La poca comida que logró vender Delmar Conde en su local en Chacao la preparó entre las 8:00 am y las 9:00 am. Después de esa hora, no pudo reponer las vitrinas de dulces o empanadas porque se fue la luz en casi toda la capital. “Paramos nuestra producción porque todo es eléctrico. Desde la cocina hasta la freídora”, explicó uno de los socios de la pastelería Dulces Daviley.

Normalmente, la pastelería baja su santamaría a las 4:00 pm, pero este 31 de julio Conde adelantó la hora de cierre. “Pronto nos quedaremos sin punto y, después de que eso pase, nos vamos a quedar sin vender“, lamentó.

Las fallas en la señal telefónica también le “pasaron factura” a las ventas de Dulces Daviley. Problemas en la línea y en la conexión con algunos bancos le restaron clientes a la jornada de este martes, 31 de julio.

Sin embargo, perder las ventas ya no es lo que más le preocupa a Conde. “Ya el problema no es si se va la luz, sino qué equipo se va a dañar cuando regrese”, dijo. La última vez que hubo una falla eléctrica en el local, se dañó una de las neveras. Desde hace meses no ha podido repararla por los altos costos de los repuestos.

“El compresor para la nevera me sale en 300 millones de bolívares. No tenemos para pagar eso. Lo que estamos haciendo es tratar de subsistir”, expresó.

El día a día de Conde no fue el único que se vio trastocado por el apagón que se registró en zonas de Caracas, Miranda y Vargas este martes. También el de Esteban Sanz, quien se movilizó desde Petare hasta Chacao para poder cobrar su pensión.

“Las horas que hemos estado sin luz son las de mayor venta”, indicó Conde

“Hoy venía a terminar de cobrar lo que me debían, pero ya no me toca nada. Con la luz no hay quien pueda”, afirmó el pensionado. El apagón que, según Corpoelec dejó a 80% de Caracas sin luz, inició cinco minutos después de que Sanz llegara al Banco Fondo Común de la avenida Francisco de Miranda. Estuvo tres horas en cola a la espera de que se restableciera el servicio.

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Mireya tampoco pudo hacer las diligencias que le tocaban este último día de julio. “Vine al supermercado a ver qué conseguía hoy pero, cuando estaba en la cola, se fue la luz”, dijo. “Ahora voy a esperar a que regrese. No para comprar, sino para que abran el metro y me pueda ir a mi casa”, agregó.

Tras la falla eléctrica que se presentó cerca de las 9:00 am, las estaciones del Metro de Caracas dejaron de prestar servicio comercial. La crisis de transporte y la escasez de unidades también dificultó el traslado terrestre de los caraqueños.

Así le ocurrió a Gleny Sepúlveda, quien llegó al Bancaribe del centro Lido, en El Rosal, para sacar el efectivo que necesita para pagar la camionetica. “No tengo nada de dinero encima y debo esperar a que regrese la luz para poder sacar algo. Si no llega, pues tendré que irme a mi casa en la Cota 905 a pie”, dijo.

Más de uno se mantuvo a la espera de que se restableciera el servicio eléctrico para poder usar el metro

Clínicas y restaurantes afectados por igual

A partir de las 10:00 am el servicio eléctrico fue restablecido de forma progresiva en algunas zonas de Caracas, mientras que en otras como la parte alta de Los Palos Grandes el apagón se extendió hasta cerca de las 12:30 del día y media hora luego quedó otra vez sin luz hasta aproximadamente las 3:00 pm.

La Candelaria, en el municipio Libertador, fue uno de los sectores que pasó menos tiempo sin luz. Sin embargo, la falta de energía eléctrica hizo que más de un local perdiera clientes.

“Estuvimos como 40 minutos a oscuras y luego llegó. Durante el tiempo del apagón no pudimos atender clientes porque no teníamos señal en los puntos de venta. Solo una persona tenía efectivo para poder comprar su desayuno”, relató Johavanelly Guevera, encargada de Tostadas El Batacazo, una arepera en La Candelaria.

En la morgue de Bello Monte, el Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses (Senamecf) tampoco pudo brindar atención. Una joven fue a solicitar información sobre un familiar desaparecido, pero no pudo recibirla por falta de sistema computarizado. Al menos tres familiares de fallecidos se encontraban en el sitio a la espera del retorno de la electricidad para continuar el trámite sobre sus difuntos.

Las clínicas privadas, como Sanatrix o La Floresta, respondieron al apagón con sus plantas eléctricas. Sin embargo, los pasillos de la Clínica El Ávila, en Altamira, se quedaron a oscuras. Los médicos tuvieron que suspender las consultas hasta tanto la planta del centro de salud pudiera abastecer a distintas alas.

“Las plantas solo están funcionando para los quirófanos“, afirmó la familiar de un paciente.

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