“Cuídanos, Juan Pablo. Esta partida no la perderemos”, dijeron estudiantes antes de marchar

LA HUMANIDAD · 27 ABRIL, 2017 20:38

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Julett Pineda Sleinan | @JulePineda


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Tenían flores blancas y franelas negras. También cargaban morrales porque solo eran estudiantes, todos finalizando la adolescencia o empezando la adultez. Algunos tenían los ojos más hinchados que otros, unos eran de la Católica, de la Santa María, de la Simón, de la Central o de la Alejandro Humboldt, pero todos se unieron a la Universidad Metropolitana para llorar a Juan Pablo Pernalete como lo que fue: un joven que protestaba por un cambio.

La bandera de la universidad estaba izada a media asta. El sol de casi mediodía era como la represión del pasado miércoles 26 de abril en la autopista: inclemente. Horas antes las fotos de Juan Pablo, de 20 años de edad y estudiante de Contaduría en la Unimet, inundaron las redes sociales. No porque hubiera ganando un partido de baloncesto, sino porque una bomba lacrimógena lo impactó en el pecho y acabó con su vida de golpe.

El samán de la plaza del Rectorado cobijó a muchos con su sombra. Desde los balcones de los pasillos y desde las terrazas de la universidad, más jóvenes observaban en las alturas el adiós al basquetbolista. Las franelas negras no ayudaban a apaciguar el calor, pero el dolor era más fuerte. Solo unas gorras tricolor, una bandera doblada en un bolsillo o unos girasoles desentonaban el luto y ratificaban la lucha.

“Mantendremos la suspensión de actividades y nos volveremos a reunir el martes para ver cuándo podremos reiniciarlas”, dijo el rector de la Unimet, Benjamín Scharifker, tras finalizar la misa en honor al joven. “Los convoco a seguir trabajando como lo hemos venido haciendo, como lo hizo Juan Pablo, por una mejor Venezuela“, en seguida, la plaza del Rectorado estalló en aplausos.

La lucha no era algo nuevo para Juan Pablo. Carteles con tuits del joven, publicados en el año 2014, estaban pegados en las paredes de los edificios del campus; otros estudiantes los llevaron impresos a la marcha que salió desde la Unimet. “Siempre estaba de primero. Él estaba luchando por lo que la mayoría de la gente es indiferente: un mejor país“, indicó Sergio, estudiante de Ingeniería Química y amigo del joven.

“Siempre estaba sonriendo“, esa parece ser la frase que definía a Juan Pablo. Y a George, con quien compartía los entrenamientos y los partidos de basquet, no se le olvida. “Él era el tipo de jugador que salía a motivarnos así estuviéramos perdiendo por 30 puntos”, recordó su compañero de equipo. Pese a que su amigo perdió la vida, él no pierde las ganas de salir a la calle. “Sí da miedo, pero esto nos motiva más a salir”, aseguró.

“Te extrañaremos, Juan. Gracias por lo que hiciste por Venezuela”, dijeron los estudiantes en el acto

Juan Pablo siempre hablaba de la NBA, pertenecía a una organización de rescate de animales y era buena persona, comentaron sus amigos. “Esto demuestra que tu hijo no es uno más”, expresó un estudiante al ver todas las franelas negras congregas bajo el sol. Sus amigos del basquetbol llevaban las camisas del equipo sobre el hombro y le firmaron una pelota que luego ofrecerían durante la misa. “Esta partida la ganaremos“, decía el manuscrito blanco sobre el fondo negro.

No solo los amigos de Juan Pablo lloraron durante la misa. Hernán Hernández trabaja en la biblioteca y asegura nunca haberlo conocido, a pesar de verlo por los pasillos. Aún así, con los ojos vidriosos escuchaba atento las palabras de los amigos del joven. “Yo también soy papá y me imagino a sus padres entrando a la habitación sola. Han pasado muchos muertos y ahora todo esto se nos viene encima”, dijo con la voz quebrada. “Esto no tenía por qué pasarle a nuestra universidad”, dijo. Ni a ninguna otra.

Al finalizar el acto, los estudiantes rodearon de flores la pancarta hecha a mano que decía “Juan Pernalete“. Un santo, una franela de basquet, varias velas y la pelota firmada por sus amigos deportistas terminaron de adornar el homenaje improvisado frente al samán.

Ni las lágrimas ni el sol impidieron que los estudiantes marcharan hasta Altamira, donde Juan Pablo recibió el impacto de la bomba lacrimógena. Más de 10 kilómetros recorrió la manifestación de las franelas negras. Antes de salir, los muchachos se encomendaron a su amigo. “Juan Pablo, tú que estás allá arriba, cuídanos. Esta partida no la vamos a perder”, expresó Samuel Díaz, presidente del centro de estudiantes de la Unimet, antes de que arrancara la movilización este jueves 27 de abril.