Claves para proteger a la familia venezolana en tiempos de crisis

LA HUMANIDAD · 28 ABRIL, 2017 22:37

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Cecilia Dávila Dugarte


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En los últimos cuatro años la crisis económica social de Venezuela ha alcanzado niveles que indujeron cambios drásticos y sustanciales en la rutina y con ello en la dinámica de vida de la familia venezolana, desde la forma en que se disfruta el ocio y la recreación, hasta las horas de comida y cantidad de la misma, pasando por cómo afrontar la educación de los hijos así como los métodos para conseguir alimentos y medicamentos.

Se define familia como un grupo de personas que se unen para amarse, protegerse, quererse y cuidarse. Esto deja la consanguinidad a un lado y da la oportunidad a aquellos que crecen en familias disfuncionales de separarse sin tanta culpa, da la oportunidad de que quienes están lejos de su familia se sientan seguros creando una nueva con las personas a quienes aman y están cerca, y al mismo tiempo se entiende lo que es amar, cuidar, proteger y querer.

Este concepto está cada vez más empobrecido en la familia venezolana. Es común escuchar a pacientes, cuando se les pregunta por qué ante la adversidad no piden ayuda a la familia, responder: “Usted sabe, doctora, cada quién tiene su vida”. Claro que cada quien tiene su vida, pero cada uno forma parte de la vida del otro. Pareciera que la familia para el venezolano es ese grupo con el que se saca fotografías en Navidad y en el Día de la Madre.

Lo cierto es que en el contexto actual, donde el afuera no nos brinda seguridad, es urgente rescatar y cuidar lo más íntimo de nuestras vidas y la familia juega un papel primordial.

1.- Espantando el Desamparo. El desamparo es un sentimiento de abandono profundo en el que la persona siente que ha perdido la compañía y protección de los demás; no es soledad, es la seguridad de que no recibirás ayuda ni contención de nadie. Es uno de los peores estados emocionales con consecuencias desastrosas, es resultado de la ruptura de vínculos y la ausencia de canales de comunicación efectivos. Es contra esto que se debe luchar. Llama a tus seres queridos, conversa con ellos, comparte sus gustos, bríndales tu ayuda, hazles saber que tú estás presente, te interesan y te preocupas por ellos; visítalos, crea y comparte con ellos planes de contingencia, construye con tus seres queridos formas en las que se puedan ayudar unos a otros, una forma de sentirse más seguros. Cambia el “hacer por” al “hacer con”.

2.- Restablecer la rutina. Hoy los pacientes se quejan del desorden en el que viven cada día, de la incertidumbre, de tener que aferrarse al nefasto “como vaya viniendo vamos viendo”. Este caos debemos vencerlo obligándolo a convivir con nuestro orden, con nuestra rutina. Cada familia necesita sus rutinas para poder organizarse la vida, evitar la anarquía que supondría que cada miembro que la conforma hiciera lo que quisiera cuando le viniera en gana. Sentarse a la mesa a comer, revisar las tareas de los niños, establecer tareas domésticas para cada integrante de la familia, crear hábitos en los niños y adolescentes, mantener una rutina a la hora de acostarse; esas pequeñas cosas te dan sensación de seguridad, necesaria en medio de la situación actual.

3.- Hogar dulce Hogar. Se conoce como trabajo reproductivo a las atenciones y cuidados necesarios para el sostenimiento de la vida y la supervivencia humana: alimentación, salud, educación, apoyo afectivo, entre otros. El trabajo reproductivo hace referencia al trabajo destinado a satisfacer las necesidades de la familia, el escenario fundamental para su desarrollo es el hogar. Ese hogar se ve afectado cuando uno de los integrantes de la familia o incluso la familia entera está bajo una crisis. El desorden está asociado, regularmente, a depresión, ansiedad o déficit de atención; la casa se transforma en un sitio desordenado y lúgubre que no brinda cobijo y lo más peligroso es que sus habitantes no lo concientizan pero hacen todo lo posible por “no llegar a casa”: prolongación de jornadas laborales, pasar primero por casa de un familiar, quedarse en casa de los amigos, el común “cuando salgo no quiero llegar”; quienes corren mayor peligro son los adolescentes que verán en cualquier situación “callejera” una forma de no regresar exponiéndose a múltiples amenazas. Aunque parezca superficial, mantener la casa limpia y ordenada brinda un lugar de refugio y un espacio dónde sentirse seguro y cuidado cuando el afuera es una amenaza, es por ello que deben mantenerse rutinas de limpieza, de orden y de organización dentro del hogar:

4.- Construye fuentes de disfrute. En los últimos años pareciera que las fuentes de malestar no dejan de emanar aflicción y las fuentes de disfrute parece que estuvieran secándose. Es imperioso rescatar e incluso construir fuentes de disfrute, para ello hay que prepararse con entereza para disfrutar, abrirse al goce, estar en disposición de divertirse y de sentir placer. No tiene que ver con el gasto en dinero que destines para ello. Hace poco un paciente de 75 años me refería que provenía de un estrato social muy muy bajo, pero que su infancia fue muy feliz, me contaba como en Falcón “en época de mariposas, salía con una rama seca a cazar mariposas, pasaba toda la tarde correteando mariposas”. La felicidad que había en sus ojos era envidiable. Una rama y unas mariposas fueron fuente de felicidad en una infancia de precariedad económica. Hoy en día nos encandilamos y no vemos más allá de la luz del reflector, hay que desviar la mirada un poco, no mirar la luz de frente, y buscar la manera de divertirse: juegos de mesa en familia, salir al parque, montar un cine en casa, bailar, conocer y compartir la música que escucha tu hijo (tarde musical), leer en familia. Sólo aprende a ser feliz.

5.- Rituales y tradiciones como un espacio de encuentro familiar. Según un artículo publicado por IESE Business School: “Las tradiciones en las familias son una manera de transmitir valores, creencias, costumbres y saberes de generación en generación… contribuyen a fortalecer el orgullo de pertenencia, facilitan la creación de un buen clima familiar”. Las tradiciones son una comunicación simbólica entre los integrantes de una familia, define los roles y las funciones, creando una identidad, un sentido en cada integrante en relación al grupo familiar. Los rituales son esos pequeños actos que construirán la tradición. La sociedad nos muestra ciertas tradiciones y las familias las absorben, a veces sin detenerse a pensar que significan, pero cada familia en particular puede y debe crear sus propias tradiciones: las parrilladas con recetas propias, los rosarios en familia, los cumpleaños con tortas hechas en casa, los desayunos de domingo con los abuelos. Cada familia debe crear su propia tradición y así su identidad.

6.- Abrirse al afuera y crear redes de apoyo social. Las redes de apoyo social son el conjunto de lazos o vínculos con los que interactúa la familia dentro de la comunidad, pueden provenir de amigos o allegados, compañeros de trabajo, vecinos, compañeros espirituales, entre otros. El apoyo social es un componente fundamental para el bienestar de la familia y para la integración social del individuo. Estas redes de apoyo hace sentir al individuo estimado y valorado, seguro de que recibirá ayuda y al mismo tiempo él también la brindará. Así que salga y haga amigos.

Por último no olvidemos disfrutar la vida juntos, ayudarnos los unos a los otros y poder reproducir esperanza y fuerzas para afrontar la realidad.