree que la atención médica es más necesaria que nunca en la nación y, desde la cocina, apoya a voluntarios que no pueden consumir productos con gluten.

Nora Muñoz viajó desde Barquisimeto, Lara, hasta Caracas junto a los estudiantes de su escuela de gastronomía. El grupo de cuatro cubre el segundo turno de voluntariado y se pregunta: ¿cómo no hacer el sacrificio ante un país que atraviesa una crisis en la que necesita que todos aporten su tiempo y recursos?

Nora Muñoz. Foto: Patricia Ochoa

“Paramos nuestra vida por esto. La gente lo requiere, Venezuela, los niños lo necesitan. Nosotros estamos sanos, podemos dar todo por un momento. Un mes, dos meses, lo que sea necesario. Cuando volvamos a Barquisimeto trabajaremos en lo nuestro, pero seguiremos apoyando”, recalcó Nora.

En la cocina, bajo el mando de Diego, ambos grupos han aprendido a trabajar por estaciones. Fernando Morán, referente socioeducativo de la ONG Cesal, cumple su tercera misión con el hospital en Venezuela: “Para nosotros era como venir a ayudar a nuestros hermanos, estar aquí es como estar en casa”.

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Fernando Morán, referente socioeducativo de la ONG Cesal. Foto: Patricia Ochoa

Vivir la tragedia

En el ecosistema del hospital de campaña, aunque hay historias de esperanza, algunos arrastran aún la tragedia que pasó y arrasó con alrededor de 189 edificios. Elvira de Perozo vivió el doble terremoto en Catia La Mar, en el tercer piso de su hogar, que no colapsó pero sufrió daños que hicieron que la desalojaran.

Al relatar su experiencia, se quiebra al mencionar lo que afrontó el estado que tanto quiere, dos veces: “Yo nací en La Guaira, me crié en La Guaira, tuve a mis hijos en La Guaira, yo soy La Guaira. Solo le pido a Dios que nos dé una oportunidad nuevamente, si es su voluntad”.

Describe a su comunidad como una familia que perdió varios integrantes tras la tragedia. Retrata el doble sismo como un fenómeno largo, pero a la vez corto, que colapsó todo a su alrededor. No hay nada, repite, y admite que su tierra quedó como un pueblo del lejano oeste, un escenario en el que piensa para no colapsar.

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La Guaira, Catia la Mar. Foto: Patricia Ochoa

Vivió la tragedia de Tacoa en 1982. Vivió el deslave de Vargas en 1999. Y vivió el doble terremoto en La Guaira. Como sobreviviente, pide ayuda y fortaleza a Dios. A las autoridades les pide “ponerse la mano en el corazón” y recuerda que, por cada ser humano del país, deben “entregarle la cuenta a Dios”. Añora una misericordia real y recalca que no le gusta quejarse, pero solicita ayuda real: “Que nos ayuden a mover la tierra, que nos ayuden a desenterrar a nuestros muertos y que nos ayuden a identificarlos”.

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Venezolanos esperan para atenderse en el parque del Este. Foto: Patricia Ochoa

Agradecer por la humanidad

Elvira, rodeada del verde del Parque del Este, con las carpas del hospital de fondo, en medio del dolor también toma un espacio para agradecer. Encontró en redes sociales información sobre la cooperación española, llevó a su nieto y valoró los abrazos.

“Que Dios les multiplique lo que hacen por esta tierra, que les ayude, que los fortalezca, porque todos los días me acuesto rogando por ayuda para los rescatistas y médicos. Gracias por venir, gracias por escuchar nuestra voz, gracias por no dejarnos solos”.

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Elvira de Perozo. Foto: Patricia Ochoa