En Mérida piden eco y control prenatal a embarazadas que van a comprar pañales #RutaDeLaEscasez

LA HUMANIDAD · 19 OCTUBRE, 2015 12:22

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Airam Fernandez | @airamfernandez


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A la medida que adoptaron algunas farmacias y supermercados de exigir la partida de nacimiento de los hijos si pretenden comprar pañales, sin importar cuántas horas hayan pasado con un bebé en brazos, bajo el sol o la lluvia, en Mérida se suma una nueva norma que deben cumplir aquellas mujeres que aún no han dado a luz: llevar el respectivo eco y el control prenatal, que certifiquen que esa barriga es suya y es de verdad.

– Es muy crítica esta situación. Yo siempre ando con mi bebé encima porque mi esposo trabaja y toda mi familia vive en Caracas- dice Lourdes Bonilla, sentada en una acera cerca del Bicentenario de la capital merideña. Son las 9:15 am y ya logró obtener los dos paquetes de pañales que le corresponden, presentando la partida de nacimiento de su hija de seis meses. Antes de tenerla, le tocaba traer el eco, firmado por su ginecólogo.

– ¿A qué hora llegaste a la cola?

– A las seis de la mañana pero me anotaron ayer en la lista. Si no es así, todavía estuviera haciendo la cola y quién sabe si me daría chance de comprar.

– ¿Qué opinas de la medida de traer algo que compruebe que de verdad tienes un hijo?

– Es terrible pero creo que lo hacen para tratar de disminuir el bachaqueo.

– ¿A qué te dedicas?

– Yo estoy de permiso posnatal pero ya pronto me toca reincorporarme a la óptica en la que trabajo. Contando el día de hoy, tenía 22 días sin comprar pañales pero menos mal que teníamos una reserva en la casa. No sé cómo haremos cuando ya empiece a trabajar.

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De ese mismo local viene saliendo un señor con una bolsa: leche y arroz. También le preguntamos a qué hora llegó. Dice que lleva toda la noche ahí, desde las 10pm. Dice que es primera vez que hace cola y que vino por necesidad, porque es albañil y en la semana no le da tiempo de hacer compras porque trabaja. Se queja del Gobierno y se marcha, malencarado y molesto, después soltar su intención de voto para las próximas elecciones parlamentarias: «Vamos a ver cómo hacemos el 6 de diciembre, si vamos a votar o algo, a ver si salimos de esta verga».

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Esa mañana del sábado 17 de octubre, solo en ese Bicentenario había cola para comprar. El resto de los supermercados de la ciudad -donde lo más crítico es el papel higiénico, que no llega hace tres meses, según los lugareños- parecían locales normales, como eran todos en Venezuela hace apenas un año.

– Es que ahora solo van a vender de lunes a viernes. Los fines de semana no despacharán ningún producto regulado- explica uno de los encargados de seguridad del automercado Yuanlin. No podemos pasar siquiera a chequear los precios porque en ese lugar, como en la mayoría de los abastos y supermercados de Mérida, está prohibido ingresar con bolsos o carteras grandes. La opción de guardarlos en lockers ya fue eliminada. Además, las bolsas las venden. Si el cliente no quiere pagar 20 Bs por cada una, debe llevar las suyas.

Cola con artritis

Unas cuadras más abajo de ese local cuyos dueños son ciudadanos chinos, está el Mercado Principal, parada obligada para los turistas que desean comprar artesanía, dulces de leche o «abrillantados», tomarse la clásica vitamina, comerse una trucha o degustar una pisca andina.

Desde afuera, el aire turístico se esfuma cuando a lo lejos se ven unas sombrillas abiertas, una tras otra. Es una cola que apenas se está formando. Dicen que por el pollo, que llegó a 350 bolívares el kilo.

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Ahí están dos personas discutiendo por la escasez: una señora de la tercera edad y un hombre que no llega a los 40 años.

– Mire, señora, aquí no es difícil conseguir nada. Si uno tiene el dinero consigue lo que busca, se va para el mercado Soto Rosa (un mercado popular donde los productos regulados se mezclan con las hortalizas) y ahí está todo.

– Deje la justificación. No esté justificando este desastre. Si el Gobierno hiciera algo para producir, no estaríamos así.

– Yo no puedo seguir discutiendo con usted. Esa es su visión, la visión mía es otra. Si yo tuviera 600 bolos voy a cualquier bachaquero y me compro mi pote de leche y ya, no pasa nada.

– Pero eso no es normal, eso es por la escasez- intenta explicarle la señora-. ¿Sabe qué no se justifica? Que yo tenga artritis, no consiga mi medicina y tenga que estar aquí parada llevando sol por un kilo de pollo.

– Lo lamento mucho, doña.

– Mire, hay una inyección que se llama Aclasta que no me ponen hace un año porque no la he podido conseguir. Eso me produce dolor en las articulaciones porque tengo pérdida de cartílago y tengo que calarme esta cola con los dolores. ¿Usted sabe lo que es la artritis, ah?. Tampoco se justifica lo que le hacen a las embarazadas, que tienen que llevar el eco, eso es un abuso- la señora sigue hablándole al hombre, quien optó por darle la espalda en la cola para enterrar su mirada en un periódico.