El hito musical que redescubrió La Habana para el mundo

LA HUMANIDAD · 3 ABRIL, 2016 08:30

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Claudia Álvarez


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La inconfundible lengua roja de los Rolling Stones con un habano Cohiba en las franelas de los transeúntes que se desplazaban por las calles de La Habana vieja, resumían con prolija y adecuada simpatía la unión de dos culturas que durante más de 50 años estuvieron separadas musicalmente.

Desde la mañana se sentía que algo importante sucedería esa noche. Eran muchos los turistas de varias partes del mundo y cubanos los que vestían franelas alegóricas a eso que se respiraba en la capital de la isla caribeña: el concierto de Sus Majestades Satánicas en la ciudad deportiva de la capital.

Cercano a la Plaza de Armas, un vendedor de artesanía conversaba con sus clientes ese sábado 25 de marzo. Después de notar el acento venezolano de uno de mis compañeros de viaje, le preguntó amablemente el porqué de su visita. ” ¡The Rolling Stones en Cuba!”, le contestó inmediatamente. El artesano, sonriendo y con el carisma que caracteriza a los cubanos, le dijo que su primo estaba allí desde las 2:30 pm. “Apúrate asere porque la gente está llegando”. Según los cálculos de la policía y de la propia banda británica, se esperaba un millón de personas congregadas para ver el histórico concierto.

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A las 8:15 pm nos bajamos de la guagua con el grupo de extranjeros y latinoamericanos que habían comprado el tour de ida y vuelta a La Habana para ir al concierto. El chofer nos dejó a más de dos cuadras de la ciudad deportiva, en una especie de centro comercial. No había paso. Así que, desde allí, empezaría el recorrido para ver a Jagger, Richards, Woods y Watts tocar.

Las calles estaban repletas. Banderas de Cuba, Canadá, Argentina y otras naciones, ondeaban durante la caminata de 15 minutos previa a la entrada del lugar. Al llegar a la primera puerta, un policía nos detuvo. Nos preguntó si teníamos pase para entrar. Esa puerta era de acceso preferencial para estudiantes de la Universidad de La Habana. Los demás tendríamos que dirigirnos a cualquiera de las otras entradas. Desde ese momento, el grupo se dispersó. Era imposible permanecer juntos.

popo

 

Eran las 8:45 pm. Las siete pantallas que estaban dispuestas al público se apagaron al unísono. Por un instante, se escuchó el sonido de un bajo. Inmediatamente luego, las pantallas nuevamente se iluminaron. Un juego de audiovisuales que mostraban a los distintos músicos de la banda en carros típicos de cuba y en la playa marcaban el inicio del evento.

Un letrero en pantalla que decía “Bienvenidos a La Habana”, le dio paso a la voz de un hombre que anunció: “Ladies and Gentlemen The Rolling Stones”.

Keith Richards con su inconfundible guitarra abrió el show con el tema Jumping Jack Flash. La emoción del público se desbordó en vítores  y silbidos. Un Mick Jagger, que cantaba -trajeado con una chaqueta rosada reluciente- saludaba y bailaba como si fuese 1965, se robó el momento.

Para el tema Paint it Black, la energía había cambiado. Al inicio del concierto, el público se sentía tranquilo. Se notaba que muchos de los jóvenes cubanos no sabían quiénes eran estos personajes que tocaban gratis en La Habana. Después de instaurarse la Revolución cubana, le sucedieron 20 años de bloqueo que les restó la posibilidad de conocerlos. Jagger, en un claro español dijo: “Sabemos que años atrás era difícil escuchar nuestra música, pero aquí estamos tocando para ustedes en su linda tierra. Pienso que los tiempos están cambiando. Es verdad, ¿no?”.

Los británicos siguieron rockeando con 11 temas más. Keith Richards y Ronnie Woods, interpretaron los temas You Got The Silver y Before They Make me Run con la influencia del blues que los caracteriza.

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Start me up, Gimme Shelter, Brown Sugar y Sympathy for the Devil fueron las canciones más coreadas de la noche. Quizás, el momento más emocionante y de mayor belleza sucedió cuando Jagger comentó: “Gracias Cuba, por toda la música que has regalado al mundo”. Dan, un canadiense que nos acompañaba y que había venido expresamente para presenciar el concierto, no salía de su asombro. “¡Qué experiencia tan surreal! ¿Quien iba a pensar que una bandera de los EEUU estaría ondeando en Cuba en un toque de los Rolling Stones?”. La apertura cultural era un hecho.

Casi después de dos horas y media de concierto, se escuchó un silencio ensordecedor. La mayoría pensaba que ya todo había terminado. Un coro de voces, con luces azules se hizo notar con la canción Can’t always get what you want.

Para las 11:00 pm, los acordes de Satisfaction fueron el cierre para el histórico concierto que dio por terminado el tour latinoamericano Olé! de esta legendaria banda británica.

De regreso a la guagua junto con miles de cubanos y extranjeros, todavía eufóricos por el concierto, nos quedó la sensación de que Mick Jagger tiene razón: “Los tiempos en Cuba están cambiando”.

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