De Los Andes al Livia Gouverneur: el desalojo de las utopías

LA HUMANIDAD · 27 JULIO, 2020 14:10

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Danisbel Gómez Morillo


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Por sus habitaciones pasaron españoles, italianos, checos y luego argentinos, chilenos y uruguayos, que huían de dictaduras o que buscaban nuevas formas de vivir la bohemia entre los 60 y los 80, cuando Caracas se fue llenando de extranjeros que la veían como una referencia urbana en la región y Sabana Grande era aquel pasillo en donde confluían los pensamientos de una izquierda intelectual que paseaba sus reflexiones entre cafés y tertulias y que dio lugar a la llamada República del Este.

Luego, desde mediados de los 90, los inquilinos empezaron a ser aquellos que se decían representantes de los buhoneros y de alguna manera controlaban la actividad informal en la zona, o bien porque vivían de los tarantines de Sabana Grande o porque usaban los sótanos y espacios comerciales para guardar mercancía. Poco a poco fue escenario para proxenetas, traficantes de droga y otros males.

En 2003 llegaron los grupos de ocupantes que movían familias de un lugar a otro para tomar un edificio y luego cobrarles alquiler. Estos grupos organizados empezaron a pelear, con armas de por medio, el control y la administración de varios condominios de Caracas, entre los cuales estaba el edificio Los Andes. En 2004, se ordenó un desalojo que terminó en una batalla campal entre invasores, policía y militares.

La alcaldía de Caracas tomó el control de los apartamentos. Con el desalojo y reubicación de los buhoneros, en 2007, fue declarado Bien de Interés Cultural y Patrimonio Cultural de la parroquia el Recreo, según gaceta municipal 2.860.

A partir de allí se empezaron a anunciar nuevos proyectos que intentaban darle vida a viejas utopías: Conectar Sabana Grande con Los Caobos y luego con Bellas Artes, darle vida al complejo Zona Rental y revalorizar un ambicioso plan cultural para Caracas.

Pese a que las grandes obras se paralizaron, en 2010 se le empezó a dar forma a una nueva etapa para el edificio Los Andes, cambiando su estructura interna, y dando paso al proyecto Residencias Estudiantiles Livia Gouverneur, hospedaje para 570 jóvenes de pre-grado bajo un esquema gratuito de beneficio social.

Desde su construcción, los apartamentos de balcones circulares ubicados en la esquina de la calle Abraham Lincoln con la avenida principal de Las Acacias han sido un referente de Sabana Grande y hoy se convierten en una paradoja para Nicolás Maduro: convertirlo en un centro de atención para pacientes de COVID-19, tras una operación que no pudo evitar un nuevo desalojo.

La vieja Calle Real, la calle de la realidad

El edificio Los Andes, diseñado por el arquitecto Manuel Salazar Domínguez y construido en 1949, fue considerada la estructura más sólida de la época: un multifamiliar de 9 plantas con 5 patios de ventilación interna en su parte baja, balcones circulares en las esquinas que daban una ornamentación especial al inicio de aquel bulevard peatonal que se hizo famoso en los 60, según reseña Iván González Viso, en la Guía de Caracas.

Los apartamentos de la llamada Calle Real fueron ocupados inicialmente por familias europeas de clase media, y por ellos desfilaban personalidades de la ciudad. «Hugo Monte, un siciliano procedente de Argentina, tenía allí su taller y proveía el vestuario para obras de teatro y televisión, por lo que no era raro ver desfilar artistas que iban a probarse la ropa que los convertiría en personajes históricos o de carácter. En el apartamento convivían plumas, lentejuelas, pelucas y trajes de todas las épocas y países», reseña el periodista Alberto Veloz en su crónica Sabana Grande: refugio de lo sagrado y lo profano.

Décadas después, el edificio fue albergando a otros extranjeros, esta vez bolivianos, peruanos y ecuatorianos vinculados a quienes controlaban la actividad buhoneril de la zona y que tenían «la administración» de varias edificaciones. A estos se enfrentaron los nuevos ocupantes, que al mando de Rosa Yasmín Zamora, a quien llamaban la Comandante Manuitt, tomaron en 2003 el edificio Los Andes, el Manaure y otros más en Caracas.

Un año después, tras enfrentamientos sangrientos, el entonces alcalde Freddy Bernal ordenó en 2004 el desalojo de 80 familias ocupantes que se encontraban en el Los Andes, una operación en la que participaron la Policía de Caracas, el Cicpc, la Guardia Nacional y hasta la Disip. La comandante Manuitt fue detenida portando una pistola y una granada fragmentaria.

En 2007, con el inicio del Proyecto de Remodelación de Sabana Grande por parte de Pdvsa-La Estancia, el edificio se mantuvo de bajo perfil hasta que en 2010 se expropia y se inicia la remodelación con una inversión de 27 millones 960 mil bolívares, que representó cambios en la estructura interna para dar paso a 13 pisos con 16 habitaciones en cada uno. En febrero de 2013 fue reinaugurado como Residencias Estudiantiles Livia Gouvenet.

En mayo de 2016, el edificio sirvió de escenario para otra batalla, esta vez entre jóvenes opositores que manifestaban en la avenida principal de Las Acacias y que lanzaron piedras a la fachada e ingresaron a la fuerza dejado destrozos en los piso 2 y 3 y en la biblioteca de las residencias.

Lo que muchos de esos jóvenes vivieron esa noche no pensaron repetirlo después, pero ésta vez no en manos de opositores sino del mismo gobierno, que años después usó la fuerza pública para sacarlos de sus habitaciones, tal como ocurrió el pasado 21 de julio.

Nuevamente se desalojan utopías en esta Caracas en cuyas calles aún se habla de izquierdas y derechas.