Güiria: de la prosperidad petrolera a la huída de venezolanos en balsa

LA HUMANIDAD · 16 DICIEMBRE, 2020 19:57

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María Victoria Fermín Kancev | @vickyfermin


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“En Güiria a veces pasan cosas y la gente ni se entera”, contó José González*, habitante de la ciudad, a Efecto Cocuyo.

Los periódicos no circulan allí, como tampoco lo hacen en todo el estado Sucre. La señal de Internet y de televisión nacional es deficiente, y el servicio de cable es un lujo que la mayoría de los residentes no puede costear.

La radio apenas sintoniza dos emisoras. “Una es del Gobierno y otra es de un evangélico, pero es opositora”, dice.

José se informa por canales del servicio de mensajería Telegram. Prefiere revisarlo cuando está en el centro de la ciudad donde hay mejor señal. “Para uno tener Internet bueno, para hacer cosas, hay que pararse como a las 3:00 a.m.”.

La entrevista se realizó a través de al menos cinco llamadas telefónicas, porque en algún punto los interlocutores dejaban de escucharse y se caía la señal de Movistar.

Güiria, capital del municipio Valdez, al oriente de Venezuela, contaba en 2011 con una población de 30.934 habitantes, según el último censo del Instituto Nacional de Estadística (INE).

La ciudad no escapa del drama nacional de deficiencia de servicios públicos básicos.

Las fallas del servicio eléctrico son comunes en el pueblo. En ocasiones, la electricidad se va “todo un día o una noche”. El agua “sí está un poquito mejor”, aunque no llega a todas las comunidades y algunas se abastecen a través de camiones cisterna.

“Hay una caja de agua. Así le dicen. Un tanque reservorio donde años atrás trataban el agua. Hoy día no funciona y solamente sirve de reservorio. De allí mandan el agua cruda a las comunidades”, narró el güireño y añadió que el agua viene de un sector llamado La Toma, a cinco minutos de Güiria.

Explica que las inversiones en la ciudad sólo provienen de empresarios asiáticos: “Aquí lo que ha proliferado son los comercios chinos, tienen como 40 o 50 abastos… te compran una casa en el centro, la tumban y hacen un supermercado. En una cuadra pueden haber como cinco negocios de chinos”.

Güiria es hoy un lugar muy pobre, según José. “La comida se ha encarecido mucho por las alcabalas, por la matraca de la policía y la guardia, la corrupción”.

Muchos productos son traídos de Trinidad y Tobago.

Como ejemplo, contó que en ese país una caja de 15 kilos de pollo cuesta 15 dólares y en Venezuela la venden un poco más cara, a 25 o 30 dólares dependiendo de a quién se compre. “Pero no es pollo de Trinidad, es candiense. Ellos  tienen muchos productos de allá, es un pollo grande”.

Un boom que se apagó

Hace más de 20 años esta ciudad oriental de Venezuela vivía principalmente de la pesca, el cacao y el turismo por sus bellas playas.

“Cuando aquí llegó Pdvsa (Petróleos de Venezuela S.A) se hizo un boom. Vinieron muchas empresas de afuera… había como 10, 11 empresas petroleras privadas. Se generó mucho empleo y riquezas”, relató González.

Esto se tradujo en que la economía mejoró y las personas comenzaron a comprar carros y viviendas. “Había muchas licorerías, incluso construyeron hoteles de lujo con piscinas”, contó el güireño.

A su juicio, en paralelo, se descuidó la pesca, la ganadería y la agricultura. Luego Pdvsa empezó a decaer y también vinieron las expropiaciones por parte del Ejecutivo nacional.

“Muchas de esas personas que trabajaban o trabajan en Pdvsa ahora las ves de taxistas, albañiles. El sueldo no les da”, aseguró.

La ciudad también sucumbió ante la delincuencia organizada. En la actualidad hay presencia de bandas armadas “con fusiles y granadas”. Otro secreto a voces es que Güiria se convirtió en un puente de droga con Trinidad y Tobago y otras islas del Caribe.

Más carencias en 2020

Aunque el señor José tiene carro, es común que camine de su oficina a su casa. El abastecimiento de gasolina es intermitente: llega cada tres semanas o una vez al mes. Hay quienes hacen fila durante 20 días.

“Hay un juego macabro porque cada vez que llega la gandola dicen que reservan entre 4.000 y 5.000 litros para los vehículos de las instituciones, pero aquí no hay ambulancias, la guardia tiene una sola patrulla… al carro del comandante sí le ponen full el tanque”, expresó.

El mercado negro ofrece el litro de combustible a un costo que oscila entre uno y dos dólares.

La ciudad tiene un solo hospital y pocos médicos. Por eso, los habitantes de Güiria hacen viajes de dos horas hasta Carúpano, o de cinco horas hasta Cumaná (capital del estado Sucre), para ser atendidos en un centro de salud.

“Lo que hace a veces Pdvsa es que cada tres semanas trae especialistas, pero muy pocos quieren venir”, señaló González.

La ciudad cuenta con unas cuatro farmacias, pero solo una es la que está más surtida de medicamentos. “Ahí venden muy caro porque su dueño viaja a Puerto La Cruz a surtirse y tiene que pagar muchas alcabalas”.

El güireño relató que “Gracias a Dios” ahí no ha habido muchas personas contagiadas de coronavirus. “No tuvimos ese problema”.

Cuando se decretó la cuarentena, agregó, la ciudad prácticamente se paralizó, pero “la gente tomó eso como que ya pasó todo. Vas al mercado y no hay nadie con tapabocas, igual en la bomba de gasolina”.

Respecto a las instituciones educativas, enumeró que hay un solo liceo público, unas seis escuelas (hasta sexto grado de primaria) y dos colegios privados. “Los maestros ganan muy poco y a veces ponen a dar clases a los que están recién salidos de bachiller”.

Migración

Todas estas circunstancias, han conducido a una migración importante de los habitantes de Güiria. Algunos se han ido a Cumaná, otros a Puerto La Cruz en el estado Anzoátegui o a la capital del país, Caracas.

Muchos otros eligieron otros países, incluyendo Colombia. Pero sin duda, el destino por excelencia es el más cercano: “En Trinidad hay güireños para tirar para arriba”.

González recordó una conversación que tuvo con una amiga que vive en el extranjero. Ella le preguntaba por qué los venezolanos se seguían yendo a Trinidad si allá los trataban mal. Él solo respondió que allá, al cabo de pocos meses, podían alquilar una casa o un apartamento y mandaban a buscar a su familia.

Pero los viajes son riesgosos. Así lo reafirmó el más reciente naufragio del que se supo la noche del sábado 12 de diciembre, cuando aparecieron los primeros cadáveres cerca de la costa.

Cuatro días después se cuentan al menos 23 víctimas, de acuerdo con el último comunicado oficial del Ministerio de Relaciones Interiores, Justicia y Paz.

El señor José coincidió con su amiga al decir que en Trinidad y Tobago hay xenofobia hacia los venezolanos. Contó que él ha conocido migrantes que llegaron ilegales allá y pasaron unos seis meses presos y tuvieron que pagar altas multas para ser liberados.

También dijo tener dudas sobre a dónde va a parar el dinero que organismos internacionales envían para atender a la migración venezolana y los refugiados.

Aún con la conmoción que han generado los náufragos de Güiria, los pronunciamientos de organismos internacionales y el inicio de investigaciones por parte de la administración de Nicolás Maduro, González cree que las ganas de vivir mejor vencen al miedo. “La gente no le para a eso”, sentenció.

*Este nombre ha sido cambiado a petición del entrevistado